Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Dioses y Monstruos (Gigantes). Gamera, Guardián del Universo.

Por: Rodrigo Vidal Tamayo R.

Después del éxito que supuso el debut de Godzilla, que iniciara con Gojira (1954) de Inoshiro Honda (película imposible de conseguir en occidente en su versión original, sin los agregados gringos incluyendo el mítico nombre), era inevitable que surgieran miriadas de productos dispuestos a reclamar su porción de taquilla con la misma fórmula de monstruos gigantes (kaiju, en japonés) elaborados con disfraces de cuerhule, con un actor desconocido dentro de ellos destrozando maquetas de Tokio a placer. Así, en 1965 la Daiei, productora de cine comercial y principal competidora del imperio Toho (creadora de Godzilla) decide fabricar una criatura similar pero diferente, naciendo así Gamera, la tortuga gigante voladora.

A diferencia del original, Gamera fue un producto dirigido casi exclusivamente a los niños, teniendo siempre algún infante como compinche o motivo de lucha, razón por la cual sus filmes siempre fueron minimizados, aunque algunos no sean para nada malos. De hecho, las cintas de Gamera fueron la típica matiné del Cinito del Tío Gamboín y de los domingos por la mañana en canal Once, y muchos recordarán haber visto alguna vez a este enorme quelonio surcar los aires con algún infante montado en su espalda.

En 1980 y después de ocho películas se cerró la producción de capítulos en la saga de la tortugota, ya que se consideró agotado el filón, amén de la sobreexplotación del género, que ya había caído en ridiculeces, donde ni siquiera Godzilla era capaz de mantener las ganancias esperadas.

Fue hasta 1995 que la compañía decidió revivir al monstruo, pero dándole un giro total, enfocando la historia hacia un público más exigente y “maduro”, sin insultar su inteligencia. Para tal fin contrataron al director Shusuke Kaneko, quien es reconocido por sus atmósferas oscuras y facilidad para contar historias (lo que le valió para que Bryan Yuzna lo llamara para filmar un segmento de la cinta Necronomicon, basada en cuentos de H. P. Lovecraft).

Con un guión de Kazunori Ito, quien no olvidó las raíces del quelonio y bautizada como Gamera, Guardián del Universo, el nuevo filme sorprende a propios y extraños al presentar una historia cargada de acción, horror, humor negro y efectos especiales a la altura de las películas gringas, pero yendo más allá de su simpleza e ingenuidad, pues aunque su presupuesto fue mucho menor que el promedio gringo, es obvio que fue mejor manejado.

La historia comienza con el hallazgo de un islote flotando en el Océano Pacífico, al examinarlo, la tripulación de un barco japonés encuentra un extraño menhir y cientos de runas hechos de un material desconocido. Al mismo tiempo una isla es atacada por unos pájaros gigantes que comen carne humana. Cuando dichos pajarracos amenazan con invadir las principales islas del Japón, Gamera sale de su letargo milenario dispuesta a defender al planeta de lo innombrable, aunque la gente piense que ella es el enemigo.

Para esta película se decidió revivir a uno de los villanos clásicos: Gyaos, una mezcla de ave y reptil ahora convertida en una especie criptozoológica ( de esas que no se ha demostrado su existencia pero las leyendas los reifican) con una biología detallada y bastante apegada a la realidad, pues como buen ave se aparea con una sola pareja y cuida de su descendencia, cuyas motivaciones para hacer el “mal” no son la conquista del mundo, ni su destrucción, ni las ganas de joder. Su antagonía con Gamera surge de un auténtico instinto de supervivencia, además de la imposibilidad ecológica (atención: no ecologista) de que la Tierra mantenga a varios organismos gigantes.

Las peleas entre la poderosa Gamera y los terroríficos Gyaos son más que espectaculares y tremendamente realistas, puede observarse como muere gente inocente aplastada bajo miles de kilos de escombros o las patas de alguno de los monstruos o incinerada por una de las bolas de fuego lanzadas por el defensor de la Tierra. Además de las bellas y aterradoras escenas donde Gyaos hace un nido en la Torre de Tokio o cuando ataca por primera vez al guardián del universo, logrando herirlo.

Como era de esperarse los disfraces son algo notorios, aunque no tan rudimentarios como los de las décadas pasadas. El de Gamera tiene un diseño bastante parecido al original pero resulta más imponente. Gyaos se ve asombroso en las escenas de vuelo (en algunas se usaron títeres), pero cuando pelea en tierra se ve un poco ridículo, acorde a como se movería si de veras existiera, lo cual se compensa con la calidad del resto de la película. Las maquetas también son un poco hechizas (aunque no tanto como las de los Power Rangers) pero quedan perfectas para los efectos de explosiones y destrucción.

Mención honorífica merece el personaje principal Mayumi Nagamine (Shinobu Nakayama) quien además de ser una mujer inteligente, capaz y comprensiva es bióloga (lo cual podría explicar todos los atributos anteriores) y es la única que entiende el papel que desempeña el gran quelonio en el mundo. Resulta interesante que sea la cultura japonesa, reconocida por su misoginia abierta y campante, quien sea la encargada de redimir el papel de la mujer a través de su cinematografía (nomás vean Ring, Parasite Eve o Freeze Me).

Por todo lo anterior y por ser tremendamente absorbente, envolvente, emocionante e inteligente esta película fue considerada el “Ciudadano Kane ” de los monstruos gigantes. Lo que nadie sabia era que solo fue el comienzo de una de las mejores sagas de todos los tiempos, secundada por dos continuaciones cada una mejor que la anterior… pero ya se hablará de ellas en su momento.

GAMERA, GUARDIÁN DEL UNIVERSO
(Gamera Daikaiju Kuchu Kessen)
Dirección: Shusuke Kaneko; Guión: Kazunori Ito; Producción: Tsutomu Tsuchikawa; Fotografía: Kenji Takama, Junichi Tozawa; Música: Ko Otani; Edición: Shizuo Arakawa; Elenco: Tsuyoshi Ihara (Yoshinari Yonemori), Akira Onodera (Naoya Kusangi), Shinobu Nakayama (Mayumi Nagamine), Ayako Fujitani (Asagi Kusanagi), Yukijiro Hotaru (Osako), Hatsunori Hasegawa (Satake), Hirotaro Honda (Saito).
Japón, 1995, 96 min.
Participaciones: Premios de la Academia Japonesa, 1996 (Shinobu Nakayama, nominada como mejor actriz de reparto).

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