Tormenta de muerte (El ojo del huracán)
Por: Marco González Ambriz
La policía del Distrito Federal está desconcertada por una serie de homicidios que han diezmado al hampa de la ciudad. Al parecer esto es la obra de un sólo hombre, que además de ser un experto francotirador, es un maestro de las artes marciales y un asesino capaz de evadir las más estrictas medidas de seguridad. También tiene la extraña costumbre de marcar la escena de cada crimen con un graffiti en forma de ojo, por lo que es bautizado como El Vigilante por un reportero sin imaginación. Los detectives Durán (Gerardo Vigil) y Martínez (Gilberto de Anda) en un principio creen que el responsable debe ser un ex-policía, pero la investigación da un giro sorprendente cuando el principal sospechoso resulta ser José Luis Peralta (Sebastián Ligarde), un abogado invidente…
La anterior descripción hace que este videohome parezca un mero fusil de Daredevil, el intento fallido de adaptar al personaje del cómic y de paso convertir a Ben Affleck en superhéroe. Tormenta de Muerte también tiene como personaje principal a un abogado ciego que lleva una doble vida como juez y verdugo de los criminales que hacen de las suyas en la ciudad, de modo que sería lógico suponer que se trata de una copia hecha a toda prisa para beneficiarse de la publicidad del estreno hollywoodense.
Un sólo dato basta para desmentir esta hipótesis: Tormenta de Muerte salió al mercado en 1997, anticipándose en varios años a la producción gringa. Antes de congratularnos por la creatividad del mexicano, que le permite enfrentar a las costosas producciones extranjeras, cabe señalar que la idea de un héroe invidente ya se había filmado con anterioridad. El ejemplo más conocido es Blind Fury (Furia Ciega, Philip Noyce, 1989), donde Rutger Hauer interpretaba a un veterano de Vietnam que perdía la vista pero a cambio adquiría el dominio de la espada. Menos conocida es la serie japonesa de los 60 que contaba las hazañas del samurai ciego Zatoichi, misma que llegó a contar con más de 10 películas.
No es extraño que los realizadores de películas de acción prefieran a héroes en apariencia débiles. ¿Qué mejor para lograr la identificación del público que un héroe que a pesar de sus debilidades derrota a los villanos? También se han filmado historias de espadachines mancos o que se sobreponen a otros obstáculos. Tal vez el caso más extremo sea Crippled Masters, cinta de artes marciales en la que un hombre sin brazos se unía -literalmente- a uno sin piernas para combatir a un gobernador corrupto.
En el caso de Tormenta de Muerte esta intención de presentar al héroe como el defensor de los desprotegidos se revela cuando El Vigilante afirma, no sin cierta megalomanía, que su misión consiste en “limpiar la ciudad de la inmundicia que la corrompe”. Por descabellada que sea la idea de que un sólo justiciero pueda atemorizar a todos los criminales de la Ciudad de México, el Vigilante casi lo logra. En tan sólo 90 minutos el héroe acaba con narcotraficantes, pandillas juveniles, tratantes de blancas y hasta polleros.
A decir verdad, este videohome desaprovecha uno de los aspectos más interesantes de la trama, que es la forma en que una persona invidente podría llegar a convertirse en un temible asesino. Mientras que en Blind Fury y en Daredevil esto se explicaba con un riguroso entrenamiento y con un extraño accidente con sustancias químicas, respectivamente, aquí José Luis Peralta se limita a explicar que posee unos misteriosos lentes oscuros que le permiten ver. Dice ignorar el mecanismo que permite su funcionamiento y afirma que para hacerlo tendría que ser un experto en neurofisiología y en física cuántica. Recurso barato de los guionistas para ahorrarse trabajo.
Por otro lado, Tormenta de Muerte repite un error de casi todo el cine policiaco que se hace en México, que es no respetar una secuencia lógica en la investigación que hacen los personajes. Mientras que las películas del género hechas en otros países procuran dar indicios sobre la forma en que los investigadores resuelven el caso, aquí los detectives Durán y Martínez recurren al método tradicional de los policías del cine mexicano, que consiste en echar una ojeada a la escena del crimen y decir cosas como: “Esto reduce la lista de sospechosos a siete”. ¿Cómo lo saben? Misterio. A menos que tengan superpoderes estilo Kaliman, uno no se explica cómo es que estos policías se las ingenian para siempre resolver los crímenes.
Sabemos que los recursos con que cuentan los productores de videohomes son muy limitados, por lo que las escenas de acción difícilmente se pueden comparar con lo que se hace en otros países. Aún así, en Tormenta de Muerte se dejan pasar varias oportunidades por hacer algo más espectacular. El ejemplo más claro de esto es cuando el Vigilante toma por asalto la residencia de un criminal experto en artes marciales, que se hace rodear por otros sujetos igualmente peligrosos. Cuando parece que vamos a ver algo interesante, el Vigilante elimina a los guardaespaldas con una facilidad pasmosa, hace lo mismo con el cabecilla de la banda y justo cuando se enfrenta a un oriental que parece un rival más serio, pasamos a otra cosa y nunca nos enteramos de lo que sucedió.
A favor de los realizadores se puede decir que Tormenta de Muerte tiene un buen ritmo, gracias a que las escenas de acción son cortas (a veces demasiado) y no como en otros videohomes, donde se incluyen interminables balaceras que terminan por aburrir al espectador. Este video también es una muestra del tradicional ingenio de los productores de videohome al usar locaciones poco costosas como bodegas y oficinas. Fuera de algunos travellings innecesarios en la oficina del capitán Carmona, la película está bien filmada, sin ser tampoco un dechado de arte cinematográfico.
Algo que también ayuda mucho a hacer llevadera la cinta es la presencia de actores como Salvador Pineda, Carlos Cardán o Gerardo Vigil, que afrontan sus papeles con seriedad. Un caso extraño es el de Olivia Rex, que según los créditos tiene una “actuación especial”, pero que tiene una participación mínima, con tan sólo dos líneas de diálogo y un par de escenas en minifalda para lucir pierna.
TORMENTA DE MUERTE
(El Ojo del Huracán)
Dirección: Gilberto de Anda; Guión: Walter Fuentes y Gilberto de Anda; Producción: Orlando R. Mendoza; Fotografía: Mario Becerra; Música: Network; Edición: Gilberto de Anda y Nacho Chiu; Con: Sebastián Ligarde (José Luis Peralta), Salvador Pineda (Víctor Carmona), Gerardo Vigil (Durán), Gilberto de Anda (Martínez), Angélica Rosado (Susana Méndez), Jaime Gerner, Miguel Gurza, Roberto Munguía, Raúl Tovar, Carlos Cardán, Olivia Rex.
México, 1997.
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