Masacre en Columbine (Bowling for Columbine)

Cartel alemán de la película
Lo más destacado en la tediosa e intrascendente ceremonia de los Óscares de este año fue sin duda el discurso de Michael Moore al aceptar el premio al mejor documental por Bowling for Columbine. El valor de Moore al reclamarle al presidente Bush su agresión injustificada a Irak y la cobardía de los demás asistentes al abuchearlo -demostrando así que sólo son contestatarios cuando les conviene- le dieron la vuelta al mundo y se convirtieron en lo único digno de ser mencionado de aquella mortalmente aburrida premiación.
Seguramente para muchos espectadores que seguían la transmisión fuera de Estados Unidos fue una sorpresa que un documentalista desconocido -para ellos- se haya atrevido a levantar la voz de esa manera. En cambio, para todos aquellos que conozcan la trayectoria de Moore, lo sucedido esa noche fue todo menos inesperado.
Sin embargo, a pesar de que Moore se convirtió en un personaje famoso en Estados Unidos con su primer documental, Roger and Me (1989), donde detallaba la decisión de las transnacionales americanas de trasladar sus fábricas a otros países y las consecuencias que esto tenía para la economía estadounidense, y de que ha mostrado esta misma actitud rebelde e inconforme en sus trabajos posteriores (la serie televisiva The Awful Truth, el libro Stupid White Men), la reacción de un buen número de sus compatriotas fue visceral e intolerante. Esto se puede explicar por genética y por la histeria generada por el atentado contra las Torres Gemelas, pero no deja de ser irónico que los autoproclamados campeones de la libertad declaren traidor a todo aquel que se atreva a poner en tela de juicio las acciones de su gobierno.

Todo esto culminó con la petición que miles de internautas hicieron para despojar a Moore del galardón, alegando que Bowling for Columbine distorsionaba los hechos y que por lo tanto era un trabajo de ficción. Esta polémica terminó cuando Moore regresó el premio de forma voluntaria, pero la cosa no paró ahí, todavía existen varios sitios en Internet (por ejemplo, Moore Watch) que se dedican a “vigilar” al realizador y así evitar que atente otra vez contra su patria.
Es posible que esta controversia no baste para que la gente acuda a las salas a ver Masacre en Columbine. En primer lugar, el hecho de que se trate de un documental para muchos será razón suficiente para evitar la cinta. A estas personas habría que aclararles que la película, a pesar de tratar un tema muy serio, es sumamente divertida.
Puede parecer extraño que un documental que trata de la proliferación de armas de fuego en Estados Unidos y de la altísima tasa de homicidios y accidentes que esto conlleva sea entretenido, pero uno de las rasgos distintivos de Masacre en Columbine -y de la obra de Michael Moore en general- es destacar los aspectos más absurdos del tema principal. Al incluir entrevistas con milicianos medio orates, animaciones que explican la importancia del racismo en la historia estadounidense y escenas tomadas de otras películas, Moore logra mantener el público en un estado de hilaridad constante, aunque en buena medida se trata de risas nerviosas.

Esto no significa que el director le reste importancia al tema. Cuando hace referencia a la política exterior de Estados Unidos, con los sangrientos resultados que todos conocemos, o al incluir escenas reales de la matanza en la preparatoria Columbine, su indignación se traduce en escenas que son muy dolorosas para el espectador.
No se trata de una mera pose. Cuando Moore aparece a cuadro enfrentando a los que él considera responsables de la situación que vive su país -los dirigentes de las grandes tiendas que venden armas indiscriminadamente, el actor y dirigente de la NRA (National Rifle Association) Charlton Heston- es evidente la dificultad que tiene para dominarse.
Este uso del humor y su aparición constante frente a la cámara han provocado que a Michael Moore se le acuse de no respetar las reglas del documental. Mientras que los cándidos teóricos documentalistas (vgr. Bill Nichols) todavía insisten en que se debe ser lo más objetivo posible y permitir la aparición de la verdad prístina y diáfana, Moore no duda en usar todas las herramientas a su disposición para presentar su punto de vista.

Tampoco se trata de una argumentación sorda y ciega, como la que acostumbran los documentalistas de la izquierda mexicana cuando hablan del EZLN o de la huelga en la UNAM, sino que Moore examina las distintas teorías con las que se ha tratado de explicar que Estados Unidos tenga la tasa de homicidios más alta -con mucho- de los países industrializados. En ocasiones, cuando sus propias hipótesis son desmentidas por los hechos, Moore no oculta su sorpresa y aunque señala algunas causas -como la paranoia promovida por los medios de comunicación- nunca llega a anunciar el origen del problema.
De los personajes famosos, y no tanto, a los que Moore entrevista a lo largo de la película, el más inteligente resulta ser nada más y nada menos que Marilyn Manson. Su intervención contrasta con la de un orador cristiano que con argumentos obtusos y frases hechas trata de responsabilizarlo de la masacre en Columbine y que, sin saberlo, le da la razón a Manson cuando éste argumenta que sus detractores en realidad le temen a la inconformidad expresada en su música.

No se necesita ser muy perspicaz para darse cuenta de que los acusadores de Moore hicieron otro tanto al reaccionar como lo hicieron. Su incapacidad para afrontar la crítica que Bowling for Columbine representa al American Way of Life tal vez sea toda la evidencia que se necesita para concluir que el principal problema que tienen los gringos es la misma mentalidad que les exige ganar a toda costa, aunque sea a balazos.
MASACRE EN COLUMBINE
(Bowling for Columbine)
Dirección y Guión: Michael Moore; Producción: Charles Bishop, Jim Czarnecki, Michael Donovan, Kathleen Glynn, Michael Moore; Fotografía: Brian Danitz, Ed Kukla, Michael McDonough; Música: Jeff Gibbs; Edición: Kurt Engfehr; Apariciones de: Michael Moore, Charlton Heston, Marilyn Manson, Chris Rock, Matt Stone, John Nichols
Canadá – Estados Unidos – Alemania, 2002
Participaciones: Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Estados Unidos 2003 (Óscar al Mejor Documental); Festival de Cine de Cannes 2002 (Premio del 55 Aniversario, nominado a la Palma de Oro); Premios César de Francia 2002 (César a la Mejor Película Extranjera); Festival Internacional de Cine de Toronto 2002 (Premio del Público); Festival Internacional de Cine de San Sebastián 2002 (Premio del Público); Festival Internacional de Cine de Sao Paulo 2002 (Premio del Público); Festival Internacional de Cine de Vancouver 2002 (Premio del Público); Festival Internacional de Documental de Amsterdam 2002 (Premio del Público); Festival de Cine del Atlántico 2002 (Premio del Público); Festival Internacional de Cine de Bergen 2002 (Premio del Público); Asociación de Críticos de Cine de Chicago 2003 (Premio al Mejor Documental)
Cinefagia en Facebook