Por: Rebeca Jiménez Calero

Es por todos sabido que la industria fílmica hollywoodense ya no da para más en cuanto a creatividad. El país que creara prototipos de los personajes de terror más memorables (recuérdese simplemente al Drácula interpretado por Bela Lugosi o al monstruo de Frankenstein de Boris Karloff), parece no hallar un camino para darle cauce al género; recreando hasta la saciedad fórmulas ya agotadas, como la de los teenagers perseguidos por algún loco asesino (véase como el colmo el remake de The Texas Chainsaw Massacre) o la resurrección de figuras exitosas (Freddy vs. Jason). Ante esta oleada de incoherencias, aún queda un resquicio del mundo al cual se puede voltear para poder ver buen cine de terror y ese lugar es Japón -país consentido de los editores de Revista Cinefagia, por si no se habían dado cuenta-.

Dark Water o Honogurai mizu no soko kara, es el séptimo largometraje de Hideo Nakata, quien en 1998 se hiciera famoso al llevar a la pantalla la adaptación de la novela Ring de Kôji Suzuki. En esta ocasión, otra obra de Suzuki sirve de base para que Nakata nos ofrezca una nueva muestra de cine de terror poco convencional aunque fincado en un miedo primigenio: el que nos inspiran los fantasmas.

Yoshimi Matsubara es una mujer que se encuentra peleando la custodia de su hija Ikuko y se enfrenta al penoso trámite de demostrar que ella sería mejor tutora para la pequeña que el padre de ésta, el cual parece estar más interesado en molestar a su ex-esposa que en cuidar de Ikuko.

Mientras el proceso está en marcha, madre e hija se mudan a un edificio de departamentos un tanto tétrico, de paredes grises y ambiente sombrío. Ya instaladas, Yoshimi descubre una mancha de humedad en el techo de la recámara en la cual se formará una gotera. Así, lo que comienza como un simple desperfecto doméstico -que nadie quiere arreglar, por cierto-, se convertirá en una presencia constante que alterará las vidas de ambas.

El director se apresura en hacernos saber que se trata de una película de terror; desde que Yoshimi e Ikuko llegan a la que será su nueva casa, ocurren otros eventos extraños además de la creciente gotera: las cámaras de vigilancia registran a “alguien” que la gente no ve, una pequeña mochila roja se aparece por doquier sin ninguna explicación, el agua que sale de las llaves es sospechosamente turbia, Yoshimi escucha pasos provenientes del departamento de arriba supuestamente desocupado… Con todo, ellas tratan de seguir con su vida, Yoshimi en su trabajo como correctora de textos e Ikuko en su nuevo kinder. Hasta que la gotera se hace inmensa, por supuesto.

Es difícil de explicar como es que algo aparentemente tan simple pueda provocarnos miedo, pero es precisamente esto lo que hace de Dark Water un filme sumamente interesante. Sin recurrir a efectismos ni a tramas intrincadas, el realizador se aboca a crear una tensión que se acrecenta mientras la historia avanza al tiempo que descubrimos junto con Yoshimi el origen de tantos fenómenos raros, así como la decisión que toma para detenerlos.

Pero más allá de los sustos que provoca, se trata en igual medida de una historia dramática con un trasfondo melancólico. Porque en el fondo, la premisa de Dark Water se basa en ese horrible sentimiento de cuando eres niño y tu mamá no llega a recogerte a la escuela, y ves a tus demás compañeros irse y tú te quedas sólo, en un día lluvioso, esperando. No sé si todo mundo ha experimentado ese miedo de pensar que tu mamá nunca va a llegar, pero es justamente ese temor el que permea todo el filme y pienso que sentimiento más genuino no puede haber. De este modo, Dark Water es una película de terror triste -sé que la combinación parece extraña, pero es la mejor manera que he encontrado para describirla-.

Es de resaltar ciertas similitudes que esta cinta guarda con Ring; ambas tienen como personajes principales a madres jóvenes, sin parejas y responsables del cuidado de sus pequeños hijos. Del mismo modo, las antagonistas (si se les puede designar de esa forma), son niñas que tienen cierta relación con el agua y que parecen haber dejado asuntos inconclusos. Hideo Nakata creó en Ring el que es a mi parecer el espectro más horrible que se ha visto en cine y en Dark Water utilizó elementos similares para ofrecernos momentos realmente inquietantes.

A estas alturas ya deben haber adivinado hacia dónde iba el párrafo inicial. En este momento Hollywood ya prepara un remake de Dark Water para el año entrante con Jennifer Connelly en el papel protagónico, dirigido por el brasileño Walter Salles (Estación Central, Medianoche, Detrás del Sol). Así que para cuando esta nueva versión llegue a las pantallas no hay que irse con la finta de que se trata de una idea originalísima de los gringos (como sucedió con El aro). Hace mucho que eso ya no se les da.

DARK WATER
(Honogurai Mizu No Soko Kara)
Dirección: Hideo Nakata; Guión: Nakamura Yoshihiro, Suzuki Ken-ichi, basado en la novela homónima de Kôji Suzuki; Producción: Ichise Takaper Oz Production; Fotografía: Junichirô Hayashi; Música: Kenji Kawai, Shikao Suga; Edición: Nobuyuki Takahashi; Elenco: Hitomi Kuroki (Yoshimi Matsubara), Río Kanno (Ikuko Matsubara), Mirei Oguchi (Mitsuko Kawai), Asami Mizukawa (Ikuko, adolescente), Fumiyo Kohinata (Kunio Hamada), Yu Tokui (Otha), Isao Yatsu (Kamiya), Shigemitsu Ogi (Kishida).
Japón, 2002, 101 min.
Participaciones: Festival Internacional de Cine Fantástico de Bruselas (Premio Cuervo de Plata), Bélgica 2002; Festival Internacional de Cine de Cataluña, Sitges (Mención Especial), España 2002; Festival Internacional de Cine de Melbourne, Australia 2002; Festival Internacional de Cine de Sydney, Australia 2002; Festival Internacional de Cine de Torino, Italia 2002; Festival Internacional de Cine de Gérardmer (Gran Premio), Francia 2003.