Los Ángeles de Charlie: Al Límite… de la Estupidez
Por Marco González Ambriz
Después del éxito obtenido con la adaptación cinematográfica de la serie televisiva Los Ángeles de Charlie parecía cosa fácil para los productores ofrecer una secuela digna. No debería ser demasiado complicado idear una historia boba que incluyera escenas de acción al estilo de Hong Kong, bailables y vestuario que le permitieran a las actrices lucir su anatomía, efectos especiales a cargo de los mejores técnicos de Hollywood y una banda sonora repleta de éxitos, aderezada con las gracejadas del comediante Bernie Mac. Lo único que tenía que hacer el director McG, conocido por su trabajo en comerciales y videos musicales, era aplicar la fórmula de la película original y obtener algo similar.
Por desgracia, el director no pudo con el paquete.
Nadie espera un argumento laberíntico y lleno de sorpresas en una película como ésta, pero parece increíble que se necesitara la participación de tres guionistas para urdir una trama tan pueril. Con el pretexto de que Los Ángeles de Charlie: Al Límite es una parodia del cine de espías los escritores incluyeron todo tipo de babosadas en una historia que cuenta los esfuerzos de las heroínas por localizar dos anillos de titanio que contienen los datos del programa de protección a testigos del gobierno estadounidense. Dicha información es codiciada por todas las organizaciones criminales habidas y por haber por lo que los Ángeles primero deben identificar al responsable de haber hurtado los anillos. Como todo el que haya visto la publicidad de la película sabe, la culpable del robo es Madison Lee (Demi Moore), quien fuera integrante de los Ángeles de Charlie antes de ser seducida por el lado oscuro de la Fuerza.
Por supuesto que al final Natalie (Cameron Diaz), Alex (Lucy Liu) y Dylan (Drew Barrymore) recuperan los anillos, derrotan a los malosos y viven felices para siempre, no sin antes viajar a Mongolia, disfrazarse de monjas, ir a la playa, participar en una competencia de motocross, hacerse pasar por cabareteras, descifrar claves secretas y ponerle una arrastrada a todos los villanos que se les ponen enfrente. Parece que a John August, Cormac Wibberley y Marianne Wibberley los productores les pidieron que incluyeran canciones, deportes extremos y artes marciales en el guión “porque es lo que les gusta a los chavos” y en su afán por incluir todos estos elementos los guionistas se olvidaron de cualquier intento por darle sentido a la historia. Para acabarla, McG está peleado con la narración, y el resultado es una película muy aburrida a pesar de estar llena de explosiones, peleas y escapes imposibles.

No me estoy quejando de que Los Ángeles de Charlie: Al Límite sea una cinta de puro entretenimiento. A diferencia de los críticos que rasgan sus vestiduras cada vez que se enfrentan a una película palomera, puedo disfrutar una historia tonta siempre y cuando sea divertida. Para acabar pronto, tengo la foto de Jackie Chan en un altar con veladoras. El problema es que hay una diferencia entre una película boba y una película estúpida y Los Ángeles de Charlie: Al Límite pertenece a la segunda categoría.
McG no sabe filmar escenas dramáticas. Sólo hay dos en la película y no sirven. Lo peor es que tampoco sabe qué hacer cuando hay peleas y balazos. Dejando de lado la imposibilidad de que una mujer que pesa 40 kilos y usa zapatos de tacón pueda derrotar a una docena de tipos que parecen de cemento armado, las secuencias de artes marciales son muy deficientes. La edición es mala, la coreografía no tiene nada de especial y las peleas son tan tediosas como el resto de la película.
Lo mismo se puede decir de las otras escenas de acción. Ni siquiera los efectos tipo Matrix logran hacerlas emocionantes. Tal vez lo más molesto sea que en ningún momento parece que los Ángeles estén en peligro. Esto se debe a que los guionistas las dotaron de superpoderes que les permiten esquivar balas y sobrevivir a una caída desde un tercer piso sin sufrir un sólo rasguño. Es cierto que también en las películas de James Bond todos sabíamos quién iba a ganar al final, pero si recordamos la brutal pelea entre Bond y el agente ruso a bordo de un tren en Desde Rusia Con Amor podremos ver que no por esto debe dejar de ser excitante.

