21 Gramos

21-gramos-posterAntes que nada tendría que decir que a diferencia de casi todo el mundo Amores Perros no me pareció la gran cosa. Mucha gente se impresionó con la primera historia, que nos muestra los esfuerzos de un grupito de actores fresas por interpretar chavos de barrio, e inmediatamente después se aburrió con las otras dos narraciones, que curiosamente nadie menciona al hablar de esta película. No es que Amores Perros me haya parecido aborrecible, simplemente sigo sin entender las razones para considerarla un nuevo clásico del cine mexicano.

Por lo tanto, no tenía grandes esperanzas con esta segunda cinta de González Iñárritu, aunque no faltan los reporteros que ya la están candidateando para un Oscar, galardón que por otra parte vale lo que se le unta al queso.

Es tan grande la expectativa de ciertos sectores (en los que, insisto, no me incluyo) que hay gente que parece dispuesta a anunciar que 21 Gramos es una obra maestra desde antes de verla.

21 Gramos tiene varios puntos en común con Amores Perros, lo que se explica porque comparten no sólo al director sino al guionista Guillermo Arriaga. En este caso los protagonistas son tres personas que al parecer no tienen ninguna relación entre sí: Paul (Sean Penn), un matemático que agoniza en un hospital, Christina (Naomi Watts), la ahora ejemplar esposa de un arquitecto, y Jack (Benicio Del Toro) un ex-convicto que se convirtió al cristianismo y ahora impone su punto de vista al resto de su familia. Sus vidas se mezclan debido a un accidente de tráfico que tiene consecuencias mortales y a partir de ese momento estas tres personas estarán ligadas irremediablemente hasta llegar a un sangriento desenlace.

Podría explicar con más detalle la trama pero como la principal característica de 21 Gramos es que abandona cualquier sentido narrativo tradicional creo que es mejor decir lo menos posible sobre la historia y hablar más de esta decisión de intentar algo experimental o mamón, según el punto de vista de cada quien (y adivinen de qué lado me pongo).

Sólo voy a decir que la mitad de la película se va en ubicar a los personajes en la trama, que por estar formada por escenas sueltas con una duración de entre 2 y 4 minutos y por alternar entre los diferentes tiempos de la historia en un principio es prácticamente incomprensible. Mientras uno trata de entender si la escena en la que Benicio Del Toro está en la cárcel sucede antes o después de que Christina y el matemático se conozcan y las consecuencias que esto tendría en la trama, se va casi media película.

21-gramos-benicio-del-toro Benicio del Toro en 21 Gramos

Llega un momento, cuando uno tiene toda la información pertinente y ya puede entender lo que está pasando, en el que parece que la película se va a poner interesante, pero como para entonces ya sabemos en qué va a terminar gracias a algunas escenas del principio, todo se vuelve muy aburrido, y así la cinta avanza durante lo que parece una eternidad, mientras el espectador checa el reloj cada cinco minutos y voltea a todos lados hasta que aparece la escena correspondiente al final de la historia y la única reacción es “ah, ya se acabó, vámonos”.

Es muy sintomático que, al menos en la función que me tocó, 21 Gramos no despertó el interés ni siquiera de aquellos que iban dispuestos a echarle porras por muy mala que fuera con el pretexto de que como el director es mexicano nuestro deber es apoyarlo como buenos patriotas. Por lo visto, la estructura de la cinta y el desenlace anticlimático decepcionó incluso a estos sujetos, ya que al finalizar la proyección, cuando yo esperaba una lluvia de aplausos, no pasó absolutamente nada y todos salieron en silencio. Ninguna muestra de entusiasmo, ni de satisfacción, sólo la sensación de que la obligación de ver el regreso de González Iñárritu estaba cumplida y a otra cosa, como quien dice: aquí se rompió una taza.

Leyendo las reseñas que se le han hecho a 21 Gramos en Estados Unidos, veo que a muchos críticos les parece que esta narración afásica es uno de los grandes aciertos de la película. En esto tengo que disentir con lumbreras como Elvis Mitchell del New York Times. No me parece que el argumento justifique la decisión de desarticular lo que en esencia es una historia sencilla. Más bien creo que los comentaristas que han prodigado elogios lo han hecho porque se sienten obligados a hablar bien de una cinta que aborda temas “importantes”, como lo son el destino, el amor y el remordimiento.

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Naomi Watts en 21 Gramos

En años recientes pareciera que en este afán por encontrar nuevos rumbos para el cine la regla de oro de los cineastas clásicos (”A good story, well told”) se ha desechado sin otra razón que la novedad de romper la secuencia lógica de los acontecimientos. Ejemplos de películas donde la deconstrucción sí está justificada los tenemos en Memento, un ingenioso acertijo mental que plantea el problema de la relación entre memoria e identidad, y en Irreversible, la devastadora meditación sobre el destino de Gaspar Noé. No faltará quien quiera comparar a 21 Gramos con estas dos cintas, pero hay que ser honestos, dejar de lado el patrioterismo, y reconocer que la obra de González Iñárritu no está a la altura de la de Christopher Nolan o la de Gaspar Noé.

