Revista Cinefagia

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En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Alien: Terror/Horror Gótico

Por: Espartaco C.V.

¿Te has preguntado que harías si realmente existiera un ser completamente monstruoso y te toparas con él cara a cara? ¿Te sería suficiente gritar o te conformarías con cerrar los ojos para no ver cuan horrible es y lo que sería capaz de hacerte?

Es decir, nos podríamos encontrar con un ser tan diferente a todo lo que hemos visto, que su presencia nos sería totalmente increíble. Tan espeluznante es, que definitivamente no darías crédito a lo que ven tus ojos. Olvídate de Drácula, Frankenstein, La Momia, El Hombre-Lobo, El Coco, La Bruja de la Escoba y el Monstruo del Armario. También descarta a ciertos seres venidos de otra galaxia. Definitivamente este monstruo es aparte.

Monstruo del espacio “en serio”.

Si el género de ciencia ficción tuvo su definitiva consolidación y seriedad con 2001: Odisea del Espacio (Stanley Kubrick, 1968), el responsable principal de que el Monstruo Espacial sea ahora totalmente verosímil es Ridley Scott, con Alien (1979) -Tres años más tarde el mismo director presentaría otra joya cinematográfica: Blade Runner (1982).

Son numerosos los títulos de películas (extranjeras principalmente, y algunas nacionales) sobre seres extraterrestres que antecedieron a este film, cuya facturación está plagada de innumerables defectos de elaboración: sea en las anécdotas de las historias, sea específicamente en efectos especiales. Si bien son trabajos fílmicos bien intencionados (algunos de ellos hasta simpáticos) no dejan de ser risibles y hasta ridículos sus planteamientos y resultados finales.

Del otro lado de la moneda hay honrosas excepciones que no desmerecen en absoluto al género de la ciencia ficción, mucho menos a los seres venidos de otros mundos: El Enigma de Otro Mundo (The Thing From Another World, Christian Nyby, 1951, EUA); El Día que Paralizaron la Tierra (The Day The Earth Stood Still, Byron Haskin, 1951, EUA); La Guerra de los Mundos (The War of the Worlds, Joseph M. Newman, 1953, EUA)

Terror/Horror Gótico espacial.

“En el espacio nadie puede escucharte gritar” rezaba el cartel publicitario de la película. Así pues, nos encontramos realmente “muy” lejos de casa, de la Tierra. Ahora nuestra morada es la nave en la que viajamos (El Nostromo), siendo el único lugar en que estamos seguros y protegidos de los peligros que pudiera guardar el resto del inmenso espacio exterior.

Pero resulta que en el trayecto recibimos una señal que “algo” o “alguien” ha enviado, y “La Compañía” para la que trabajamos nos obliga a indagar su origen. Nuestro regreso tendrá que esperar. Se supone que nos encontramos a salvo. Aunque… debemos tener cuidado, porque nuestra “única” guarida, paradójicamente podría convertirse en nuestra propia tumba, ya que -no debemos olvidar- estamos en medio del espacio exterior, y allí no hay nadie más, ¿o sí?

En verdad que es bizarro el lugar del que proviene la señal. Por fuera, lo que a la distancia parecería un gigantesco “cuerno”; por dentro… es difícil describirlo. Tendrías que verlo. Sólo alcanzo a señalar lo que asemeja una serie de grandes huesos (prehistóricos, tal vez) con protuberancias, que unidos en cadena forman una especie de cueva que nos lleva donde se encuentra un fósil ¿humano?, de cuyo pecho “algo” explotó hacia afuera y…

¿Auxilio o Advertencia?

Inevitable es la curiosidad humana por lo conocido, y sobre todo por Lo Desconocido. Si bien ese afán del Hombre por descubrir su entorno y lo que va encontrándose en el camino conforme avanza en su evolución (e involución) le ha permitido desarrollarse, conocer y maravillarse de la naturaleza y de su propia naturaleza, también le ha ocasionado llevarse tremendos sustos. Pérdidas también, a veces, irreparables. Y mucha, mucha sangre.

