Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Río Místico

Por: César Amador

Hark, escucha el llanto de los marineros
huele el mar y siente el cielo
Deja a tu alma y espíritu volar hacia el Místico.
Y cuando suene esa pipeta, llegaré a casa

- Van Morrison, “Into The Mystic”

Entierras tus pecados y lavas tus manos en el agua del río. De esa manera esperas que los lobos y vampiros desaparezcan y que en tu mente no habiten más las imágenes de aquel frío y solitario sótano. Así también esperas que la corriente del río se lleve los crímenes cometidos por tus propias manos, manos que quieres limpiar con una pensión vitalicia a la viuda de una de tus víctimas. Entierras tus pecados y lavas tus manos en el agua del río, pero cuando contestas el teléfono sólo te responde el silencio. Entierras tus pecados y te cubres, no con la espalda del Rey, sino con el pecho de sus guerreros. Entierras tus pecados pero los ojos del hijo de tu marido muerto lo buscan a él y no a ti. Enterramos nuestros pecados y nos lavamos nuestras manos, pero algo siempre queda, algo siempre se queja.

Río Místico (Mystic River, EUA-2003), el más reciente trabajo de Clint Eastwood como director, es uno de los más contundentes y originales discursos sobre la violencia que se han presentado en el cine estadounidense reciente. Perfecta pieza dramática y limpia narración coral, Río Místico es tal vez la más refinada cinta que Eastwood ha realizado hasta el momento, por encima incluso de la dolorosamente bella Bird, de la capitulación western de Los Imperdonables, del fresco romántico postmenopáusico de perfecto timing narrativo Los Puentes de Madison e incluso superior a su alegoría de la inutilidad de la ley organizada de El Fugitivo Josey Wales. Sin arrebatos de director presuntuoso ni labertínticas tramas narrativas, Eastwood nos muestra (jamás nos adentra en) el desmoronamiento de una sociedad (representada aquí por apenas un puñado de familias) debido a su falta de control ante el sentimiento de venganza, a su imposibilidad de actuar ante el miedo y por preferir la rendición (anímica) a la confrontación de la realidad.

Jimmy y Sean son testigos del secuestro de Dave, su amigo del vecindario, pero deciden no hacer nada. Paralizados por el miedo a la autoridad (uno de los secuestradores se presenta como policía y el otro como sacerdote), sólo atinan a ver a su amigo partir en el asiento trasero del auto. Dave regresará después de cuatro días de infernal encierro, durante los cuales sufrió continuas violaciones. “Lo que sufrió es para volver loco a cualquiera”, dice una voz anónima del barrio cuando Dave regresa a su casa y los vecinos se aglomeran para saber qué sucedió con el chico. Abajo, del otro lado de la calle, incapaces siquiera de acercarse a la casa, Jimmy y Sean observan a un distante Dave quien los mira desde el otro lado de la ventana de su cuarto.

Tal vez el adjetivo que mejor defina a Río Místico es “sutil”. Hay sutileza en la realización de Eastwood (la escena cuando los niños escriben sus nombres en el pavimento, el presentar a Dave adulto inmediatamente después de su escape de los secuestradores, cuando se le informa a Jimmy que Dave es el asesino de su hija), sutileza en la conducción musical -del propio Eastwood, por cierto- (toda la introducción se presenta sin score musical, mientras que durante el establecimiento del conflicto, con la cámara volando por encima del barrio de Boston y posándose como ave de mal agüero en tiera cuando hay que dar las malas noticias, impera una música que anticipa la peor de las tragedias), sutileza en la perfecta fotografía de Tom Stern (un Boston siempre a punto de ser sorprendido por la lluvia, donde los tonos visuales son similares, no importa si es día o noche), sutileza en todas las actuaciones principales (un Sean Penn que actúa con los hombros, la nuca, la quijada, más que con los ojos y la boca; un Tim Robbins contenido con expresión de niño asustado; un Kevin Bacon que brilla cuando debe hacerlo y que al final es la más clara imagen del filme; una Laura Linney que surge como hiena reina después de haber mantenido una actitud de desamparada presa durante todo el filme; una torturada Marcia Gay-Harden que brinda tal vez la mejor interpretación histriónica del filme cuando acusa a su marido y los sorprendentes hermanos Harris, interpretados por Tom Guiry y Spencer Treat Clark, quienes llevan a cuestas la narración del thriller dentro de la película), sutileza en la edición del veterano Joel Cox (la secuencia paralela de la rendición de Dave y la confesión del hermano menor Harris, el descubrimiento del cadáver de la hija de Jimmy, pero sobre todo, esa magistral edición de la secuencia final en el desfile), sutileza en la gerencia de producción de Henry Bumstead (los personajes siempre están en primer plano, con la escenografía como marco; la inmensa boca negra del Río Místico en la secuencia de la rendición de Dave; el colorido falsamente alegre del desfile, contrastando con lo grisáceo de los personajes) y la sutileza de Deborah Hopper para el vestuario de todos los personajes.

Río Místico es un filme que se lee en su conjunto, pero que se disfruta a través de sus partes. A diferencia de la discapacidad narrativa de 21 Gramos (González Iñárritu, 2003) y del tremendismo moral de Irreversible (Gaspar Noé, 2003), ambos filmes que tuvieron que echar mano de una narración no convencional para poder elevar el sentido de sus historias, Río Místico es contada de la manera más académicamente convencional posible, pero también a diferencia de los dos directores antes mencionados, Eastwood sabe perfectamente dónde está el verdadero conflicto de la trama, por lo que no pierde el tiempo en tratar de mostrar un movimiento que impresione al espectador ni busca la secuencia de lucimiento para los actores. Eastwood, de manera muy similar a lo realizado por Chabrol en su filme del 2001, En el Corazón de la Mentira y por Ray Lawrence en Lantana: Parejas en Conflicto, filme del mismo año, se encarga de simplemente mostrarnos (con una magistral dirección, eso sí) una serie de sucesos, evitando siempre que entremos en el drama de los personajes, lo que nos convierte no en jueces, sino en reflejo de lo que sucede en la pantalla. Así, toda la fuerza dramática contenida a lo largo del filme se suelta en esa magistral secuencia final donde confluyen todos los personajes. Todos, menos uno, Dave, quien dejó de existir en la trama pero se convierte en la más fuerte presencia de la historia, ya que no es solamente su hijo quien lo busca, sino también nosotros, en un último y desesperado esfuerzo por tratar de convencernos de que lo que acabamos de ver no es la realidad, sino solamente una película. Pero la realidad impera, aunque sólo sea sutílmente.

RÍO MÍSTICO
(Mystic River)
Dirección: Clint Eastwood; Guión: Robert Zemeckis, Bob Gale; Producción: Neil Canton, Bob Gale; Fotografía: Dean Cundey; Música: Alan Silvestri; Edición: Harry Keramidas, Arthur Schmidt; Con: Sean Penn (Jimmy Markum), Tim Robbins (Dave Boyle), Kevin Bacon (Lorraine Baines McFly), Crispin Glover (George McFly), Thomas F. Wilson (Biff Tannen), Elisabeth Shue (Jennifer Parker), James Tolkan (Mr. Strickland)
Estados Unidos, 1988, 108 min.
Participaciones: Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos, 1990 (Ken Ralston, Michael Lantieri, John Bell, Steve Gawley, nominados por los mejores efectos visuales); Academy of Sciencie Fiction, Fantasy and Horror Films, EE.UU., 1991 (Ken Ralston, Premio Saturn a los mejores efectos especiales); Premios Golden Screen, Alemania, 1990)

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