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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Terciopelo azul (Blue Velvet)

Por: Alfonso Reyes Santa Anna

Un viaje hacia lo increíblemente desconocido, aquello que habita cotidianamente justo al lado de nosotros, de forma perenne, inadvertida y sigilosa, que siempre ha estado presente en nuestro entorno, pero de cuya existencia no nos habíamos percatado hasta el aciago día en que los vértices de nuestros mundos se tocan, y pasamos de una realidad conocida a otra sorpresivamente ignorada, donde las reglas del juego cambian y nos sentimos atrapados en un mundo de pesadilla, pero que en la mayoría de los casos podemos abandonar a voluntad. Mas lo aterrador de esta dualidad es que los seres y acciones de ese mundo colateral pueden perseguirnos a nuestro cómodo universo y entonces ya nada, absolutamente nada será igual. Esa es la premisa ideológica de Terciopelo Azul (Blue Velvet), la obra cinematográfica que elevó a David Lynch al categórico nicho de cine de autor. Basta ver algunas de sus obras posteriores, tales como: Salvaje de Corazón (Wild At Heart), Por el Lado Oscuro del Camino (Lost Highway) y Sueños, Mentiras y Secretos (Mulholland Drive) para encontrar contundentes constantes de estilo con la magnífica Terciopelo Azul, siendo las principales el iluminar y tomar en close-up los nombres de ciertas calles, las tomas cerradas de una carretera iluminada por los haces de luz de un automóvil, los colores que tan bien enmarcan los ambientes surrealistas, la distorsión de la realidad al jugar con la introducción, desaparición o cambio de personas mas no de personajes en los mundos coexistentes de su filmografía.

blue-velvet-1Terciopelo Azul no es una obra particularmente difícil de entender, tampoco es fácil de asimilar porque no brinda concesiones a las cándidas conciencias, pero sí es lo suficientemente bizarra para mantener la atención del espectador común hasta el final, despertando el morbo que todos traemos pero pocos aceptamos. La cinta abre con imágenes arquetípicas del cine hollywoodense de los 50′s donde todo es felicidad y los problemas se ocultan, -existen pero son acallados y jamás contados, recuerde la incomprendida cinta Lejos del Cielo (Far From Heaven, de Todd Haynes)-, con una toma de una cerca de picos de madera blanca, con algunas flores llamativas en su base y un esplendoroso cielo azul de marco panorámico, para pasar a la toma de un camión de bomberos circulando por un suburbio del idílico modo de vida americano, para después situarnos en una toma de un hombre maduro, de esos de comercial de TV con porte solvente y gozo evidente por su estilo de vida, regando con manguera su no menos esplendoroso jardín, quien sin previo aviso y en medio de toda esa armonía visual, padece de un infarto fulminante que lo hace caer muerto al césped, de ahí pasamos a tomas entre la hierba y el césped para adentrarnos en él y descubrir a unos insectos devorando a su presa. Esto es solo el principio pero establece de forma clara la relación física y visual entre los mundos conocidos y desconocidos que coexisten armónicamente en la vasta textura temática de Terciopelo Azul.

A partir de ahí la trama se desenvuelve, autoría de David Lynch, hacia el muchacho felizmente próspero: Jeffrey Beaumont, interpretado por Kyle MacLachlan que inesperadamente va de visita al pequeño pueblo donde la sensualidad del terciopelo azul lo habrá de atrapar, primero con el azaroso descubrimiento de una oreja cercenada y tirada en un lote baldío, cuya investigación lo conducirá a conocer a la portadora del mítico terciopelo azul, Dorothy Vallens, una sufrida mujer en desgracia, cantante de cabaret y amante de ocasión, papel a cargo de Isabella Rosellini – una mórbida femme fatale- de quien quedará prendado y ambos serán atormentados por el siniestro personaje del sádico Frank Booth, interpretado genialmente por Dennis Hopper, para finalmente ser redimidos por la siempre dulce Sandy Williams -all american girl-, interpretada por Laura Dern, interés romántico de nuestro héroe americano. La historia literalmente puede parecer simple pero en términos de la muy particular narrativa visual de David Lynch no lo es, pues se torna compleja, retadora y amenazante; ofrece momentos cinematográficos únicos por la sui géneris composición fotográfica, pues Lynch al haber sido pintor y conocedor de las artes plásticas tiene el conocimiento y la vena artística para añadir insólitas texturas a sus escenas, revistiéndolas de detalles que no pasarán desapercibidos para los conocedores de diseño artístico; pero aún más importante es que dicha riqueza visual hipnotiza de alguna manera al espectador no entrenado en artes visuales, tal vez por lo extraño de su contexto o por las formas surrealistas que sutilmente abriga.

