Las Tinieblas de la Valkiria: Apocalipsis Ahora
Por: José Luis Ortega Torres
Más allá de la razón humana existen tinieblas donde la cordura se diluye. Más allá de la razón humana el anhelo de ser el Todopoderoso parece obtener forma. Cuando en el transcurso de la vida se escalan peldaños cada vez más altos y se cumplen metas que parecerían imposibles, la línea que marca el límite de lo permisible se borra con tan sólo soplar.
La cordura extraviada lleva al hombre a realizar acciones aparentemente descabelladas, siempre con el fin de mantener su humanidad intacta, aunque algunas veces no quede ya el menor rasgo de ésta. Sin embargo, siempre existe la posibilidad de enfrentar los demonios internos en busca de reponer el orden real de las cosas, o por lo menos el orden social. Imponer ese orden a través de cualquier medio le permite al hombre, por fin, la posibilidad de sentirse superior. Sentirse y erigirse regidor y, ¿por qué no?, hasta Creador.
En este pequeño e insignificante planeta todos jugamos alguna vez a ser Dios. Para lograrlo, ningún contexto mejor que el de la guerra, donde el juego se extiende hasta disponer de la vida de otros seres humanos. Vietnam fue un buen ejemplo. En aquella región asiática dioses anglosajones exterminaron a seres que creían inferiores -amarillos, que caray. En medio de una lluvia de balas y la celestial cabalgata de la muerte anunciada por Die Walküre, excelsa ópera de Wagner escupida por los amplificadores colgados a los helicópteros, decenas de vietnamitas perecen por el capricho que alguien tuvo por apropiarse de una costa con inmensas olas.
La descripción corresponde a una de las secuencias mejor lograda en la historia del cine bélico, perteneciente a la ya clásica cinta Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola. Aquí nos damos cuenta que cada uno de los personajes juega el papel de pequeños dioses. Eso son los miembros del consejo militar que ordena al Capitán Willard (Martin Sheen) exterminar el “perjuicio extremo” en que se ha convertido el enigmático Coronel Kurtz (Marlon Brando), quien a su vez es el Dios que todo lo puede dentro de la selva camboyana.
El misterio que rodea a la figura del legendario militar Kurtz obsesiona a Willard al grado de otorgarle un aura mística de poder. Sus logros en el ejército hablan de un superhombre que ha dado el paso natural para convertirse en una deidad. Fotos en penumbras, palabras proféticas y una lealtad fanática por parte de sus “súbditos” en ese nuevo edén así lo confirman.
Pero, para llegar hasta su templo, Willard debe atravesar el infierno de la línea de guerra. Auxiliado por un pequeño grupo de marines, navegará por ríos y lagos vietnamitas esquivando todo tipo de peligros mientras se encuentra consigo mismo, descubriendo el miedo-respeto que siente hacía Kurtz.
Obligado a recurrir en primer instancia al teniente coronel Kilgore (Robert Duvall), descubre que es un obsesionado del surfing, que al descubrir a Lance (Sam Bottoms), campeón americano de surf en el equipo de Willard, decide surfear. Para cumplir su antojo destrozará una pequeña villa donde las olas son espléndidas. Montados en las alas de la tormenta, el acercamiento a la guerra no podría ser más épico. Más que surfear, lo que en realidad busca Kilgore es sentirse vivo y americano, incluso estando a un paso del infierno. La tabla de surf como símbolo de supervivencia mental. Perderla es extraviar también la conciencia de quién es él.
Aferrarse a pequeños objetos adquiere el matiz de acto de fe. Pósters de Playboy, radios, amuletos, lo que sea con tal de saberse humanos, incluso un pedazo de tierra donde inmigrantes galos han hecho una vida en medio del fuego y la destrucción, allí, donde el terror y la visión divina de una Venus siempre dispuesta se funden bajo un mismo techo, oculto entre la pesada niebla.
Una mujer amante carente de amor, siempre expectante, encontrará en Willard la dicotomía eterna de la humanidad. El salvador y el ejecutor; el milagro y la pesadilla, dos caras de la misma moneda que el Capitán no quería aceptar de sí mismo y que lo acercan cada vez más al temido Kurtz. Tal vez ambos pertenecen a la misma especie.
En las regiones más apartadas de la selva los soldados hacen fuego sin tener la menor conciencia de que frente a ellos ya no hay nadie. Estados catatónicos donde la sangre y el fuego es el alimento de cada día, aunque al parecer se encuentren en medio de una noche eterna. Humanidad, razón, valores, piedad; palabras olvidadas porque ya no tiene ningún sentido ser pronunciadas.
La negra máscara del miedo debe ser removida. Las Tinieblas de la Valkiria dan paso al infierno en la tierra. Kurtz está aquí, en medio de su reino, y hasta ese lugar ha llegado Willard, no sin pagar el costo con la vida de sus acompañantes. Por fin, frente a frente, conociendo la locura en su estado puro, aunque quizás es este el momento más cercano a la cordura. Eso es lo que más atemoriza a Willard quien aun seducido-reflejado-asustado por la personalidad del Coronel, ejecuta su orden primaria, aquella que tanto dolor y dudas le ha infligido. Al fin y al cabo aquel omnipresente Kurtz no es más que un hombre -ambos lo son- y como tal deberá caer. El juego de dioses ha terminado.
APOCALIPSIS AHORA
(Apocalypse Now)
Dirección y Producción: Francis Ford Coppola; Guión: John Millius y Francis Ford Coppola, inspirados en la novela “Heart of Darkness” de Joseph Conrad; Fotografía: Vittorio Storaro; Música: Carmine Coppola, Francis Ford Coppola, Mickey Hart, The Doors y fragmentos de la opera “Die Walküre” de Richard Wagner; Edición: Lisa Fruchtman, Gerald B. Greenberg, Richard Marks, Walter Murch; Con: Marlon Brando (Coronel Walter E. Kurtz), Martin Sheen (Capitán Benjamin Willard), Robert Duvall (Teniente Bill Kilgore), Frederic Forrest (Chef), Laurence Fishburne (Mr. Clean), Sam Bottoms (Lance Johnson), Dennis Hopper (fotógrafo)
Estados Unidos, 1979 153 min. ( versión redux 202 min.)
Participaciones: Festival de cine de Cannes (Premio FIPRESCI), Francia 1979; Premios Óscar a Mejor Fotografía y Mejor Sonido, Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Holywood, Estados Unidos 1980; Premios BAFTA a Mejor Director y Mejor Actor de Soporte (R. Duvall), Academia Británica de Cine y Televisión, Gran Bretaña 1980; Premio David a Mejor Director Extranjero, Entrega de Premios David di Donatello, Italia 1980; Premios Globo de Oro a Mejor Director, Mejor Actor de Soporte (R. Duvall) y Mejor Música Original, Estados Unidos 1980; Premio Pantalla de Oro a Mejor Película, Alemania 1980; Premio al Filme del Año, Círculo de Críticos Cinematográficos de Londres, Inglaterra 1981
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