Del Papel al Celuloide: American Psycho (segunda parte)
Posted by Revista Cinefagia on 10/06/03 • Categorized as Cinembargo Se Mueve
Por: Mauricio Matamoros
Desde luego que la naturaleza del libro, y todo el teatro que provocó, lo convirtieron tanto en combustible para una adaptación en cine, como para mantenerlo lo más alejado de ese medio.
Además, como se vio en la adaptación cinematográfica que el director Marek Kanievska hizo a Less Than Zero, la obra del autor es presa fácil para dosificarse tanto en texto como en imágenes, restándole gran peso al original.
No así, directores como David Cronenberg mostraron un interés temprano por American Psycho, aunque no fue sino hasta el año de 1996 cuando el productor Edwar R. Pressman anunció que la directora Mary Harron (conocida en ese momento por su film I Shot Andy Warhol) sería la encargada de llevar a cabo la adaptación de la controvertida novela, proyecto que desde 1992 Pressman tenía en mente.
Al igual que lo provocado por la fuente original, este proyecto fílmico se encontraría con infinidad de problemas, antes y durante su filmación. En 1998, después de que Harron ya tenía formado su elenco para la cinta y que había escogido a Christian Bale para el papel protagónico (a quien quizá nadie lo recuerde como el niño en El Imperio del Sol, y probablemente sí lo identifiquen como el reportero en la incomprendida Velvet Goldmine, película que dramatiza la relación entre David Bowie e Iggy Pop, y que, curiosamente, al igual que I Shot Andy Warhol, únicamente pudo verse en México gracias al Festival Mix de Diversidad Sexual), las cosas cambiaron de pérfil cuando el superactor de cara bonita Leonardo Di Caprio decidió que estaba interesado en el proyecto, provocando que el presupuesto original de 8 millones de dólares creciera a 40 millones, y que Harron saliera junto con Bale al no estar de acuerdo en los cambios. Oliver Stone fue quien entró al quite pero pronto abandonó la embarcación cuando el ídolo juvenil se espantó ante tanto alboroto.
Afortunadamente, para todos, las cosas volvieron a la normalidad, a su presupuesto inicial, y al mismo reparto, con Willem Dafoe como el detective Donald Kimball, Chloe Semigny como la secretaria Jean, y por supuesto, Bale como Bateman, entre otros.
Desarrollado en Toronto, Canadá, el rodaje se hizo de una mala publicidad cuando en medios se reportó de supuestas protestas por parte de grupos de gente que no estaban de acuerdo con la filmación, pues algunos años atrás se arrestó a Paul Bernardo, violador y asesino al que se le había enjaretado American Psycho como su Biblia personal; no obstante, tanto Harron como Bale, han asegurado que esas manifestaciones durante la filmación no han sido más que leyendas urbanas.
Y ahora que finalmente se ha visto la película, cómo ha sido el veredicto: ha sido dividido, porque desde luego que una adaptación tan gráfica como la novela simplemente hubiese sido imposible de realizar, pero la resolución de Harron y la coguionista Guineveve Turner fue tan correcta (a pesar de la falta de grandes chorros de sangre), que no pudo ser crucificada por todo el público.
Novela para varias lecturas, American Psycho demuestra sobre todo una apreciación personal de la locura y el crimen, y al no ceder ante ninguna represión manifiesta preocupaciones mundiales. En ese aspecto, es comprensible que cada quien le de la lectura más cercana a su personalidad: hay quienes ven en la novela el discurso de un psicópata que cree asesinar, hay quienes no saben si el autor se equivoca constantemente y deja cabos sueltos, hay quienes ven una declaración misógina y a favor del asesinato, y hay quienes simplemente ven una gran novela.
En la versión de Harron y Turner lo que se quizo rescatar fue la rama satírica de la novela, como explica la coguionista: “retuvimos elementos clave del brillante y gracioso diálogo Easton Ellis. Además, sabíamos que si no lo hacíamos con cuidado, esta película podría convertirse en algo muy sangriento, y eso era lo último que queríamos, pues como se puede ver en la cinta, lo que no se puede ver resulta más aterrador”.
