Diez Años Sin Fellini
Posted by Revista Cinefagia on 11/10/03 • Categorized as Cinembargo Se Mueve
Por: Raúl Miranda López
Federico Fellini, ante el atraso de 50 años del cine con respecto a las demás artes, como se menciona en alguno de sus filmes, se dedicó a crear una obra que intentara acortar esta brecha. El legendario cineasta iniciaba su carrera en la misma época en la que el movimiento neorrealista terminaba; sus primeras películas: I Vitelloni, 53; La Strada, 54; Il Bidone, 55; Le Notti di Cabiria, 57, conservan dejos de ese estilo. Fellini era uno de los pocos cineastas que mantenía siempre el derecho de veto en cada una de las fases de producción; fue también, un teórico de la armonía de los colores en el decorado y el vestuario: todas sus películas muestran una estrategia cromática en las que insistía en la gradación plástica de los acentos narrativos (Giulietta degli Spiriti, 65; Satyricon, 69; Il Casanova, 76).
Este personalista excéntrico cuidaba hasta del maquillaje, oficio al que llevó más allá de la gracia de los rostros para construir un mundo estrambótico de divas variopintas. Era además, conocedor de los valores lumínicos, de los patrones de luz con sus implicaciones en los diferentes tipos de espacio; especialista de las lentes de gran escala y maestro de la combinación de zoomings dramáticos y enfoques que remarcan los planos en composiciones barrocas y usaba todas las escalas de encuadre hasta rematar en close ups significativos. Para él, el telephoto era el medio alternativo para estructurar pannings y ángulos enormes, reservando otras variantes de movimientos de cámara para convertirlos en búsqueda y revelación, permitiendo que la cámara escaneara dando detalles, pero nunca ilustrando. Su estilo conlleva el uso del sonido, siempre diegético, pero visualmente no simultaneo: fue así, el inventor, gracias a Nino Rota, de lo que hoy se llama música de películas.
Para la Europa devastada vino el Plan Marshall, llegó la ayuda económica y se crearon industrias fílmicas. Pero ya en los años sesenta al cine europeo se le daba el status de patrimonio cultural nacional, de cara a proteger y competir en algunos mercados contra Hollywood. Fellini, en esa década, al igual que Resnais, Godard, Bergman, Kluge, entre otros, se reconoció como cineasta moderno, desviándose del estilo clásico, abandonando a sus maestros: Germi, Rossellini, Lattuada (de los cuales fue guionista), distanciándose de sus contemporáneos connacionales: Antonioni, Visconti, Pasolini, pero junto a ellos, se abocó en las técnicas y los temas para entrar en lo que se conoció como “art cinema”.
La construcción de esta modernidad cinemática, gracias también, a las obras de Bergman, Bresson, Buñuel: los jóvenes cines de los años sesenta, donde destaca la nouvelle vague, fue largamente fundada y partió del cuerpo de las obras de la última etapa neorrealista, alejándose, de la sobriedad de este estilo, elevándose, como el realizador en crisis de Otto e Mezzo, 1963, a construir elegantes puestas en escena, superando al cine de la fragmentación académica en planos para fundar el cine de la ambigüedad, del distanciamiento y de flagrantes efectos estéticos. El cine de Fellini alcanzó un nivel de profundidad subjetiva, hiperintelectual. Dejaba muy atrás la crítica de que era un cineasta sentimental, reflejo de la democracia cristiana dominante.
Pero il regista nunca dejó de regresar a sus personajes populares (Gradisca, Zampanó, Gelsomina, Cabiria, Saghina, Volpina). Creó un mundo vitalista y sensual, extravagante y colorido, de monjas enanas, escolares fantasiosos que bailan cubiertos por la niebla, tíos alienados que demandan mujer; multitudes: rateros, prostitutas dulces e ingenuas, mujeres adulteras, censores, timadores, indolentes, guapos, gordos enormes, flacos al límite, negros, andróginos, forzudos de circo trashumante, periodistas cínicos, hermafroditas, aficionadas mujeres a las fotonovelas, holgazanes de pueblo, payasos, feministas radicales, estanqueras de abundantes pechos iniciadoras sexuales de adolescentes, supermachos en constante deseo sexual; practicantes de todos los vicios, pecados y malos modales (flatulencias, lujuria, lascivia, defecación, comidas pantagruélicas); no hay renacimiento sin decadencia, decía.
Imágenes continuas del andar-desfile de curas con sotanas negras/blancas/rojas; el mar y los espacios abiertos de la era Panavisión; la puesta en escena de bailes, (las mejores fiestas, reuniones, variedades, fueron filmadas por Fellini), para mostrarnos que los festejos son tristes porque se acaban. Su estilo fundió lo melancólico con lo grotesco, lo patético con la bufonada, de la comedia al dolor para bien describir a la sociedad italiana. Inventor del espectáculo cinematográfico antes del despunte de los efectos especiales. Narrador episódico, dibujante de cómics, gagman, guionista asistido por poetas y periodistas: Tulio Pinelli, Ennio Flaiano, Brunello Rondi, Bernardo Zapponi, Tonino Guerra.
Autor total, al punto de llevar su nombre como título (Fellini Satyricon, Fellini Roma, Fellini Ocho y Medio, El Casanova de Fellini), y de filmarse así mismo (I Clowns, 71; Intervista, 87). Cine de productor (Alberto Grimaldi, Carlo Ponti, Dino de Laurentis); de escenógrafos (Dante Ferreti, Danilo Donati); de editor y actor del mismo apellido (Ruggero y Marcello Mastroianni). Creador de iconos (Anita Ekberg). Recopilador del performance sesentero; todas las formas de escenificación: el teatro, el museo, el cine, la escuela, la calle, el circo, Roma toda. Generaciones de cineastas influenciadas por el maestro: Woody Allen, Rubén Gámez, Bob Fosse, Alejandro Jodorowsky, Juan Ibáñez, Peter Greenaway, Francois Truffaut, Emir Kusturica, Russ Meyer, Pedro Almódovar; sus conciudadanos: Giuseppe Tornatore, los Taviani, Ettore Scola, Ermanno Olmi.
El carnaval y los excesos como reflexión fílmica. Hacedor de películas de estudio: Cinecittá, que desde 1993 ya no ganaría el Oscar ni iría a muestra o festival alguno.
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