Spider
Por José Luis Ortega Torres
Dentro del último cuarto de siglo, pocos son los cineastas que realmente han consolidado una filmografía coherente y unificada entre sí. Películas que de uno a otro título forman un universo particular, donde las obsesiones del realizador alcanzan el calificativo de constantes autorales. En los últimos 25 años, decía, son pocos los nombres propios que han alcanzado el estatus de auteur dentro del séptimo arte, uno de estos elegidos es David Cronenberg, cuyo mérito es mayor por haberse dedicado casi totalmente a arar el campo del cine fantástico, regándolo de carne y sangre.
Cronenberg es, además, uno de los cineastas más respetados no sólo por la crítica, sino también por el público que lo sigue fielmente, teniendo además un peso específico en los cinéfagos juveniles gustosos del gore cárnico al que nos tenía acostumbrados con cintas como Rabid, The Brood o Videodrome, en su primera etapa; mutaciones, fetichismos y violencia con The Fly, Dead Ringers y Crash; o la síntesis de sus universos de realidades alternas donde nada es lo que parece, como en Naked Lunch o eXistenZ.

Con su más reciente cinta, Spider, que por fin logró estrenarse en las pantallas comerciales de nuestro país después de escasas funciones vía el Festival de la Ciudad de México, el Festival de Cine Canadiense -con el propio Cronenberg y Howard Shore presentes en una función de gala [ver nota sobre la conferencia de Cronenberg]- y la pasada XLII Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional, los iniciados en el cine del canadiense, y quienes no los son, acabaron por enfrentarse a una cinta que dividió opiniones. Para algunos una maravilla; para otros una decepción. Lo cierto es que ante una obra de David Croneberg el silencio o la indiferencia nunca serán la respuesta, por el contrario, se le odia o se le ama, pero siempre se habla de ella.
En Spider, nos es presentado Dennis Clegg, un hombre que vive internado en una casa para enfermos mentales al este de Londres en los años setenta, afectado por una esquizofrenia desde sus años de infancia, cuando su madre, quien cariñosamente le apodaba spider, es asesinada por su padre y sustituida en casa por una prostituta. De ese golpe terrible no logra recuperarse jamás, por lo que debe de transcurrir los siguiente veinte años de su vida recluido en psiquiátricos tratando de ordenar sus pensamientos hasta llegar a la verdad de los hechos.

Para quienes esperen acción, violencia, sangre y mutaciones en Spider, efectivamente la cinta les parecerá decepcionante. Pero si su visión sobre el trabajo de Cronenberg es más amplia y con mayor cuidado en el estudio de sus obsesiones, se darán cuenta de que este filme es un paso evolutivo lógico que viene a confirmar la plena madurez del cineasta, que aun cuando ya ha abordado el poder y dominio de la mente sobre el cuerpo -incluso desde sus primeros mediometrajes Stereo y Crimes of the Future- en líneas paralelas a los argumentos centrales de sus obras, es en esta película donde finalmente termina por abordarla de manera frontal.
Spider es una cinta sobre la locura, pero vista desde “adentro”, es decir, situando la cinta desde el point of view de Clegg, teniéndolo a él mismo como la ventana por la cual nos introduciremos a su oscuro mundo de fantasías, recuerdos y remordimientos; no como un objeto de estudio, ni siendo juzgado, tratado o compadecido por una tercera persona. David Cronenberg es tan puntual y descarnado que enfrenta al espectador con la locura en primera persona.

Para lograr que esa carga se establezca directamente en la espalda del público y así sentir el peso de la cinta, el director cuenta con la espléndida caracterización de Ralph Fiennes en el papel de Dennis Clegg, un hombre fantasmagórico, dañado de por vida y poseedor de una mente nublada de telarañas que él mismo a tejido alrededor de los hechos que le traumaron en la infancia, entramados que utiliza como una forma de balancearse entre la mentira y la verdad, telarañas que escapan de su control hasta establecerse, literalmente, en su vida diaria.
Las transiciones entre las escenas que muestran el momento real de la cinta -el de Clegg adulto- y el pasado, no se establecen a manera de flashback clásicos, sino que son llevados a cabo cuando el personaje central se sitúa a cuadro como testigo mudo de los hechos, fundiendo en una sola escena los dos tiempos cinematográficos a la par de los estados mentales de confusión y delirio del infeliz Spider.

Con estas herramientas y una puesta en escena pausada, sobria y apoyada en una fotografía de claroscuros que son el reflejo de la penumbra mental de Clegg, David Cronenebrg construye una de las mejores obras de su repertorio y tal vez la más importante en su más reciente etapa, alejado de los efectismos y sanguinolencias del cine de horror que gusta también de practicar, pero aún inmerso en el territorio del cine fantástico. Spider es la prueba fehaciente de la maestría de uno de los autores más impactantes del cine moderno y sus obras subsecuentes, sin dudas, nuevamente darán mucho de que comentar.
SPIDER
Dirección: David Cronenberg; Guión: Patrick McGrath, basado en su novela homónima; Productor: Catherine Bailey, Samuel Hadida, David Cronenberg; Fotografía: Peter Suschitzky; Música: Howard Shore; Edición: Ronald Sanders; Con: Ralph Fiennes (Dennis Clegg, Spider), Miranda Richardson (Señora Clegg / Yvonne / Señora Wilkinson), Gabriel Byrne (Bill Clegg), John Neville (Terrence), Bradley Hall (Dennis Clegg, niño), Lynn Redgrave (Señora Wilkinson), Gary Reineke (Freddy)
Canadá – Francia – Gran Bretaña, 2002, Duración: 98 min.
Participaciones: Festival de Cine de Cannes (Nominación a la Palma de Oro), Francia 2002; Festival Internacional de Cine de Toronto (Premio a Mejor Película Canadiense), Canadá 2002; Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña Sitges (Premio a Mejor Director), España 2002; Festival Internacional de Cine de Flandes (Premio George Delerue a Mejor Música Original) Bélgica 2002; Entrega de Premios al Cine Europeo (Nominación a Mejor Película Extranjera); Festival Internacional de Cine de Edimburgo, Escocia 2002; Festival Internacional de Cine de Halifax, Gran Bretaña 2002; Festival Internacional de Cine de Vancouver, Canadá 2002; Festival Internacional de Río de Janeiro, Brasil 2002; Festival Internacional de Cine de Telluride, Estados Unidos 2002; Festival Internacional de Cine de Cambridge, Gran Bretaña 2002; Festival Internacional de Cine de Cork, Irlanda 2002; Festival Internacional de Cine de Sudbury, Canadá 2003
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