Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Pecados ocultos (En la ciudad sin límites)

Por: Marco González Ambriz

El empresario farmacéutico Maximiliano Martín (Fernando Fernán Gómez) agoniza en un hotel de París a causa de un tumor cerebral. Es atendido por su esposa Marie (Geraldine Chaplin) y por sus dos hijos mayores, Luis y Alberto, quienes han seguido sus pasos y ahora administran la compañía fundada por el patriarca. Víctor (Leonardo Sbaraglia), el hijo menor, es el único miembro de la familia que ha tomado otro camino, el de la astrofísica, y que en vista de lo grave de la situación regresa de Argentina en compañía de su novia Eileen.

En cuanto Víctor se reúne con su madre y sus hermanos, antes de pasar al hospital, resulta evidente que una de las razones que deben haber impulsado al hijo menor a dedicar su vida a la ciencia y no a los negocios es la posibilidad de escapar de un ambiente familiar cargado de reproches y recriminaciones, donde Marie utiliza a sus propios hijos como peones para hacerse del poder dentro de la empresa.

Es éste un factor determinante para que Víctor preste atención a los esfuerzos que hace Max por comunicarse con alguien ajeno a la familia y que vive en París. Para el resto de la familia es sólo un efecto del frágil estado en el que se encuentra el anciano, incluso los intentos frustrados de Max por salir del hospital son vistos como los desvaríos de un viejo y no como un último esfuerzo por enmendar los errores del pasado por parte de alguien que sabe que la muerte está cerca.

Mientras Víctor hace lo posible por no involucrarse en los conflictos de su familia inmediata -no sin reanudar un romance con su cuñada- empieza a sospechar que la persona con la que Max intenta comunicarse por teléfono existe o existió en realidad y no es sólo un personaje imaginado por el viejo, una combinación de lecturas mal asimiladas y fragmentos de memoria, como insiste Marie.

A pesar del interés de Víctor por ayudar a su padre, existe un obstáculo que parece insalvable. Debido a la enfermedad, Maximiliano confunde los eventos actuales con los de cuarenta años atrás y es posible que la persona a la que esté buscando haya muerto hace décadas. Además, el pasado de Max como militante del Partido Comunista y opositor al régimen de Franco parece estar relacionado con este súbito interés por localizar a alguien con quien no ha tenido contacto en muchos años.

Todo lo cual se conjuga en un drama bien filmado y no exento de interés pero que no justifica el entusiasmo de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de España, que le otorgó varios Goyas. Pecados Ocultos se puede considerar el clásico ejemplo de lo que los encargados de otorgar estos galardones consideran “buen cine”. Un argumento contado con sobriedad, sin efectos especiales ni trucos de cámara demasiado elaborados, sin flashbacks a pesar de que la historia se presta para ello, donde el peso lo llevan los actores y si el reparto incluye a glorias del cine ibérico como Fernando Fernán Gómez y Geraldine Chaplin, mucho mejor.

Sin embargo, la cinta también constituye un muestrario de por qué el “buen cine” en ocasiones se convierte casi en un deber, como hacer la tarea o ir a misa. En su metraje se resume la rutina, la falta de imaginación, el lenguaje cinematográfico demasiado correcto y la negativa a acometer algo más arriesgado. El argumento mantiene el interés del espectador hasta el final pero existe la sensación de que se trata de una fórmula más, la de los acontecimientos sociales y políticos que inciden en los conflictos familiares aunque sea de manera indirecta.

Lo que nos llega de la cinematografía española ya es escaso como para traer este tipo de cintas, que son correctas y contienen buenas actuaciones pero que difícilmente lograrán atraer a un público considerable. ¿No sería mejor que se exhibieran en los cines mexicanos cintas mucho más divertidas como >800 Balas de Alex de la Iglesia, Torrente 2: Misión en Marbella de Santiago Segura o La Gran Aventura de Mortadelo y Filemón de Javier Fesser?

Cuando menos esto serviría para que un mayor número de personas en México le pierdan el asco al cine europeo y deje de pensar que una película española, francesa o italiana sólo es admisible para curar el insomnio. Quienes entren a ver Pecados Ocultos podrán comprobar que este no es el caso… pero tampoco creo que al salir del cine la recomienden con mucho entusiasmo.

PECADOS OCULTOS
(En la ciudad sin límites)
Dirección: Antonio Hernández; Guión: Antonio Hernández, Enrique Brasó; Producción: José Nolla, Antonio Saura; Fotografía: Unax Mendía; Música:Víctor Reyes; Edición: Patricia Enis, Javier Laffaille; Elenco: Fernando Fernán Gómez (Maximiliano Martín), Leonardo Sbaraglia (Víctor), Geraldine Chaplin (Marie), Ana Fernández (Carmen), Adriana Ozores (Carmen), Leticia Brédice (Eileen), Roberto Álvarez (Luis), Alex Casanovas (Alberto), Mónica Estarreado (Beatriz), Alfredo Alcón (Rancel).
España – Argentina, 2002. 125 min.
Participaciones: Premios Goya, 2003 (Antonio Hernández y Enrique Brasó, Goya al Mejor Guión Original, Geraldine Chaplin, Goya a la Mejor Actriz de Reparto, Antonio Hernández, nominado como mejor director, nominada a la mejor película, Víctor Reyes, nominado como mejor música original); Premios del Círculo de Críticos de Cine de España, 2003 (Antonio Hernández, nominado como mejor director, nominada como mejor película, Víctor Reyes, nominado como mejor música original, Enrique Brasó y Antonio Hernández, nominados como mejor guión original, Adriana Ozores, nominada como mejor actriz de reparto).

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