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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

El cine de horror estancado en sus fórmulas y en una reputación malintencionada

Por: Mauricio Matamoros

Para el cine de horror la cosa no parece ir tan bien, como los recientes éxitos de taquilla quieren hacerlo ver.

Aunque la calidad se puede encontrar, el lugar común y el poco empeño de los productores parecen seguir siendo las enfermedades de este género cinematográfico, al cual, comúnmente, se le menosprecia o se le endilga la etiqueta de ciencia ficción… para que no suene tan feo.

“A pesar de éxitos como Scream o The Blair Witch Project, el cine de horror sigue padeciendo porque es un género en el que los productores no creen ni confían. Si quieres hacer una película de horror no tiene que costar más de quince millones de dólares, porque entonces nadie te la quiere producir”, asegura el realizador tapatío Guillermo del Toro, quien después de dirigir Blade II (2002) ha tenido que esperar una nueva oportunidad de los estudios para desarrollar proyectos más personales, como es el caso de la adaptación del cómic de Mike Mignola, Hellboy; o del extraordinario manga Domu, de Katsuhiro Otomo.

En entrevista telefónica, del Toro afirmó que casi todo ha cambiado para el género, pues cuando la Universal Pictures comenzó en los años 30 a hacer sus adaptaciones de la literatura, como Dracula (Tod Browning, 1930) o Frankenstein (James Whale, 1931), el cine de horror era tomado demasiado en serio, como si de una adaptación de Cumbres Borrascosas se tratara.

“Conforme el cine de horror empezó a hacerse con poco dinero, el menosprecio comenzó a aparecer. A partir de entonces, muchos directores se iniciaron haciendo cine de horror pero no por gusto, sino como un simple escalón para llegar a hacer lo que ellos consideran cine serio, y eso es lo que actualmente los directores jóvenes hacen, y eso es lo que no me gusta. Creo que el cine de horror ofrece muchas posibilidades, como lo hace el de terror con sus monstruos, el de ciencia ficción con sus robots, y el de fantasía con sus duendes; y esa originalidad, es la que creo que muchas veces no le perdonan”.

Para el cineasta mexicano Daniel Gruener, realizador de Sobrenatural (1995) película que inicialmente se llamaría Dólares para una Ganga, la perspectiva ligeramente cambia, pues considera que la mayoría de los actuales realizadores de cine de horror están tratando de utilizar otros mecanismos para su desarrollo.

“Creo que realmente quieren hacer algo nuevo, buscar lenguajes distintos y formas alternas de presentar las historias; como últimamente sucedió con la utilización de la mercadotecnia”. Gruener, quien actualmente prepara el proyecto “¡Viva Frankenstein!”, comenta que el cine de horror para él carece de presencia en México.

“Nosotros hicimos Sobrenatural porque sentíamos que había un hueco en el cine nacional; nadie hacía cine de horror, sobre todo este tipo de horror psicológico, que creemos sólo se hace para obtener premios, pues el éxito nunca es bueno”.

Por su parte, el realizador de Cronos (1992) y Mimic (1997), considera que su cine se encuentra dentro de la vena del horror, porque ésta es cuando se obtiene miedo a través de las emociones más profundas.

“Me gusta escribir mucho de la relación padre e hijo, porque creo que las relaciones familiares son las más fuertes; las relaciones consanguíneas arrojan historias interesantes, y aunque en Mimic pareciera que hay un gran peso tecnológico, lo que me interesó fue el personaje del niño, las catacumbas y su ambiente gótico. A mí, a lo mucho, me gusta la tecnología antigua, esa de engranajes y que puede dar la ilusión de vida”.

Amante del cine de horror pasado, como The Innocents (Los inocentes, Jack Clayton, 1960), Possesion (Posesión, Andrej Zulawski, 1980), The Exorcist (El exorcista, William Friedkin, 1973), y de la obra de realizadores como George Romero, Jacques Torneau, Mario Bava y Terence Fisher; del Toro encuentra que para el cine de horror no existe una geografía definida.

“El cine de horror bueno se hace donde se puede. Ahora que he entrado a la industria hollywoodense entiendo porque las películas con mayor presupuesto tienen una forma más “formulaica”, en ese ambiente el toma y daca entre director y estudio es mayor. Pero con Mimic, que considero un 60 por ciento totalmente mía, me di cuenta que el 40 restante de la productora fue la parte que no funcionó con el público, por eso es que el 85 por ciento de las películas de horror moderno no me gustan”.

“En recientes fechas son pocas las películas que me han gustado, entre ellas están The Blair Witch Project, Jack Be Nimble y The Ugly. La primera, por todos conocida, es una película independiente, y las restantes son de Nueva Zelanda, país en el que siempre se han hecho películas interesantes. Esto, me parece, muestra que el cine independiente tiene mayor libertad y por tanto puede producir mayor creatividad”.

“El problema de este cine – comenta Gruener – no es sólo en México, sino a nivel mundial. La crítica generalmente lo trata mal, existe mucho miedo por parte de los productores y supongo que en realidad no les interesa”.

“Después de Cronos, tuve la esperanza de que en México se despertará un interés por el cine de horror, pero lo único que se hizo fue Angeluz [1997], que no la he visto, y Sobrenatural, de Daniel Gruener, que está padre. De ahí en fuera, todo ha sido comedia porque parece ser que es lo único que vende en México, a excepción de algunos dramas. Todos los éxitos recientes han sido comedias y los productores no quieren apostar por otra cosa”.

Para del Toro, quien espera que Plata – el proyecto que escribió y que involucra a luchadores y vampiros en un tono serio -, logre producirse cuando menos en un par de años, el cine de horror en México podría tener buena respuesta, pero nadie se ha dado cuenta de ello.

“Cuando hice Cronos, el cine era producido y distribuido por el estado; ahora existen más mecanismos y probablemente sería más fácil producir cine de horror, pero parece que los productores no se dan cuenta de que a la gente eso le gusta. Yo, mientras tanto, seguiré esperando a los productores, porque prefiero tardarme tres años, a hacer algo rápido con lo que no comulgue”.

Daniel Gruener concluye: “El cine de horror tiene posibilidades y hay mucha gente interesada en verlo, pero existe la idea de que es un género menor y barato. Lo importante, en este caso, sería que la gente se diera cuenta, entienda, que no hay géneros mayores ni menores”.

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