Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

El Tigre de Santa Julia

tigre01Por Montgomery Guillaume Frankenheimer van der Beck

Alrededor del imaginario popular mexicano se han creado varias leyendas sobre personajes bienhechores de la comunidad, quizás como resultado de la siempre apremiante sed de justicia, que a falta de ser impartida por las instituciones a cargo, debe de ejecutarse por propia mano.

Uno de esos personajes deificados por la leyenda oral y que generación con generación a perdido su significancia real es José de Jesús Negrete Medina, quien a fines del siglo XIX se convirtió en una suerte de Robin Hood para el pueblo mexicano. Recordado mayormente por el glamour con que fue apresado -defecando de “aguilita” en una nopalera- y que legaría al listado de refranes ordinarios la sentencia de “te agarraron como al Tigre de Santa Julia”, este personaje ya había sido llevado a la pantalla grande por un filme homónimo dirigido en 1973 por el hábil director mexicano Arturo Martínez.

Aquel filme rozaba más los terrenos del melodrama con un serio Juan Gallardo en el papel del antihéroe, pero aun así contaba con algunos destellos de picardía popular, respetando algunos datos históricos como su ubicuidad geográfica, detalles biográficos y, sobre todo, su famosa aprehensión.

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En el 2002, Alejandro Gamboa, uno de los más interesantes realizadores de los últimos años, responsable de amenos éxitos taquilleros como la Primera y Segunda Noche (1997 y 1999, respectivamente), y poseedor además de un discurso propositivo y de una atractiva visión comercial en cada uno de sus filmes, decide sacar del panteón de las leyendas a Jesús Negrete para hacerlo cabalgar nuevamente por los caminos de Cueráramo, Guanajuato y poblados circunvecinos.

El proyecto, harto interesante de por sí, se benefició con la ya señalada perspectiva comercial de Gamboa, quien utiliza conocidos rostros de figuras de Televisa -empresa para la que ha dirigido algunas telenovelas de corte juvenil y encargada de financiar toda su filmografía por medio de Televicine, hoy Videocine-, principalmente en lo que respecta al protagónico femenino, a cargo de Irán Castillo, la antagonista Ivonne Montero y la primera actriz Rosaura Espinoza, complementadas por Anilú Pardo y Cristina Michaus, ambas con mayor bagaje teatral.

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La responsabilidad máxima recayó en el entonces desconocido Miguel Rodarte (hoy también chico Televisa) como el Tigre, don Fernando Luján como Nando y el talentoso actor secundario Adalberto Parra, habitual de series unitarias como Mujer, Casos de la Vida Real y de otras telenovelas del canal de las estrellas. Parra, en su papel del villanísimo militar Calleja demuestra su capacidad histriónica, motivo que nos lleva a pensar que ha sido lamentablemente desperdiciado, y que con éste proyecto, alza la mano para despuntar como uno de los villanos de antología que tanta falta hace al cine mexicano actual, sumido, al parecer, en comedietas anodinas.

Entrando de lleno a lo que es el filme, debemos partir señalando el fastuoso diseño de producción y dirección de arte de que El Tigre de Santa Julia hace alarde. Gamboa demuestra su compromiso con el proyecto al recrear una época no sólo en lo evidente, que sería vestuario y escenografía, sino en la creación ex profeso de los pueblos por donde se mueven los personajes. Es decir, siendo lo más fácil ubicar las locaciones adecuadas y filmar en exteriores, se recurre a la reconstrucción en sets de dichos lugares, ganando con ello el crear una atmósfera mágica, casi onírica, lo que incrementa la sensación de que se está reviviendo una leyenda.

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Esta situación se refuerza con la incursión de una voz en off, la del viejo Nando como cronista de los hechos, personaje que se convierte en el eslabón que une dos distintos tiempos: el que se ve en pantalla, es decir “el presente” del héroe y su gavilla, y el tiempo del discurso narrado, que siempre está dictado en pasado, a la manera de la tradición oral popular, con lo que también actualiza la ubicación temporal, extendiendo así para generaciones futuras las acciones del héroe, enmarcándolo en una aura fantástica.

Otro acierto logrado no sólo por la reconstrucción de los escenarios sino por la puesta en escena, es el de otorgarle a la película una estética cercana a las coloridas historietas típicamente mexicanas, trayendo a la memoria las viejas tiras de personajes como El Payo. Los manejos de cámara tanto en sus movimientos como en los encuadres fijos y la planeada iluminación, distinta para cada caso específico -además de la fotografía filtrada en distintos tonos de azules y ámbar- logran una composición artística que equipara el plano cinematográfico con una colorida viñeta.

