Dogville
Por: José Luis Ortega Torres
Después de un siglo de historia cinematográfica, con todos sus avances, estancamientos y naturales retrocesos, pocos son los hombres que dedicados a la dirección pueden llamarse a sí mismos provocadores, pero son menos todavía los que logran demostrarlo. Lars Von Trier es uno de esos casos raros que además de provocar, también propone nuevos universos, estéticas y, ¿por qué no decirlo?, vanguardias.
Desde su ópera prima El Elemento del Crimen (1984) hasta su controvertida posición lanzada a la par de su más aventajado alumno, el realizador Thomas Vintenberg y conocida como el “Voto de castidad” -por medio del cual se opone rotundamente al cine actual y al uso y abuso de las nuevas tecnologías destructoras de la pureza del cine- con el cual redacta un decálogo de postulados que dio pie al movimiento Dogma 95, cuya meta era “limpiar” al cine de artificios innecesarios. Diez mandamientos a los que se ciñe para realizar Los Idiotas (1998) y que él mismo se encargaría de tirar a la basura en su siguiente cinta, la conmovedora Bailando en la Oscuridad (2000), con la que ganó la Palma de Oro en Cannes.
Con su más reciente filme, Dogville (2003), el danés pone el dedo en la llaga de la vulnerabilidad humana como nadie antes lo había hecho, por lo menos en los últimos años. A medio camino entre las más descarnadas tragedias griegas y el teatro de Brecht, Dogville es a partes iguales un experimento fílmico y la consolidación -si es que cabría alguna duda- de la aguzada visión de Von Trier sobre la naturaleza humana y de su inventiva en el desarrollo argumental y técnico de la puesta en escena.
Dogville es el nombre del pueblo de los Estados Unidos donde se desarrolla la historia de Grace (Nicole Kidman), una bellísima fugitiva que escapa de unos gángsters encontrando en ese apacible villorrio de apenas unas cuantas casas, la comprensión, bondad e ilusiones para deshacerse de su pasado e iniciar una nueva vida, precaria, pero feliz.
Von Trier evita por completo la identificación del público hacia el pueblo evitando caer en lugares comunes y filmando la película en su totalidad dentro de un set neutro, casi sin escenografía y de hecho sin una sola construcción. En ese espacio no existen puertas ni paredes que escondan algo tras de sí. Las marcas son únicamente líneas blancas pintadas sobre el suelo que delimitan los espacios, respetados en todo momento por el selecto grupo de actores, entre los que se encuentran Lauren Bacall, Jean-Marc Barr, James Cann y Harriet Handersson.
Lo así descrito bien podría parecer una limitante, es en realidad una sobrada libertad para un despliegue actoral donde al igual que el espacio físico, los personajes terminan moralmente desnudos en una estructura argumental que se compone de nueve capítulos y un prólogo que cuentan el arribo, la adaptación, caída y resurgimiento de Grace y la paulatina involución de los habitantes del pueblo hacía sus pasiones más ocultas y que son, al mismo tiempo, narradas por una voz en off (John Hurt) que ha manera de cuento introduce y guía al espectador a este Dogville en apariencia apacible.
Así, lo que se perfila por el sendero de una historia romántica entre Grace y Tom Edison (Paul Bettany) gira paulatinamente hacia la verdadera naturaleza no de Dogville, sino de sus pasivos habitantes, justo en el momento en que la bella fugitiva aparece como un factor disonante dentro su rudimentaria sociedad -desde su llegada en un elegante vestido y abrigo negros- y que se convertirá, por necesidad, en el elemento desestabilizador del entorno social.
La joven se convierte de esta forma en el objeto deseado y envidiado de la comunidad, que después de aceptarla se convierte en su verdugo. Dogville se convierte en una pequeña tiranía que pone de cabeza los estamentos sociales establecidos: Grace, quien obviamente pertenece a una clase acomodada, se convierte en la esclava comunal que debe servirles dividiendo su tiempo entre las diferentes actividades que cada familia o individuo le impone, y lo que comienza como una acción de agradecimiento a la bondad popular, se transforma en un sometimiento al orgullo primitivo.
Primitivo porque al tener la fuerza necesaria para ejercer el poder sobre el más débil, los abusos se convierten en humillaciones de las que ya no podrá escapar después, aunque lo intente. Pero si ya cada uno de los habitantes en Dogville practicaba el sometimiento laboral sobre Grace, faltaba todavía ejercer el físico, y peor aun, el moral, encadenándola con ello. Literalmente.
Lars Von Trier en la mayoría de sus películas, centra la trama sobre la personalidad de una mujer fácilmente vulnerable en medio de un conflicto que pone en entredicho su estabilidad emocional; situaciones límite que al ser enfrentadas le hacen renacer con una nueva perspectiva de su entorno y de su madurez como individuo. Grace no es la excepción, las situaciones a las que es expuesta como si se enfrentara a un juicio sumario, le harán volver la espalda al sufrimiento de Dogville cuando sea ella quien tenga en sus manos el destino de sus habitantes.
Finalmente, el hombre es el propio lobo del hombre y de este aforismo parte el maestro danés para desmenuzar con habilidad quirúrgica la debilidad del ser humano, para cuestionar su incapacidad de ejercer la nobleza y el raciocinio que se suponen innatos a su condición de homo sapiens, y en su lugar, dar rienda suelta a la brutalidad y egoísmo que lo acercan cada vez más a su primordial condición animal, que aun escudada en las buenas costumbres de una sociedad farisea, permanece latente.
Sitio Oficial: www.dogville.dk
DOGVILLE
Dirección, Guión: Lars Von Trier; Producción: Vibeke Windeløv ; Fotografía: Anthony Dod Mantle; Música: Antonio Vivaldi; Edición: Molly Marlene Stensgård; Con: Nicole Kidman (Grace), Harriet Andesson (Gloria), Lauren Bacall (Ma Ginger), Jean-Marc Barr (El hombre del sombrero), Paul Bettany (Tom Edison), Patricia Clarkson (Vera), Blair Brown (Señora Henson)
Dinamarca – Suecia – Francia – Noruega – Holanda – Finlandia – Alemania – Italia – Japón – Estados Unidos – Gran Bretaña, 2003 177 min.
Participaciones y Premios: Festival de Cine de Cannes, Francia 2003; Festival Internacional de Cine de Copenhague (Premio Honorario), Dinamarca 2003; Entrega de Premios al Cine Europeo (Premio a Mejor Director y Mejor Fotografía) Alemania 2003
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