Amor, Odio y el Hermoso Mar de Chatarra. La Nueva Orden.
Por: Rodrigo Vidal Tamayo R.
“¿Debo quedarme o debo irme?”
- The Clash.
1976. Hartos de la vacuidad de la música pop y alejándose totalmente de los pretencionismos de los aburridos rock progresivo y experimental, además de estar inconformes con la sociedad en la que les tocó vivir, un puñado de bandas deciden plasmar todas sus impotencias, incompetencias y necesidades en un sonido sucio, malhecho y guarro pero sincero. Cabe mencionar que después de la oleada punk inglesa de finales de los 70 el rock ya no fue el mismo, ahora cualquier hijo (o hija) de vecina podía tener su grupo y lo de menos era saber tocar, lo importante era la actitud. (Para el registro: el vocablo punk se refiere a las personas que en la cárcel ofrecen sexo oral a cambio de cigarros).
24 Hour Party People o La Nueva Orden, como muy atinadamente la nombraron los distribuidores (extraño en verdad), es un relato que, como menciona el narrador/protagonista Tony Wilson (Steve Coogan) “funciona en dos niveles, el anecdótico y el simbólico”. Narra la historia y las vicisitudes de un periodista televisivo obsesionado con la música y la cultura en su lugar de origen, que decide fundar una compañía de discos para dar a conocer las nuevas maravillas musicales originarias de Manchester. Lo curioso es que no es el interés económico lo que lo motiva, sino un único y genuino amor por el arte (ajá), algo inexistente en estos días del Apocalipsis.
“A la mierda la reunión de los Pistols, están muy viejos para rocanrolear”
- Blind Pigs
Filmada a medio camino entre documental y película histórica, el valor de la película radica en mostrar la evolución que tanto la música como la escena y la industria han sufrido. Comenzando con un producto genuino, nacido de las ganas y arrestos de varios jóvenes, podemos ver escenas de conciertos reales de bandas seminales como los Sex Pistols, The Clash, Siouxie an the Banshees, para dar paso a lo que se llamó New Wave o postpunk, que no fue más que la explotación del sentimiento punk con bandas que se dieron cuenta que querian ser ricos y famosos. Aquí es donde entra Factory Records, propiedad del ya mencionado Tony Wilson, cuyo impulso lo llevó a dar a conocer a grupos como Joy División, conocidos como New Order a la muerte de su “líder” y a los Happy Mondays, ejemplo perfecto del abuso del éxito y del status de rockstar.
Pero el afán de Wilson por apoyar la escena, no diminuyó, al contrario, fue cada vez mayor y lo llevó a construir “La Hacienda”, un centro nocturno, famoso en su época, comparable en status y escándalos al mítico Studio 54, terminando como elefante blanco, sin cumplir su propósito y atrayendo problemas ajenos a la música, como la venta de drogas y la violencia relacionada con ella.
Así como los músicos y la música se iban descomponiendo, la industria también comenzó a comportarse como maquiladora y a sacar productos hechos para el gusto de las masas, cada vez más apesadumbrada por sus problemas y encontrando como escapada el naciente mundo de las drogas de diseñador.
“Hoy en este mundo tan moderno y tan jodido,
los viejos slogans se verán sustituidos.
Sexo, droga y rock and roll hoy es imposible
pues para poder follar un doctor has de llevar”
- La Polla Records.
Con Wilson reconociendo que “el gran ambiente de la Hacienda no era por el alcohol o la música, era por las drogas” y “la gente no le aplaudía al artista le aplaudía al medio”, la película muestra un poco de los orígenes del rave, con música de lo más plástica, hecha para gente poco inteligente y con un pésimo gusto, con “artistas” nada creativos, pues los disc jockeys se limitan a remezclar sonidos prefabricados o creados por una computadora. Y fue bajo esta situación que Wilson tuvo que cerrar el antro y vender su compañia de discos, o lo que es lo mismo, reintegrarse al mainstream y olvidarse de la alternatividad.
Regresando al comentario de los dos niveles de la película, esta puede verse como un conjunto de recuerdos, algunos sumamente graciosos y otros sumamente terribles, o mejor aún, puede verse como un testimonio de cómo la cultura poco a poco ha ido aligerándose, con un público nada exigente y que está dispuesto a aceptar cualquier porquería siempre y cuando le den su pastillita. La crítica que el director expone es tan agresiva como necesaria, y en ningún momento es moralina o superflua, lástima que pocos la entenderán.
LA NUEVA ORDEN
(24 Hour Party People)
Dirección: Michael Winterbottom; Guión: Frank Cottrell Boyce; Producción: Andrew Eaton; Fotografía: Robby Müller; Edición: Trevor Waite, Michael Winterbottom; Con: Steve Coogan (Tony Wilson), John Thomson (Charles), Nigel Pivaro (actor en Granada), Lennie James (Alan Erasmus), Shirley Henderson (Lindsay Wilson), Martin Hancock (Howard DeVoto), Chris Coghill (Bez).
Inglaterra – Francia – Holanda, 2002, 117 min.
Participaciones: Festival de Cannes, 2002 (Michael Winterbottom, nominado a la Palm d´Or).
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