La Oveja Soler o No Desearás la Mujer de Infante. No Desearás la Mujer de Tu Hijo.
Por: Eduardo Sánchez Villagrán
Hablar de segundas partes en el cine es hablar de fracasos garantizados, pero para la cinematografía de Ismael Rodríguez, este dicho la mayoría de las veces no se cumplió. Acostumbrado a exhibir continuaciones de sus melodramas tremendistas y populacheros, tocó el turno para No Desearás la Mujer de tu Hijo, secuela de La Oveja Negra. Sin duda, por primera vez su director logró que transcendiera este drama rural desde la visión introspectiva de sus personajes, pasando por idiosincrasia, costumbres y escala de valores.
La estructuración en su discurso no es nada del otro mundo, pues su narración es lineal como el primer capítulo, siguen los temas de la autoridad paternal, la irresponsabilidad y desvergüenza de Don Cruz, agregándole un supuesto “suicidio” chantajista e inverosímil provocado por la ausencia de la sagrada esposa. Además, padre e hijo acuerdan un pacto típico machista: la no-sustitución de la mujer en el recinto familiar que ocupe el sacro lugar de la difunta madre-santa. El pacto es un acto de mentira, es solamente una tregua entre dos rivales que asumen roles de amistad que tarde o temprano romperán, pues ahora ya no son (en apariencia) padre e hijo, sino sólo amigos.
La presencia de un personaje inesperado dará un giro en la historia, detonando una serie de enredos, un triángulo amoroso que mantendrá diálogos y mensajes claros -pero fuera de contexto- que ocasionarán una disputa: la competencia por la superioridad viril entre dos hombres, entre dos machos, entre dos enemigos. Josefa, hija de Laureano, se convierte en el fruto prohibido para los Treviño. Para Silvano, el hijo, será la oportunidad de olvidar a su antiguo amor y continuar su paso ascendente como individuo ejemplar. Para Cruz será la posibilidad de negar su estado decrépito e inventarse un mundo en el cual no tendrá posibilidad alguna para fungir como protector.
El momento cumbre y de mayor clímax en la historia se hará presente; el mano a mano entre Soler e Infante destaca por su originalidad y excelente dramatismo que le imprimen. Don Cruz y Silvano se enfrascan en un duelo verbal -pocas veces bien llevados en los argumentos del cine mexicano-, donde sus interpretaciones se sostienen por la credibilidad que le imprimen, no hay momentos de sobreactuación y sí de frases acertadas de Silvano como:
“No jure lo que no está en su mano apá, no jure contra el tiempo que es jurar contra Dios”. Mientras Cruz refuta diciendo: “¡Estoy joven todavía!, y si tengo canas es por lo mucho que he sufrido y si mis ojos ya no brillan es por lo mucho que han llorado a tu madre”. Tan majestuosa interpretación de Fernando Soler le valió obtener el premio Ariel como mejor actor.
No Desearás la Mujer de Tu Hijo tal vez no supere a su antecesora, pero es la conclusión de uno de los mejores dípticos del melodrama pueblerino. En teoría, es el final de una vida de tormento del vástago, porque después de la muerte del padre obtendrá su “libertad”, pero sólo en apariencia, porque seguirá cargando las culpas de unos progenitores incapaces de conducir la armonía en su hogar, de una madre carente de valor quien soslaya toda actitud tiránica y un padre desbocado y mezquino.
Pero lo más interesante es que a pesar del paso de los años La Oveja Negra y No Desearás la Mujer de tu Hijo aún son historias atemporales, esquemas que se siguen reflejando en la vida cotidiana de muchas familias mexicanas.
NO DESEARÁS LA MUJER DE TU HIJO
Dirección: Ismael Rodríguez; Guión: Ismael Rodríguez, Rogelio A. González; Producción: Rodríguez Hermanos; Fotografía: Jack Draper; Música: Manuel Esperón; Edición: Fernando Martínez; Con: Fernando Soler (Cruz Treviño Martínez de la Garza), Pedro Infante (Silvano), Andrés Soler (Laureano), Carmen Molina (Josefa), Amanda del Llano (Marielba), Irma Dorantes (Polita), Amelia Wilhelmy (nana Agustina), Alejandro Ciangherotti (Régulo González Galindo)
México, 1949, 110 min.
Participaciones: Premio Ariel por Mejor Actor -F. Soler- y Nominación al Premio Ariel por Mejor Coactuación Masculina -A. Soler- Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, 1951
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