En ese sentido, ambas escritoras han manifestado que no estaban muy seguras de que lo que Bateman describe en la novela fuera cierto, y eso fue lo que decidieron presentar en la pantalla.
“La tercera parte de la película se torna surrealista al punto de que ya no estamos seguros si lo que estamos viendo, o ya hemos visto, es la realidad o la alucinación de Bateman”, declaró la realizadora, quien también se manifiesta a favor de la supuesta “misoginia” del autor: “Turner y yo tendenmos ha comprometernos más con los personajes femeninos, y en esta historia los únicos personajes simpaticos son mujeres, pues Bateman y sus amigos son definitivamente nada admirables. Yo creo que American Psycho es muy feminista”.
Así, la nada pequeña novela fue comprimida a hora y media de largometraje, y si la paranoia en la novela era lo que le daba forma, en esta adaptación, aunque muchos lo duden, el ambiente ominoso y desequilibrado se multiplica pues las situaciones se empalman dando nuevos contrastes, aunque quede ausente el grafismo de los asesinatos y la exagerada cantidad de información pronunciada y vista por Bateman. Desde luego que la película se observa diferente al libro porque, como ya se dijo, habría sido imposible que todo el material escrito llegara a la pantalla. Además, ver a un Bateman que no come los sesos de sus víctimas o utiliza a una rata como instrumento de tortura, ha dejado a muchos espectadores literalmente moelstos.
Sin embargo, la realizadora parece lograr una estética que en su pulcritud manifiesta una idea de locura que, aunque no se puede decir exactamente que haya logrado los asfixiantes ambientes de El Resplandor (Kubrick, 1980) y El Inquilino (Polanski, 1977) como buscaba, sí alteran la percepción, sobre todo, en imagenes tan fuertes que pueden pasar desapercibidas si no se le ponen la atención necesaria, como en la que Bateman hace abdominales mientras en lugar de que se vea un video de ejercicios en la pantalla de su tele, lo que se observa es la delirante danza del asesino Leatherface (héroe de Bateman) con su sierra motorizada, al final de la clásica cinta de horror The Texas Chainsaw Massacre; o las secuencias cuando Bateman se pone a declamar sus espontáneas, incisivas y fresas, a la vez, opiniones sobre la obra de los músicos Huey Lewis and the News y Phil Collins, como preámbulo a las carnicerías fuera de cuadro.
Una película sobresaliente desde el momento en que pudo llevarse a cabo, American Psycho tuvo algunos problemas de censura en EU; pero como sucedió con la edición del libro en nuestro país, en México la secuencia de esta película que lastimó a la consciencia gringa (en la que Bateman admirá su cuerpo en el espejo, mientras dos prostitutas están con él en la cama, y la música de fondo es Sussudio, de Phil Collins) no se ha editado, púes después de todo no hay sangre, sólo una relación sexual no muy correcta; esperemos que este tipo de situaciones se puedan seguir secediendo en un futuro, aunque a las películas se les pongan títulos como Psicópata Americano, en lugar de Psicosis Americana, que las hace ver como el vehículo de un superhéroe.
PSICÓPATA AMERICANO
(American Psycho)
Dirección: Mary Harron; Guión: Mary Harron, Guinevere Turner, basado en la novela homónima de Bret Easton Ellis; Productor: Christian Halsey Solomon, Chris Hanley, Edward R. Pressman; Fotografía: Andrzej Sekula; Música: John Cale; Edición: Andrew Marcus; Con: Christian Bale (Patrick Bateman), Justin Theroux (Timothy Bryce), Josh Lucas (Craig McDermott), Bill Sage (David Van Patten), Chloë Sevigny (Jean), Reese Witherspoon (Evelyn Williams), Samantha Mathis (Courtney Rawlinson), Jared Leto (Paul Allen), Willem Dafoe (Donald Kimball)
Estados Unidos – Canadá, 2000. 101 min.
Participaciones: Festival Internacional de Cine de Sitges, Cataluña, España 2000; Festival Internacional del Arte de la Cinematografía de Lodz, Polonia 2000
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