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Agregue el valor artístico del diseño de producción a un manejo formidable de actores, cada uno perfecto para el rol que desempeña, sin que esto los valide como histriones en otros films pero que en el casting de Lynch son imprescindibles, el desarrollo de un guión propio, subjetivo y nada convencional, las extrañas atmósferas enmarcadas por las tomas y ángulos de cámara, el mordaz gusto por el surrealismo, la muy particular selección musical incluyendo los intrigantes ruidos ambientales, la eterna convivencia de mundos paralelos y los personajes atormentados que buscan ser salvados. En este ecléctico cóctel tiene usted la esencia pura del cine de David Lynch y que en Terciopelo Azul tiene una digna representante de su elocuente estilo fílmico, logrando una obra maestra en la cinematografía americana, que si bien en un principio no fue acogida por el gran público, con el paso del tiempo ha sido revalorada y ha logrado entrar en los estándares de un sector más amplio de la audiencia.

Es necesario desligar el film de Lynch de la pesada etiqueta de que es cine para pensar, no para divertirse. Curiosamente el Sr. Lynch no desea que pensemos, tan solo que nos dejemos atrapar al igual que sus personajes en sus intrincados pasajes a mundos paralelos. Y dejándose llevar probablemente nos divirtamos con el ácido humor de este cineasta. Por citar un ejemplo, en Terciopelo Azul cuando los personajes llegan a un burdel pueblerino, vemos que las cortesanas son gordas, viejas y serias; hasta la muñeca que está en el recibidor lo es, sin embargo se dirigen a ellas con toda propiedad. Ese tipo de humor que ridiculiza la realidad a cambio de un universo alterno es típico de David Lynch, pues en cualquier sitio de cortesanas éstas serán siempre tratadas con todo menos con propiedad. Por otra parte el cine de Lynch recuerda un poco al de Federico Fellini, al recrear universos oníricos y surrealistas, el magistral uso del color en decorados, personajes que son recuerdos de su infancia y un humor muy particular de cada cineasta. Su punto en común, tienen una filmografía ciertamente divertida, no son tremendamente serios como otros grandes directores de cine de autor. Lynch juega un poco con el humor por lo bizarro de sus temas y Fellini por los excesos de la conducta humana. Y tanto lo bizarro como los excesos provocan una especie de humor bufón, cuando se les ve a la distancia más no cuando se vive en ellos.

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Terciopelo Azul en su estreno, significó para David Lynch su reivindicación como director pues arrastraba el fracaso de crítica y taquilla de Dunas, cinta hecha por encargo. Para Norteamérica significó contar con un prestigiado director de cine de arte en sus filas y con una cinta que fue precursora de muchas que ahora pretenden descubrir la capa interior de las personas y de la sociedad que alberga los secretos y las reales vivencias de dichos seres. Lynch ha sido visionario y ha marcado la pauta para algunos otros cineastas interesados en la dualidad de las cosas, en los mundos que coexisten, en lo desconocido dentro de lo conocido. Así que voltee a su alrededor, mire detenidamente a su entorno, observe los pequeños detalles pero mantenga firmes los pies sobre el mundo que conoce -o más bien pretendía conocer- porque después de ver Terciopelo Azul su percepción del entorno será con suerte ampliada y verá las cosas de un modo diferente.

TERCIOPELO AZUL
(Blue Velvet)
Dirección y Guión: David Lynch; Producción: Fred Caruso; Fotografía: Frederick Elmes; Música: Angelo Badalamenti; Edición: Duwayne Dunham; Elenco: Isabella Rossellini (Dorothy Vallens), Kyle MacLachlan (Jeffrey Beaumont), Dennis Hopper (Frank Booth), Laura Dern (Sandy Williams), Hope Lange (Sra. Williams), Dean Stockwell (Ben).
Estados Unidos, 1986, 120 min.
Participaciones: Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, EE.UU., 1986 (Davud Lynch, nominado como mejor director); Festival de Cine Fantástico de Avoriaz, 1987 (David Lynch, mejor director); Festival Internacional de Cine de Cataluña, España, 1986 (David Lynch, mejor director, Frederick Elmes, mejor fotografía); Festival Internacional de Cine de Flandes, 1987 (Premio Joseph Plateau a la mejor película extranjera); Golden Globes, EE.UU., 1987 (David Lynch, nominado por el mejor guión, Dennis Hopper, nominado como mejor actor de reparto); Premios Independent Spirit, 1987 (Isabella Rossellini, mejor actriz protagónica, Frederick Elmes, nominado por la mejor fotografía, David Lynch, nominado como mejor director, Fred Caruso, nominado por el mejor largometraje, Laura Dern, nominada como mejor actriz protagónica, Dennis Hopper, nominado como mejor actor protagónico, David Lynch, nominado por el mejor guión); Festival de Cine de Montreal, Canadá, 1986 (Dennis Hopper, mejor actor); Writers Guild of America, EE.UU., 1987 (David Lynch, nominado por el mejor guión).

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1 Comment

  1. Lynch aun es pintor..