Para los que estén dispuestos a soplarse Los Ángeles de Charlie: Al Límite con tal de ver a las actrices escasas de ropa, les informo que sería más aconsejable comprar una revista para caballeros, aunque se trate del estilo soft-soft-soft-soft porno de Maxim. Lucy Liu está enana y bizca y Cameron Diaz parece la hija del Guasón. Las dos tienen el inconfundible look de marciana anoréxica tan apreciado por los diseñadores de imagen, que por alguna extraña razón creen que a los hombres nos gustan los travestis y no las mujeres. La que se salva es Drew Barrymore, probablemente porque al ser una de las productoras no tenía que preocuparse por ser despedida si llegaba al set con medio kilo de más. En cuanto a la ex de Bruce Willis, la mera verdad es que todo el maquillaje y todas las cirugías plásticas del mundo no son suficientes para ocultar el hecho de que Demi Moore ya dió el viejazo.
Como parte de la campaña publicitaria, las actrices no se han cansado de repetir que son amiguísimas y que se divirtieron horrores en la filmación. Chido por ellas. Algo que me hace dudar de la veracidad de esta afirmación es que Bill Murray se negó a repetir el papel de Bosley en la secuela por los problemas que tuvo con Lucy Liu al rodar la primera parte. El encargado de reemplazarlo es Bernie Mac y aunque consigue algunas risas, tampoco es capaz de suplir la falta de ingenio de los guionistas, cuyo máximo logro es incluir a un personaje llamado “Helen Zaas” (en la versión doblada al español le pusieron “Helen Nachas”). Es tan malo el libreto que hasta el ex-Monty Python John Cleese, quien interpreta al padre de Lucy Liu (¡!), está desperdiciado en una subtrama idiota donde le hacen creer que su hija se dedica a vender placer, como en un vil episodio de Tres Son Multitud (Three´s Company).

Como era de esperarse, la banda sonora está atiborrada de éxitos de MTV. No podía ser de otra manera en una película que parece dirigida a un sector del público que tiene 12 años y usa calzones de Hello Kitty. ¿Sería mucho pedir que los encargados de musicalizar la cinta tuvieran un poco de creatividad? Eso de oír Firestarter de Prodigy cada vez que sale una explosión es desesperante. Nada más les faltó poner El Gato Volador en la escena donde las heroínas se escapan en un helicóptero.
Tal vez la única experiencia equiparable a ver Los Ángeles de Charlie: Al Límite en un cine sea estar atrapado en una tardeada en un antro de Satélite, con música hipercomercial puesta a todo volumen, albures de quinta, una alarmante escasez de mujeres encamables y, lo que es peor, sin la posibilidad de embriagarse.
LOS ÁNGELES DE CHARLIE: AL LÍMITE
(Charlie´s Angels: Full Throttle)
Dirección: McG; Guión: John August, Cormac Wibberley y Marianne Wibberley; Producción: Drew Barrymore, Leonard Goldberg y Nancy Juvonen; Fotografía: Russell Carpenter; Música: Thomas Newman; Edición: Wayne Wahrman; Con: Cameron Diaz (Natalie), Lucy Liu (Alex), Drew Barrymore (Dylan), Demi Moore (Madison Lee), Bernie Mac (Bosley), Crispin Glover (Thin Man), Justin Theroux (Sean O´Grady), Robert Patrick (Ray Carter), John Cleese (Munday), Rodrigo Santoro (Emmers), Shia LaBeouf (Max), Matt LeBlanc (Jason), Luke Wilson (Pete).
Estados Unidos, 2003.
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