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Qué mejor ejemplo de lo anterior que la secuencia del primer asalto fallido del Tigre, que para mayor mérito está filmada en exteriores, con una adecuada conjunción de ángulos contra-picados, medios y hasta acercamientos a los rostros de los actores, dándole una fluidez narrativa bastante conveniente, que sirve además para marcar el ritmo de las siguientes incursiones, ahora sí exitosas, del héroe y su pandilla.

El argumento, aunque respeta la esencia biográfica del personaje real, toma ciertas concesiones que le sirven para presentar una atractiva historia donde se recurre a uno de los géneros mexicanos por excelencia: la comedia ranchera, sólo que postmoderna. Ahí encontramos los tópicos y personajes propios de la tan añorada época de oro del cine nacional: la historia de amistad gallarda entre el Tigre y un compañero del ejército, la prostituta de buen corazón que ayuda al héroe, la mujer hermosa y vanidosa de serlo, que ofendida en su amor despreciado no tarda en tomar venganza, además del prototípico villano miserable, que asume la cruzada contra su némesis como una afrenta personal.

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Pero sobre todo se desarrolla una historia de amor puro entre Gloria, una virginal jovencita que ha sobrevivido a las desgracias -los asesinatos de su padre y hermano- incólume para ofrendar su casto amor al apuesto -es un decir- caballero justiciero, quien por supuesto es la personificación del macho cabrío en medio de su serrallo. Estos clichés utilizados desde hace cincuenta años se modernizan cuando se presenta a un personaje central femenino, que si bien se ubica a fines del siglo XIX, resulta en términos prácticos propia de nuestra liberal época.

Valiente, audaz, decidida, inteligente y con sobradas muestras de inteligencia, Gloria adquiere la importancia de ser el brazo derecho del Tigre, resultando ella el verdadero cerebro de la organización, tanto que justamente es ella la encargada de conquistarle a él. Los papeles se han invertido, pues aquí es el hombre quien se deja llevar fácilmente por sus impulsos emotivos e irracionales.

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Ella no es "Gloria", sino "Rosa", la más sabrosa...

Esos rasgos de madurez y fuerza en los papeles femeninos son ya característicos de Gamboa, que desde sus primeros filmes Perfume Efecto Inmediato (1993) y Educación Sexual en Breves Lecciones (1994), les ha otorgado a las mujeres el mando, alcanzando su representación más clara en La Segunda Noche, donde los personajes masculinos giran alrededor de las protagonistas. Si bien en El Tigre de Santa Julia el protagonista es un hombre, es en realidad la pandilla de bandoleras quienes tienen a su cargo el desarrollo de los principales conflictos argumentales.

El Tigre de Santa Julia es una bocanada de aire fresco en la más reciente oferta del cine popular mexicano, ese que es el más buscado por el público. Sin mayores pretensiones de alarde intelectual Alejandro Gamboa construye un universo propio dentro de su filme, es decir, incluye los ingredientes básicos para llevarlo a territorios personales, sin olvidar que, ante todo, la experiencia cinematográfica debe ser para el público un momento de esparcimiento, por eso, su oferta ha gozado de excelentes resultados en taquilla, y de paso ha ganado los favores de la crítica, dos cosas que otros directores con mayores pretensiones no han sabido conjuntar.

EL TIGRE DE SANTA JULIA

Dirección: Alejandro Gamboa; Guión: Alejandro Gamboa y Francisco Sánchez; Producción: Eckehardt von Damm; Fotografía: Alfredo Kassem; Música: Santiago Ojeda; Edición: Óscar Figueroa; Con: Miguel Rodarte (José de Jesús Negrete “El Tigre de Santa Julia”), Irán Castillo (Gloria), Isaura Espinoza (Simona), Cristina Michaus (Tomasa), Ivonne Montero (Rosa), Fernando Luján (Nando), Adalberto Parra (Calleja), Anilú Pardo (Inés), Jéssica Segura (Yola).

México, 2002.

Participaciones: Festival de Cine Latinoamericano de Nueva York LaCinemaFe-Premios Manzana de Oro a Mejor Película y Mejor Actriz (Anilú Pardo)- Estados Unidos 2003; Premios Heraldo a Mejor Actriz (Irán Castillo), Revelación Masculina (Miguel Rodarte) y Revelación Femenina (Ivonne Montero), Diario El Heraldo, México 2003; Diosa de Plata a Mejor Guión, Periodistas Cinematográficos de México 2003; Premio MTV Movie Award a la Mejor Secuencia Cachonda (Miguel Rodarte / Ivonne Montero); Nominación al Premio Ariel a Mejor Actriz de Cuadro (Isaura Espinoza), Guión Original, Diseño de Vestuario, Sonido y Efectos Especiales, Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, 2003

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