La violencia como cultura: Kill Bill Vol. 1

La venganza es una de las acciones más repulsivas del comportamiento humano, produce además una serie de sentimientos que resultan nada agradables a la persona rencorosa, pero, irónicamente, al mismo tiempo es también una de las más gratificantes. Yo en lo personal disfruto mucho cuando me vengo.

Quentin Tarantino es un tipo suertudo y algo inteligente. No satisfecho con piratearse ideas, estilos y secuencias completas de películas semidesconocidas en su ignorante país natal, encima tiene el descaro de anunciarlas como algo novedoso y original, y cuando es descubierto, acepta su falta de ingenio con un cinismo tal que resulta encantador. Ese encanto llega a su pico más alto cuando nos es anunciado que próximamente aparecerá su cuarta película, como si nada más estuviéramos al pendiente de que es lo que hace este empleadillo de videoclub. Lo feo es que su cuarta película resulta ser de lo mejor que Hollywood ha hecho en los últimos años, amén de ser la mejor de su carrera.

Precedida por la gran publicidad que rodeó a la filmación y la sorpresa que causó al informar que sería de artes marciales (porque junto con la música disco son cosas que en los EE.UU. el tiempo olvidó), Tarantino hizo que todos los cinéfagos saliváramos nomás al escuchar todo lo que le iba a meter: spaghetti western, samurai, matanzas heroicas, yakuza, videojuegos y demás parafernalia subcultural que todo aquel que disfrutó (y disfruta) de la televisión en su infancia tendrá en el fondo de su corazón. Si a esto le añadimos la presencia de David Carradine y Sonny Chiba, auténticos pilares de los géneros antes mencionados, puede entenderse el porqué de tanta expectativa.

Kill Bill resulta, al mismo tiempo, un homenaje-parodia-fusil a todo ese cine que hizo nuestras delicias cuando fuimos niños y también lo es para esas series clásicas como El Avispón Verde, Kung Fu, las de vaqueros y hasta para Charlie Brown. El mismo Quentin anunció que este filme sería su versión de Iron Monkey y vaya que lo logró, logrando mezclar la actitud de esa película con todas las influencias antes mencionadas e incluso en momentos recuerda mucho a los trabajos de Takashi Miike, sobre todo en el manejo de los tiempos, combinando partes de mucho diálogo que a algunos le parecerán algo aburridas con explosiones de acción inesperada. Lo interesante es que la película funciona en los niveles antes mencionados, rindiendo un merecidísimo homenaje a ese cine que se ha llamado psicotrónico, fusilándose descaradamente las atmósferas y actitudes y parodiando de una manera muy respetuosa las limitaciones que ha sufrido.

Lo mejor de la película resulta ser el mestizaje de todas las culturas que pululan por uno de los países más intolerantes del mundo, puediendo verse en pantalla a una actriz china junto a una gringa peleando en Japón a ritmo de música española y haciendo que todo luzca perfecto, porque eso sí, la manufactura de la película es impecable. Las tomas muestran todo lo que hay que ver, la edición más perfecta no podía haber sido y la música, bueno, si hay algo que Tarantino sabe hacer es elegir la música para sus películas.

Como ya es costumbre, la película viene en capítulos desordenados. Lo que podría verse repetitivo, resulta de lo más acertado, pues nos va contando la historia con cuentagotas y mantiene un ritmo más que perfecto, desenmarañando el misterio poco a poco y cada vez sumergiéndonos más en la espiral, haciéndonos pedir por más. Además que las distintas técnicas utilizadas dan la impresión de estar viendo varias películas al mismo tiempo.

Las coreografías para las peleas fueron hechas por el maestro Yuen Woo-Ping, el mismo de Matrix, y por Sonny Chiba, y el trabajo del primero es muy superior a lo realizado en esas películas, acercándose más a sus anteriores trabajos en Hong Kong, privilegios que da la libertad creativa. También hay que mencionar que la película es extremadamente violenta, aunque en algunas partes no muy gráfica, pero está filmada con un estilo tan fino que no queda de otra más que aplaudir.

Los trabajos actorales entregan lo prometido: Uma Thurman nos demuestra con su actuación que es más que una cara bonita (con todo y sus horribles pies que tenemos que soplarnos durante un buen rato) y aunque en algunas partes se nota un poco sobreactuada, es de agradecer el esfuerzo que hizo por realizar algunas de las coreografías y no comportarse como la niña bella del filme.

Lucy Liu resulta estupenda y logra captar las características y emociones que el guión indica para su personaje. Abro un paréntesis para mencionar que el origen del personaje de Liu, llamado O-Ren Ishii, está mostrado con una animación y antes de que los otakus empiecen a salivar, habría que mencionar que si bien el dibujo sí está fuertemente influenciado por el anime, tanto la estructura como la forma de contar la historia se parecen más a las de los comics gringos, particularmente a aquellos escritos por el Irlandés Garth Ennis, creador de joyas de la violencia sin sentido como Preacher y Hitman.

Quizás la actriz menos afortunada es Vivica Fox, pero bueno, que se le puede pedir a quien únicamente sale en comedias y además solo está 20 minutos en pantalla, lo bueno es que aprendió a pelear. Daryll Hannah y David Carradine, a pesar de salir poco (en especial este último), nos deleitan con dos papeles hechos a su medida y que transpiran maldad por el celuloide.

Algo en lo que hay que hacer hincapié es la capacidad del director de meter tantas influencias en un guión tan sólido, aunque se tome algunas libertades bastante jaladas, pero todo en aras de entregar una excelente película y demostrar que las cosas simples siempre resultan ser las mejores.

En conclusión y a riesgo de sonar mamila debo decir que Kill Bill es la película que define la cultura gringa para el siglo XXI, una cultura basada en la mescolanza de tradiciones, idiosincrasias y costumbres de todos los inmigrantes que habitan en ese país. Tarantino supo plasmar este crisol en su película, ojalá otros directores sigan el camino.

Sitio Oficial: www.kill-bill.com

KILL BILL, VOL. 1
Dirección, Guión: Quentin Tarantino; Producción: Lawrence Bender; Fotografía: Robert Richardson; Música: Lily Chou Chou, RZA, D.A. Young; Edición: Sally Menke; Con: Uma Thurman (La Novia), David Carradine (Bill), Lucy Liu (O-Ren Ishii), Daryl Hannah (Elle Driver), Vivica Fox (Vernita Green), Michael Madsen (Budd), Michael Parks (Earl McGraw), Sonny Chiba (Hattori Hanzo), Chiaki Kuriyama (Go Go Yubari), Julie Dreyfus (Sofie Fatale).
Estados Unidos, 2003, 111 min.
Participaciones: Premios Europeos de Cine, 2003 (Quentin Tarantino, nominado al premio Screen International).

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