Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

El gran pez (Big Fish)

big-fish-01Por Montgomery Guillaume Frankenheimer van der Beck

En las manos de cada ser humano está la posibilidad de regir su destino y en su corazón, el empuje para lograrlo. No cabe duda que cada cual obtiene en esta vida lo que se merece, para bien o para mal, y aun cuando existen personas que gozan de un reconocimiento popular pocas veces merecido, otros se esfuerzan simplemente por llevar la vida que prefieren, alcanzando sus sueños para dejar de ellos algo que trascienda, aun cuando sólo se trate de un buen recuerdo.

Así es justamente como Ed Bloom pasó su vida, aunque poca gente lo sabe, o mejor dicho, poca gente lo cree, en especial su hijo Will, quien ya entrado en los treinta años atraviesa por una crisis que le lleva a cuestionar sobre la figura paterna, una presencia siempre dispersa, cuando no ausente. La falta de cercanía entre padre e hijo se ha agravado tras la boda de Will hasta el punto de retirarse la palabra, situación que cambiará en el momento que Ed cae enfermo y su salud se extingue a cada día. Durante el tiempo en que Will y su esposa regresan a la casa paterna, éste habrá de descubrir quien es en realidad Ed Bloom y junto con él lo habremos de descubrir nosotros.

Tim Burton busca -después del brutal descalabro que supuso en su carrera el absurdo remake de El planeta de los simios- retomar el estilo que lo ha hecho uno de los cineastas más respetados de los últimos años, siempre con un estilo que se mueve por los caminos del cine fantástico. Ahora, con El gran pez, podemos decir que lo logra con creces.

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La historia se presenta contada a manera de un cuento de hadas entretejido con la realidad de los personajes, donde unos y otros se mueven en medio de ambos mundos acompañando al personaje narrador, que es el de Ed Bloom en dos distintos tiempos.

En el momento presente vemos la vida “real” de Ed (encarnado por Albert Finney) y las breves charlas con su hijo y su nuera, a quienes gusta de contar innumerables veces la anécdota que ha marcado su vida, la que se refiere a un gran pez casi mítico, temido y respetado por toda la comarca y que él se atrevió a capturar sólo para dejarlo libre nuevamente.

Esa libertad es la que le lleva a cambiar su vida y emprender un viaje para encontrarse a sí mismo y convertirse en un hombre completo, historias que se narran con una estética preciosista para dar el mayor tono posible al onirismo de cada viñeta, donde Ed (ahora Ewan McGregor) se encuentra con gigantes, enanos, siamesas japonesas, poetas ágrafos y brujas, situaciones fantásticas donde mejor se desenvuelve y reconoce el talento creativo de Burton, haciendo incluso referencias explícitas a Edward Scissorshands, Pee-wee, y hasta Jack Skellington, todos producto de su imaginación.

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Así, Ed Bloom narra sus viajes por villas de ensueño, por lúgubres bosques, circos y hasta por la Segunda Guerra Mundial, pero siempre desde un lado amable, conciliador y amoroso, “cuentos chinos” que enternecen hoy día a su nuera, pero que su hijo casi desprecia por tratarse de fábulas para niños.

Pero el que busca encuentra, y Will Bloom habrá de descubrir la verdad cuando reconstruya él mismo la vida de su padre, sólo para darse cuenta de que todo lo que ha contado es cierto, lo único que ha cambiado es la perspectiva de cómo se enfrente la vida. En tanto que él es un joven modernizado presa del tiempo y el trabajo, su capacidad de soñar se ha esfumado y ese es el verdadero motivo de su naciente amargura, y la incredulidad hacia su padre no es más que una escondida envidia, por que aquél, aun en su lecho de muerte, mantiene una capacidad de sorpresa y de amor insuperable.

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El amor ha sido la clave en la vida de Ed. El inconmensurable amor a su esposa Sandra -la mujer con la que decidió casarse al apenas verla y que cortejó hasta lograrlo-, el amor a sí mismo que lo llevó a ser el hombre ejemplar de su pueblo, el amor a la vida misma y la buena cara ante sus circunstancias. A través de los ojos del que ama, la vida es más soportable. Un vaso medio lleno o medio vacío. Una vida azarosa, sí, pero jamás de penurias, nunca renegando de ella.

La vida es, finalmente, del color con que uno mismo quiera pintarla cada día, por el resto de los días.

EL GRAN PEZ
(Big Fish)

Dirección: Tim Burton; Guión: John August, basado en la novela Big Fish: A Novel of Mythic Proportions, de Daniel Wallace; Producción: Bruce Cohen, Dan Jinks, Richard D. Zanuck; Fotografía: Philippe Rousselot; Música: Danny Elfman; Edición: Chris Lebenzon; Con: Ewan McGregor (Ed Bloom, joven), Albert Finney (Ed Bloom, mayor), Billy Crudup (Will Bloom), Jessica Lange (Sandra Bloom, mayor), Alison Lohman (Sandra Bloom, joven), Helena Bonham-Carter (Jenny / La bruja), Steve Buscemi (Norther Winslow), Danny DeVito (Amos Calloway), Matthew McGrory (Karl), Ada Tai (Ping), Arlene Tai (Jing)

Estados Unidos, 2003, 125 min.
Participaciones: Nominación al Premio Óscar a Mejor Música Original, Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Hollywood, Estados Unidos 2004; Nominación a los Premios BAFTA a Mejor Película, Mejor Guión Adaptado, Mejor Actor de Reparto (A. Finney), Mejor Maquillaje, Mejor Diseño de Producción, Mejores Efectos Especiales y Nominación al Premio David Lean a Mejor Director, Academia Británica de Cine y Televisión, Gran Bretaña 2004; Nominación a los Premios Globos de Oro a Mejor Película Musical o Comedia, Mejor Música Original, Mejor Canción Original y Mejor Actor de Reparto (A. Finney). Academia de Prensa Extranjera de Hollywood, Estados Unidos

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