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Cuando la Realidad Resulta Real: Matrix Revoluciones

Aún recuerdo la primera vez que vi The Matrix, fue tiempo después del estreno y lo hice con cierta desgana. Nunca he apreciado el trabajo de Keanu Reeves y la publicidad no me motivó en lo absoluto. En fin, entré, salí y mi vida fue la misma. No había visto un parteaguas en la historia del cine y ni siquiera algo original y novedoso. Fue entretenida, lo acepto, y los efectos ultrajalados me gustaron, pero hasta ahí. Nunca imagine lo que vendría más tarde

Lejos de los discursos culteranos de algunos medios, donde exaltaban el supuesto contenido filosófico de la cinta, ignorando la base cienciaficcioñera de donde proviene, acercándose más a los trabajos de Philip K. Dick que a Platón; o mostrando su desconocimiento de películas similares que surgieron alrededor de aquellos años, como la muy efectiva y precursora de la estética de los videojuegos en el cine Nirvana (1997) de Gabriele Salvatore, o la que cimentó a Alejandro Amenábar como uno de los mejores directores de género, la española Abre los Ojos (1997); The Matrix fue un éxito debido a que fue hecha por y para nerds, sin mayor pretensión que demostrar que cuando una película se hace por gusto y ganas el resultado siempre es bueno. Lo malo estaba aún por llegar.

Era inevitable la aparición de secuelas, pero a diferencia de casos parecidos aquí se estaba fraguando algo más grande. Los rumores hablaban de un secuela y una precuela, una de las dos filmadas en animación, además de novelas, cómics, páginas de internet y música. Todas las formas de comunicación posibles pasarían a formar parte de la Matriz y hubo quien se atrevió a profetizar que estábamos presenciando el origen de algo que dominaría al mundo.

Cuando el velo se quitó, lo que resultó fueron dos secuelas y una serie de cortos animados que formarían el cuerpo del universo Matrix. La segunda parte decepcionó a todos los pseudointelectuales que rabiaban porque no contenía la “carga filosófica” de la primera, haciendo a un lado el festín de arte pop que dicha cinta resultó ser. Las caricaturas complacieron a todas aquellas personas adictas al engaño del anime, aunque siendo sinceros, las dos de Segundo Renacimiento son una maravilla, pero a mi juicio dichas monadas fueron más decepcionantes que Matrix Recargado (cuyo nombre bien traducido debería ser Recargada), que si bien no fue el producto esperado al menos sació mi sed de efectos apantallantes.

Termina la trilogía y con ella el sueño y resulta amargamente gracioso que cualquiera de las historias que los mortales supusimos para esta tercera entrega, después de haber visto la segunda y la Animatrix hubieran sido más entretenidas y originales que el bodrio que resultó ser Matrix Revoluciones.

El problema con ambas secuelas es que no son historias autocontenidas, más bien son una película de cuatro horas que fue partida en dos. Lo malo es que los hermanos Larry y Andy Wachowsky pudieron haber hecho una sola película con lo mejor de ambas, quitando las partes inútiles, las aburridas y las innecesarias, que en el caso de esta última abundan.

En su afán de convencerse de que estaban haciendo otra película de “acción intelectual”, los Wachowski caen presa de sus propias limitaciones y regurgitan todos los clichés del género épico: el infaltable némesis del héroe, cuyo objetivo es dominar el mundo (bueno, en este caso las realidades), la historia de amor trágica (donde por cierto no existe la pasión), la batalla llena de héroes (para los gringos siempre serán los militares y los tontos) y el final más obvio y cursi posible (con arcoiris incluido, en serio).

Pero lo peor son esos diálogos donde a fuerzas quieren darle profundidad a la película, apelando a los discursos de autoayuda y excelencia humana que todas las noches podemos ver (y gratis) en los informerciales, queriendo convencernos de lo mediocres que somos aquellos que creemos en la educación y la cultura como medio para solucionar nuestros problemas.

Las analogías con temas cotidianos no se hacen esperar, en esta caso la religión judeocristiana que educó a los directores sale a relucir y Neo es convertido en un Jesucristo virtual con Judas, María Magadalena y ascensión incluidos, por supuesto que es él quien se sacrifica por toda la humanidad, recemos para que no resucite al tercer día y regrese para una cuarta parte (¿o será capaz de redimirse?… la serie, digo).

La película comienza con una primera hora lenta y aburridísima, con partes del guión que resultan irrelevantes (¿para qué aparece el conductor del tren y toda esa secuencia?), donde la única escena de acción es echada a perder por el abuso de la cámara lenta. La segunda hora mejora bastante, llena de acción y contando una historia más lógica, pero se echa a perder al repetirnos una y otra vez lo poderosos que son Neo y el agente Smith. Sin embargo, en esta parte hay que recalcar que los efectos especiales son una verdadera maravilla, ahora sí los actores realmente vuelan, se parten la crisma como debiera ser y los robots son simplemente asombrosos. Estamos presenciando una probadita de lo que serán los tentáculos del Dr. Pulpo en la segunda parte del Hombre Araña y lo que será el vuelo de Superman si es que alguna vez llega a realizarse la siguiente película.

Si bien desde la primera parte descubrimos que ni Reeves, ni Carrie Anne Moss, ni Lawrence Fishburne son buenos actores, en esta tercera cinta se empeñan en demostrárnoslo. Tiesos, repetitivos y sin emoción alguna se limitan a repetir sus papeles, los cuales ni siquiera tienen el respeto de creérselos. Claro que el guión no ayuda mucho a esto último, pero se supone que son profesionales. Hugo Weaving se salva porque su parte es la más fácil de interpretar, además ya ha demostrado que puede realizar otros personajes sin que se parezcan entre ellos. Por otro lado, Ian Bliss en el papel de Bane nos muestra sus capacidades de imitación, creando un clon perfecto (actoralmente hablando) de el Agente Smith, tan es así que en momentos se sospecha si no será el mismo Hugo Weaving.

Bueno, ahora que toda espera ha terminado y que nos hemos dado cuenta de que nuestras expectativas más bajas hubieran resultado más interesantes que lo que finalmente se filmó solo queda rezar para que sean los Wachowski quienes dirijan una película de Dragon Ball en acción viva -nomás imagínense a Keanu Revees de Goku y a Hugo Weaving de Freezer- pero, por favor, que no la escriban ellos.

MATRIX REVOLUCIONES
(The Matrix Revolutions)
Dirección y Guión: Andy Wachowski, Larry Wachowski; Producción: Grant Hill, Joel Silver; Fotografía: Bill Pope; Música: Don Davis, Ben Watkins; Edición: Zach Staenberg; Con: Keanu Reeves (Neo), Hugo Weaving (Agente Smith), Carrie-Anne Moss (Trinity), Laurence Fishburne (Morpheus), Ian Bliss (Bane), Jada Pinkett Smith (Niobe), Lambert Wilson (Merovingio).
Estados Unidos, 2003, 129 min.

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