Irreversible
Por: José Luis Ortega Torres
Los más de cien años de historia cinematográfica transcurridos nos han dejado ver, de vez en vez, películas cuya propuesta sale del común de la producción. Obras propositivas, arriesgadas, o abiertamente provocativas, cuyo objetivo puede ir desde la más honesta innovación hasta la más descarada búsqueda del escándalo. La crítica dividida y el público estupefacto ha colocado en cualquiera de los dos extremos -o en algún punto intermedio, si se quiere- a Irreversible, la más reciente obra del cineasta argentino radicado en Francia Gaspar Noé, justo después de su exhibición dentro del marco del Festival de Cannes del 2002.
Conocido como un joven director propenso a realizar un cine perturbador gracias a Carne (1991), un mediometraje explícitamente gore de tendencias neorrelistas, su fama de enfant terrible se acrecentó con Sólo Contra Todos (1998), su brutal ópera prima que se convirtió rápidamente en una película de culto para aquellos gustosos del cine abiertamente hiperrealista y violento. Ahora, a cuatro años de su atronante debut, Gaspar Noé revienta otro golpe a la cara del espectador con Irreversible, película que de nueva cuenta escarba en las pasiones más animales del comportamiento humano.
En esta cinta la anécdota es sencilla: Alex, una bellísima mujer, es brutalmente violada al salir de una fiesta; su novio Marcus y su amigo Pierre inician una travesía que durará toda la noche en busca de Le Ténia, el agresor, para saciar su sed de venganza. Premisa demasiado simple podríamos decir. Sin embargo, no es el fondo, sino la forma, lo que hace de Irreversible una película sorprendentemente atípica.
Noé ha decidido que la película corra a la inversa de su propio título, es decir de manera “reversible”, por lo que lo primero en aparecer en la pantalla son los créditos finales. Así llegamos al desenlace de la historia -que es el arranque de la película- que de manera aún más perturbadora se engarza directamente con su ópera prima, al ser el actor protagónico de aquella -Philippe Nahon- el primero en aparecer a cuadro y explicar que hubo más allá del término de Sólo Contra Todos.
Una primer escena resuelta con una cámara móvil que jamás centra a este personaje ni a su acompañante y se regodea en demostrar la sordidez del ambiente en que se encuentran es la primer señal que nos indica el tortuoso camino al que el director nos enfrenta, pero que inteligentemente sirve al mismo tiempo de epílogo para su primera cinta y de prólogo en ésta, su segunda obra, motivo que nos deja muy en claro cual es el universo personal de Noé: ese donde la podredumbre del ser humano se hace tangible y daña todo lo que tiene a su alrededor.
Decíamos, pues, que en Irreversible iniciamos por el final, razón por lo cual el público debe digerir cada una de las secuencias que arman el recorrido seguido por el trío de personajes principales, episodios puestos en escena con una crudeza que a más de uno en la sala le puede llevar a la náusea. El director crea con todo conocimiento de causa un universo caótico que se hace presente no sólo en los abruptos movimientos de cámara, ni en la estresante banda sonora que golpea la cabeza del público hasta tensarle los nervios, ni en la fotografía super contrastada que da como resultado chillantes colores rojos que hacen más violento el ambiente; sino también en el estado de ánimo salvaje e irracional de Marcus, y que es reflejo de su impotencia y el sentimiento de culpa ante los hechos.
El director desarrolla la trama de esta historia presentando primero las consecuencias y después la serie de actos que llevaron a ellas haciendo un juego donde el destino toma los hilos en la vida de cada uno de los implicados, consecuencias que se hacen legítimas cuando se dimensionan los antecedentes. Así, en el caótico mundo de Noé, la desquiciada furia de Marcus y la venganza consumada por Pierre quedan perfectamente justificadas no por el hecho en sí mismo -la sádica violación de la mujer- sino por lo que esto habrá de afectar en un futuro, que ya no conoceremos, pero que el director se encarga de pincelar en las escenas finales de la cinta, que son justamente aquellas que indican la estabilidad emocional de la pareja Marcus-Alex: presentimientos reveladores y sueños e ilusiones a punto de ser destrozados.
Pero además del discurso, también es el lenguaje cinematográfico el que corre a la inversa, pues paulatinamente pasamos de los citados movimientos, fotografía, sonidos y planificación agresivos, a una estética más clásica y “limpia” con la involución de la trama. De la sordidez de la primera hora pasamos a una puesta en escena tranquila, lo que refuerza la aseveración de que Gaspar Noé es un artista que busca hacer de los implementos técnicos una extensión de los estados de ánimo de sus personajes.
De esta forma la película es, si se quiere definir así, anticlimática, pasando de las escenas más álgidas a las más tranquilas, en completa oposición a los manuales del buen director hollywoodense, y lo mejor es que le funciona, pues para el discurso de la cinta es aun más amargo el presenciar la brutalidad del acto criminal en su más verista y cruel representación -insoportables ocho minutos de ultraje a plano fijo y sin ningún tipo de edición- y después saber lo que con éste se ha destruido.
Con Irreversible, el cineasta franco-argentino demuestra que sacudir al público es su verdadera vocación y que dentro de él existe un provocador nato. Que pueden acusarlo de misógino -desde su primera obra lo han hecho-, de descarado y de gratuito, es cierto; pero jamás de quedarse a medio camino. Noé busca incomodar y lo logra a conciencia mostrándole al público sin ningún tipo de paliativos lo más miserable de la condición humana. Irreversible no es una película que se digiera fácilmente. Desde su estreno hace dos años sembró polémica y ha lastimado cientos de almas sensibles y estómagos débiles en los países donde se ha exhibido y estamos seguros que en México no será la excepción.
Sitio Oficial: www.marsfilms.com/site/irreversible
IRREVERSIBLE
(Irréversible)
Dirección, Guión, Edición: Gaspar Noé; Producción: Christophe Rossignon; Fotografía: Benoît Debie, Gaspar Noé; Música: Thomas Bangalter; Edición: Christopher Greenbury, Dave Terman; Elenco: Monica Bellucci (Alex), Vincent Cassel (Marcus), Albert Dupontel (Pierre), Jo Prestia (Le Ténia), Philippe Nahon (Philippe), Stéphane Drouot (Stéphane), Mourad Khima (Mourad)
Francia, 2002, 95 min.
Participación en Festivales: Festival de Cine de Estocolmo (Premio Caballo de Bronce al director), Suecia 2002; Festival Internacional de Cine de Toronto, Canadá 2002; Festival Internacional de Cine de Cannes, Francia 2002
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