En el caso de 21 Gramos, la estructura narrativa parece un intento por dotar de mayor gravedad a los diálogos y las situaciones que nos hablan del peso de la culpa, la predestinación y el encuentro amoroso y no lo consigue porque las escenas parecen editadas al azar. Al menos a mí me fue imposible detectar un leit motiv que sirviera para hilvanar los fragmentos que componen la cinta. Los personajes no tienen mayor sustancia que la que le otorgan sus muy capaces intérpretes y aquí habría que dejar muy en claro que en el caso de Benicio Del Toro, Melissa Leo, Sean Penn y Naomi Watts la hipérbole se ajusta a los hechos.

Repito, los Oscares me valen sombrilla, pero estoy de acuerdo con los publicistas en que la actuación de Benicio Del Toro merece un reconocimiento. Melissa Leo no tiene el cartel que tienen sus coestelares lo que no impide que su interpretación de la esposa cuya lealtad se sobrepone a cualquier código moral también sea lo más recomendable de 21 Gramos. Naomi Watts y Sean Penn merecen todas los alabanzas que la maquinaria publicitaria de Hollywood puede crear sólo por ser capaces de darle vida a los dos clichés del nuevo cine mexicano que les tocó en suerte: el de la mujer que hace exigencias irracionales a cambio de amor y el del hombre que se lanza en un busca de algo que ni él mismo acierta a explicar. In this case, you can believe the hype.

Todo es inútil. Lo caótico de la edición reduce lo que podrían ser momentos muy intensos a piezas de un rompecabezas en el que el director retiene la mayor parte. En algunos casos los actos de los personajes nunca se llegan a explicar (¿por qué Christina decide no levantar cargos?, ¿por qué Paul insiste en conocer a Christina?). No se trata de acciones secundarias o a las que se haga referencia de manera tangencial, sino que hay varias lagunas en la historia que nos impiden conocer los motivos que estas personas tienen para realizar actos de muy graves consecuencias. Tal vez el error más grande es que nunca llegamos a entender por qué Christina acepta el acercamiento de Paul.

Es probable que viendo la película una segunda ocasión, ya conociendo los ejes de la trama, se pueda disfrutar más de las actuaciones y de los elementos técnicos, que sí son muy buenos, pero ¿se justifica esto diciendo que es cine de arte y por lo tanto de difícil comprensión o más bien se trata de una artimaña del realizador para ocultar lo flojo del guión?

Al decir esto tengo que ser muy cuidadoso y hasta reiterativo para no ser acusado de inculto o de crímenes de lesa patria por parte del contingente de críticos que están hablando muy bien (hay que decirlo) de 21 Gramos. Lo mejor que puedo hacer para salir bien librado es sacar a relucir alguna cita de una eminencia de la crítica (francesa, de preferencia) para fundamentar mi opinión. Por una feliz coincidencia hace un par de días me encontré una sentencia de Christian Metz que resume lo que pienso de 21 Gramos. Es un recurso barato, lo sé, aunque muy utilizado por los académicos, así que ahí les va la siguiente oración de Metz, al que nadie podría acusar de light, aparecida originalmente en el Cahiers du Cinema de diciembre de 1966: “Una infracción demasiado clara de la codificación tal y como existe en un momento dado tiene como sanción la ininteligibilidad, para la mayoría del público, del sentido literal de la película”.

Al comentar una película siempre se debe evitar dar instrucciones a los cineastas. A fin de cuentas, ¿qué le puede importar a cualquier director la opinión de un crítico muerto de hambre? Sin embargo, como la coherencia no es uno de mis puntos fuertes me voy a atrever a hacerlo: González Iñárritu debería entender que la deconstrucción es un privilegio, no un derecho.

Sitio Oficial: www.21-grams.com

21 GRAMOS
(21 Grams)
Dirección: Alejandro González Iñárritu; Guión: Guillermo Arriaga; Producción: Alejandro González Iñárritu, Ted Hope, Roberto Salerno; Fotografía: Rodrigo Prieto; Música: Gustavo Santaolalla; Edición: Stephen Mirrione; Elenco: Sean Penn (Paul Rivers), Naomi Watts (Christina), Benicio Del Toro (Jack), Charlotte Gainsbourg (Mary), Danny Huston (Michael), Clea DuVall (Claudia), Melissa Leo (Marianne Jordan).
Estados Unidos, 2003, 125 min.
Participaciones: Festival de Venecia, 2003 (Benicio Del Toro, premio del público al mejor actor, Naomi Watts, premio del público a la mejor actriz, Sean Penn, Copa Volpi al mejor actor, Naomi Watts, premio Wella, Alejandro González Iñárritu, nominado al León de Oro).

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