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Perdidos en Tokio, Atrapados en Ultramemia

Por: Marco González Ambriz

Hollywood ha explotado a tal grado la fórmula de la comedia romántica que casi es una afrenta decir que el segundo largometraje de Sofia Coppola pertenece a este género. Mientras que las películas estelarizadas por Meg Ryan, Sandra Bullock y Reese Witherspoon aplican a rajatabla dicha fórmula, que consiste en encuentros improbables, personajes vacíos, chistes sin gracia y melcocha por doquier, Perdidos en Tokio goza de una naturalidad a un tiempo divertida y conmovedora.

La sinopsis nos hace temer lo peor: uno de esos grotescos himnos a la gerontofilia donde Jack Nicholson enamora a una chica que podría ser su nieta. Por el contrario, el encuentro sentimental entre Bob Harris (Bill Murray), un actor en decadencia que acepta filmar comerciales de whisky en Japón por una millonada, y la veinteañera Charlotte (Scarlett Johansson), filósofa egresada de Yale que se traslada a Tokio para estar al lado de su marido, está narrado con delicadeza, cualidad que Hollywood ha relegado al baúl de los recuerdos.

Más que un romance, lo que vemos es la complicidad entre dos personas que se sienten excluidas por sus respectivas parejas y que no encuentran asilo en un Japón que les resulta incomprensible. A lo largo de la película vemos a Bob y a Charlotte paseando por la capital nipona, deslumbrados por el despliegue publicitario de Shibuya, aturdidos por el estruendo de los videojuegos y los locales de pachinko, sorprendidos ante los despreocupados consumidores de hentai en el metro y estupefactos ante los delirantes programas de la televisión nipona.

El hotel que comparten está habitado por otros occidentales con los que también les es imposible comunicarse. Ya sean alemanes conversando en su idioma, ejecutivos en viaje de negocios, hip-hoperos lelos o cazadores de autógrafos, todos son tan ajenos a los protagonistas como los mismos japoneses.

La síntesis de todo lo antes mencionado es la actricita Kelly (Anna Faris), una güerita lobotomizada que parece un clon de Britney Spears y que se encuentra en Tokio para promocionar su más reciente cinta, Midnight Velocity, donde comparte créditos con el primer actor Keanu Reeves. Kelly no sólo se hospeda en el mismo sitio que Charlotte y su marido John (Giovanni Ribisi), un fotógrafo especializado en el mundo de la farándula, sino que invita a este último al bar del hotel para charlar sobre sus vivencias, todas ellas intensas y profundas, como podrán ustedes imaginarse.

Es precisamente en una de estas tertulias que Charlotte, harta de la memez de sus compatriotas, decide acercarse a Bob, quien ha decidido refugiarse en el bar hasta que llegue el momento de regresar a Los Angeles, donde lo esperan su esposa e hijos. De inmediato Bob y Charlotte descubren que tienen algo en común: el uso de la ironía como defensa frente a la estulticia de sus coterráneos. A partir de ese momento nace una amistad que les sirve a estos dos expatriados para olvidar el hastío de sus respectivos matrimonios.

Si Perdidos en Tokio fuera una comedia romántica hollywoodense esta relación sería un mero pretexto para los consabidos enredos y malentendidos, donde los legítimos consortes de los protagonistas serían presentados como villanos sin razón alguna y donde el encargado de unir a los enamorados y al mismo tiempo dar una lección de vida sería el amigo gay de la heroína, ya que según Hollywood los maricones para eso están.

Sofia Coppola es demasiado inteligente para ajustarse a lo estipulado por esta fórmula y opta en su lugar por un relato pausado, intimista, donde los tiempos muertos y los recorridos por las calles de Tokio con la cámara en mano son tan importantes como los diálogos entre sus personajes o la improvisación cómica de Bill Murray.

Cabe aclarar que Murray hace mucho más que decir frases sarcásticas o hacer caras chistosas. El desconcierto de su personaje ciertamente es divertido pero esto de ninguna manera le resta credibilidad cuando debe parecer resignado o vulnerable, como sucede en el momento de cantar “More Than This” en el karaoke, cuando no puede evitar mirar a Charlotte. Probablemente se trate de la mejor actuación que ha hecho Bill Murray en toda su carrera.

Por su parte, Scarlett Johansson confirma la capacidad que ya había anunciado en películas como Ghost World y que pronto veremos en Girl with a Pearl Earring. Con la misma economía de medios que su coestelar, Johansson interpreta a una joven mujer con una vida interior que no puede ser colmada por las clases de ikebana que toma para matar el tiempo. Para hacer esto era necesario que su mirada reflejara el fastidio, la incertidumbre y también el entusiasmo de su personaje, registros que Johansson obtiene sin afectación alguna.

Igual de importante que los actores principales es la banda sonora, donde se incluyen tanto composiciones originales de Brian Reitzell y Kevin Shields como rolas de algunos de los más destacados practicantes del rock alternativo, desde My Bloody Valentine (donde Shields era el guitarrista) hasta la electro-cachonda Peaches, pasando por Air, Death in Vegas y los nipones Happy End. Tan introspectiva como las imagenes que acompaña, con algunos chispazos más festivos, la música es otra muestra del buen gusto de Sofia Coppola.

PERDIDOS EN TOKIO
(Lost in Translation)
Dirección, Guión: Sofia Coppola; Producción: Sofia Coppola, Ross Katz; Fotografía: Lance Acord; Música: Brian Reitzell, Kevin Shields; Edición: Sarah Flack; Con: Bill Murray (Bob Harris), Scarlett Johansson (Charlotte), Giovanni Ribisi (John), Anna Faris (Kelly), Takashi Fuji (Mathew Minami), Fumihiro Hayashi (Charlie)
Estados Unidos – Japón, 2003, 102 min.
Premios y Festivales: Festival Internacional de Cine de Atenas, 2003 (Sofia Coppola, Atenea de Oro); British Academy of Film and Television Awards, 2004 (Kevin Shields, nominado al Anthony Asquith Award por la mejor música, Lance Acord, nominado por la mejor fotografía, Sarah Flack, nominada por la mejor edición, Sofia Coppola y Ross Katz, nominados por la mejor película, Bill Murray, nominado como mejor actor protagónico, Scarlett Johansson, nominada como mejor actriz protagónica, Sofia Coppola, nominada por el mejor guión original, Sofia Coppola, nominada al David Lean Award por la mejor dirección); Golden Globes, EE.UU., 2004 (nominada como mejor película musical o de comedia, Sofia Coppola, nominada por la mejor dirección, Bill Murray, nominado como mejor actor en una película musical o de comedia, Scarlett Johansson, nominada como mejor actriz en una película musical o de comedia, Sofia Coppola, nominada por el mejor guión); Independent Spirit Awards, 2004 (Sofia Coppola, nominada por la mejor dirección, Sofia Coppola y Ross Katz, nominados por la mejor película, Bill Murray, nominado como mejor actor protagónico, Sofia Coppola, nominada por el mejor guión); Festival Internacional de Cine de Sao Paulo, 2003 (premio de la crítica); Festival Internacional de Cine de Valladolid (Sofia Coppola, mejor directora, premio FIPRESCI); Festival de Venecia, 2003 (Sofia Coppola, premio Lina Mangiacapre, Scarlett Johansson, mejor actriz)

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