Satánico Pandemonium (La Sexorcista)
Por Marco González Ambriz
Como todos los subgéneros psicotrónicos que el cine ha dado, el de las monjas cachondas (nunsploitation, en inglés) fue practicado en varios países por directores inspirados (Walerian Borowczyk) y no tanto (Joe D´Amato) y tenía como principal propósito lucrar con el morbo del respetable. Con el pretexto de ilustrar hechos históricos, un buen número de cineastas europeos tomaron la fórmula que tan buen resultado había dado en otro exitoso subgénero, el women in prison (mujeres en la cárcel), y la trasladaron al convento. El encierro en el que viven estas mujeres ha dado pie a especulaciones sobre inimaginables perversiones desde la Edad Media (cfr. El Decameron de Bocaccio) y no es de sorprender que el país donde este subgénero cinematográfico tuvo su mayor auge fue Italia, donde el catolicismo y el erotismo se practican en grado sumo.
El cine mexicano colaboró a la noble tarea de presentar a las religiosas rompiendo sus votos de castidad en dos películas: Alucarda de Juan López Moctezuma y Satánico Pandemonium de Gilberto Martínez Solares. A pesar de tratar el mismo asunto, estas dos cintas atestiguan el encontronazo entre dos épocas de la cinematografía nacional.

Cover de la edición en DVD por el sello británico Mondo Macabro
Por un lado, Alucarda es la obra de un realizador joven que estaba inmerso en la vanguardia artística de su tiempo. Colaborador de Jodorowsky, promotor de la música de jazz, hombre de teatro; López Moctezuma poseía un bagaje cultural que le permitió hacer de Alucarda algo más que un simple espectáculo guiñolesco que combinaba los desnudos con las imágenes chocantes, a pesar de la miopía de los críticos que en su momento no la supieron apreciar.
En el otro extremo podemos ubicar a Gilberto Martínez Solares, quien vivió su mejor época como cineasta en los años 40, dirigiendo las comedias de Tin Tan. Al momento de realizar Satánico Pandemonium contaba ya con 67 años y esto es algo que se nota demasiado en la película. Con esto no quiero decir que Martínez Solares ya no era capaz de hacer cosas divertidas. Basta con ver Las Sicodélicas (1968) para comprobar que el cineasta todavía tenía mucho que ofrecer.

Sin embargo, en ocasiones es evidente que el reclamo de los jóvenes realizadores de la época, que exigían que la Sección de Directores del STPC permitiera el ingreso de nuevos cineastas, no carecía de valor. Seguramente los promotores de esta reforma no tenían en mente cintas como Satánico Pandemonium, pero creo que es precisamente en este tipo de material donde se aprecia la necesidad de un relevo generacional.
Para contar la historia de cómo Sor María (Cecilia Pezet) cede a las tentaciones del Diablo (Enrique Rocha) en un convento de la Nueva España del siglo XVII se necesitaba una realización más delirante. No es que el guión fuera una maravilla, comparado con el de otras películas de nunsploitation es poco imaginativo y pasa por alto uno de los aspectos más provocativos de este subgénero: la denuncia de la hipocresía religiosa. No obstante, se incluían elementos de los que que un cineasta no tan instalado en la rutina como lo estaba Martínez Solares podría haber sacado más partido.

Una película donde una monja es asediada por el Maligno, que se manifiesta como un príncipe, un pastor y, ¡horror!, un hombre desnudo, obligándola a cometer actos de lesbianismo, perversión de menores, homicidio y, peor aún, usurpación de funciones, no debería ser aburrida. Hay algunos momentos efectivos, como cuando el Diablo le recuerda a Sor María los tormentos que le esperan a manos de la Inquisición y éstos se ilustran gráficamente (aunque sin relación alguna con la realidad histórica) o en los esfuerzos que hace la religiosa por seducir al pastorcillo Marcelo, sin importarle que la abuela del muchacho esté en la habitación contigua. Otra buena escena es la que muestra los rigores a los que Sor María somete su cuerpo para mortificar la carne y concentrarse en lo espiritual, que se puede ver -siendo generoso- como una crítica a los valores de la Iglesia.
Pero hay muchos otras secuencias que deberían ser incitantes y blasfemas que no lo son en absoluto. Incluso las escenas lésbicas entre Cecilia Pezet y Clemencia Colín, que interpreta a una monja argentina (y que de paso nos enseña que en el siglo XVII había intercambio cultural entre los conventos de la Nueva España y los del Virreinato del Río de la Plata), acaban por ser tan tediosas como el resto de la película. Asimismo, la forma en que la madre superiora descubre las fechorías de Sor María es bastante elemental y lo que debería ser uno de los momentos culminantes en la historia queda como un episodio más.

Lo peor llega al final, cuando María descubre que Lucifer no suele cumplir sus promesas, al regresar al convento y encontrarse con la bacanal más ridícula jamás filmada. Al mismo tiempo, un giro en la trama hace que el espectador caiga en cuenta de que lo que acaba de presenciar admite otra lectura en la que por desgracia la Iglesia sale bien parada. Sirva esto como lección para los nuevos que creen que esto de cambiar la historia en la última escena lo inventó M. Night Shyamalan con El Sexto Sentido.
Como ya señalé, en este caso lo plano de la realización da al traste con una historia que pese a ser sencilla pudo tener otros matices. Tal vez si el manejo de la cámara fuese más atrevido la forma sería tan retorcida como el contenido. Es una película donde se echa de menos el uso de filtros, emplazamientos rebuscados, espejos y humo que en ocasiones sirven sólo para disimular la falta de sustancia de la historia, pero que en este caso servirían precisamente para darle mayor peso al aspecto visual y hacer de la cinta algo delirante y obsceno.

La actuación de Cecilia Pezet en el papel principal es tan desigual como la película misma. A veces la dulzura y la perversión de la monja están bien manejadas, con un cambio constante entre una y otra, mientras que en otras escenas la actriz se ve tiesa, con la voz engolada y un lenguaje corporal demasiado teatral. A su favor habría que decir que en el México de hace 30 años no debía ser nada fácil para una joven actriz hacer el papel de una monja que se flagela, se desnuda a la menor provocación y anda por la vida matando a sus compañeras de claustro y acostándose con chamacos.
De cualquier manera, para escandalizarse con Satánico Pandemonium uno tendría que ser un fanático religioso del calibre de Jorge Serrano Limón, el autor intelectual de Provida, publicista de las ínfimas producciones del “nuevo cine mexicano” y oligofrénico de tiempo completo que se ha vuelto famoso gracias a la televisión.
Para el resto de la humanidad, esta película no es más que una parte prescindible del subgénero de las monjas jariosas y de la filmografía de Gilberto Martínez Solares en particular.
SATÁNICO PANDEMONIUM
(La Sexorcista)
Dirección y Guión: Gilberto Martínez Solares; Argumento y Producción: Jorge Barragán; Fotografía: Jorge Stahl Jr.; Música: Gustavo César Carrión; Edición: José W. Bustos; Con: Cecilia Pezet (Sor María), Enrique Rocha (El Diablo), Delia Magaña (madre superiora), Clemencia Colín (Sor Clemencia)
México, 1973, 87 min.
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Bueno el articulo pero disiento.. en el sexto sentido no se cambió la historia l final hermano.. por el contrario, yo mismo la vez que la vi me sali a los 10 minutos o asi (concluido el prólogo) pues en mi haber de guionista y cineasta ya sabía el final pues la escena del principio si se ve con delicadeza expone la trama desde los primeros minutos…
siempre buenos los articulos por cierto
saludos!!