Revista Cinefagia

revistacinefagia.com

En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

La flor del mal (La fleur du mal)

flor-del-malPor Rebeca Jiménez Calero

Alguna vez platicando acerca de la teoría de autor, recuerdo que alguien dijo que un autor siempre filma la misma película. Es decir, una vez que se mira y analiza la obra de un cineasta, se cae en cuenta de que aunque las historias puedan ser distintas, la esencia de éstas (las grandes premisas) es siempre la misma. Es así como esta teoría sustenta que las películas de John Ford, Alfred Hitchcock, Akira Kurosawa, Ingmar Bergman o Luis Buñuel (por mencionar algunos ejemplos) poseen características distintivas que conforman una obra y que reflejan las preocupaciones de cada director en particular.

Hace ya muchos años que Claude Chabrol se ganó el título de autor; su carrera comenzó al lado del grupo de jóvenes de la nouvelle vague o nueva ola francesa. Su primer filme, El Bello Sergio, data de 1958 y desde entonces no ha parado de realizar la misma película. Por supuesto que esta afirmación no debe entenderse de una forma negativa, por el contrario, debe de verse como la afirmación de un cineasta que hoy, a sus 73 años, continúa fiel a sus intereses y a su estilo.

Si bien sus consideradas “obras maestras” -La Mujer Infiel (1969) y El Carnicero (1970)- fueron realizadas antes de que muchos de los colaboradores de esta revista naciéramos (no digo quienes sí ya habitaban este planeta para no quemar a nadie), es agradable, al menos para quien esto escribe, poder ver sus filmes más recientes y encontrar siempre cosas rescatables.

arti009a

El título que nos ocupa, La Flor del Mal, posee todos los elementos chabrolianos: una familia burguesa, un crimen, pasiones encontradas y una fina hipocresía que nos quiere hacer creer que todo está bien. El joven François (Benoît Magimel, el espléndido Walter Klemmer de La Pianista) regresa a Francia tras una estadía de cuatro años en Estados Unidos. Es recibido por su padre Gérard (Bernard Le Coq) quien lo pone al tanto de las vidas de su esposa Anne (Natalie Baye), de la hija de ésta, Michèle (Mélanie Doutey) y de la tía abuela Line (Suzanne Flon). Gérard manifiesta a su hijo su preocupación acerca del interés de Anne por ser alcaldesa, pues no ve con buenos ojos sus aspiraciones políticas ni su amistad con Mathieu (Thomas Chabrol), su asistente y mano derecha.

Éste último trae a la familia una mala noticia: ha estado circulando un panfleto anónimo para desprestigiar a Anne. En él se denuncia la “costumbre” de los Charpin-Vasseur de casarse entre ellos, el “accidente” en el que murieron los anteriores esposos de Anne y Gérard y un asesinato cometido en 1944. Todos tratan de no darle demasiada importancia, pero los jóvenes François y Michèle sospechan que el responsable de dicha difamación es alguien perteneciente a la familia. Al mismo tiempo, ellos parecen continuar con la “tradición” familiar de entablar una relación amorosa, pues si bien son hermanastros, también son primos en primera generación.

Suena complicado, lo es en el sentido de tratar de establecer la conexión que existe entre todos los miembros de la familia, sin embargo, el gran tema, ese que subyace por debajo de la trama, es el de la transferencia de la culpa. Un crimen que fue cometido por motivos oscuros y que nunca fue castigado, es en realidad el eje de la historia de los Charpin-Vasseur que rige su trágico destino, el cual parece transmitirse como una enfermedad de generación en generación, como reza el slogan de la película.

arti009b

El tono de la obra de Chabrol ha sido siempre el mismo -una especie de thriller psicológico-, en la cual resultan más inquietantes los motivos de los criminales que el crimen por sí solo. Más aún tratándose de personajes sin problemas aparentes -la mayoría pertenecen a familias adineradas, de buena posición social, con negocios propios, algunos incluso artistas (como en Gracias por el Chocolate o En el Corazón de la Mentira), que ni siquiera sufren por el stress de la ciudad, pues viven en la agradable campiña francesa-. ¿Qué puede andar mal para que en este ambiente tenga lugar un asesinato? Y no, no es el dinero, eso sería demasiado fácil. Claude Chabrol prefiere utilizar sentimientos más complicados que la avaricia: la inseguridad, la duda, los celos, el amor, el remordimiento, el peso del pasado o del presente continuo, como dice la tía Line.

Para finalizar, me gustaría resaltar una cualidad que posee La Flor del Mal: es del tipo de filmes que uno trata de seguir descifrando aún después de finalizada y que da para una buena charla al salir del cine. En mi caso, tuve que recurrir a la página oficial (www.mk2.com/fleur) para poder entender el árbol genealógico de los Charpin-Vasseur, así como el panfleto difamatorio y llegar plenamente al meollo del asunto (me pareció maravilloso que el sitio proporcione dicha información).

LA FLOR DEL MAL
(La Fleur du Mal)

Dirección: Claude Chabrol; Guión: Claude Chabrol, Caroline Eliacheff, Louise L. Lambrichs; Productor: Marin Karmitz; Fotografía: Eduardo Serra; Música: Matthieu Chabrol; Edición: Monique Fardoulis; Elenco: Nathalie Baye (Anne), Benoît Magimel (François), Suzanne Flon (Tía Line), Bernard Lecoq (Gérard), Mélanie Doutey (Michèle), Thomas Chabrol (Matthieu) .

Francia, 2003   -   104 min.
Participaciones: Festival Internacional de Cine de Berlín, Alemania 2003

Tagged as: , , , ,

Comments are closed.