“La curiosidad mató al gato” dice la voz popular. Aquí no es la excepción. Durante la exploración al extraño lugar, el primer voluntario de la expedición hace un hallazgo mortal: una especie de huevo de cuyo interior se alcanza a distinguir “vida orgánica”. Para su desgracia al acercarse demasiado, “eso” brinca y se le adhiere al casco cubriendo completamente su rostro aferrándose por completo al cuello. Así que, de vuelta a la nave. Pero esta vez con compañía.

Siete tripulantes… y “un invitado”.

También la vox populli reza que “La unión hace la fuerza”. En principio se hace patente/presente esta verdad, ya que por naturaleza, el Hombre tiende a solidarizarse con sus semejantes cuando las circunstancias le son adversas: sea porque ocurre un terremoto, sea por un maremoto, un tornado, por una erupción volcánica, o si se presenta el ataque de un animal, o hasta de un ataque terrorista. Se unirán pues, para “atender” al “huésped”.

Paralelamente, al Hombre también le dominan sus pasiones, acarreando con ello un sin fin de tragedias, que desgraciadamente no son provocadas por agentes externos al ser humano, sino que provienen de un lugar todavía más peligroso: su mente. De manera que cuando se olvida de sus congéneres, o dejan de importarle, sobreviene la imposición del más fuerte o del más gandalla. Entonces se hace patente uno de los peores actos humanos que mejor se conocen pero difícilmente se reconocen: la traición.

Trágicamente, la fuerza de la unión, por el momento, de nada parece servir. Nuestro “invitado”, que no parece traer buenas intenciones consigo, no se aprovechará de la desunión del grupo (no está al tanto de esa circunstancia). No. Él atacará por otro flanco que le resulta bastante efectivo: eliminándolos Uno-Por-Uno.

Bestia-Máquina.

La Máquina -que siempre ha acompañado al Hombre desde su aparición- está presente en todo lo que nos rodea (recuerda que viajamos en una gran máquina espacial: un remolque comercial). Los componentes y elementos básicos de cualquier máquina -y materiales de los que está hecha- están presentes por doquier: tubos, cables, tuercas, palancas, encendedores/apagadores, engranes, poleas. Inclusive, el lugar en el que se incuban los huevos de los que nacerán los pequeños alienígenas tiene elementos maquinales. Nuestro extraterrestre pareciera, pues, extraído de una rara máquina. O dicho de otra manera, “Eso” es la continuación/evolución de una extraña, horrible y feroz máquina.

Lo más inquietante es que nunca logramos ver al Alien. Nunca alcanzamos a mirarlo del todo. Conforme avanza la búsqueda esto resulta harto incómodo, desesperante e intranquilizante. Tal vez los que están cerca y a su merced podrán apreciarlo en toda su dimensión. Pero no vivirán para contarlo.

“¿Qué es lo último que la presa mira cuando está a punto de ser devorada por su depredador?” Una larga serie de afilados dientes y colmillos (que no se sabe si acaso se están riendo de ti), será lo único que tendrás delante de tus ojos antes de que se claven en tu delicada e indefensa carne.

En el nombre lleva la sangre.

Al cabo de “ver” al extraterrestre (o partes de él e imaginarse el resto) uno se pregunta: ¿Qué mente llega a imaginar un ser de esa naturaleza? H. R. Giger es el nombre del pintor, escultor y creador de nuestro Alien. Heredero de una fuerte influencia surrealista vía Salvador Dalí e impregnado de una basta literatura (Necronomicón, particularmente), ambos elementos, en manos y mente del artista suizo dan como resultado una obra que provoca atracción/repulsión y una especie de fascinación que alcanza un nivel hipnótico inevitable.

Si después de un alucinante viaje espacial logras descansar en la comodidad de tu cama, no nos queda más que desearte buenas noches y dulces sueños y ya que conociste a tan conmovedor ser, si tienes ganas de viajar al espacio exterior, pues felicidades y buen viaje.

ALIEN, EL OCTAVO PASAJERO
(Alien)
Dirección: Ridley Scott; Guión: Dan O’Bannon, basado en una historia original de Ronald Shusett y Dan O’Bannon; Producción: Gordon Carroll, Walter Hill, David Giler; Fotografía: Derek Vanlint; Música: Jerry Goldsmith; Edición: Terry Rawlings, Peter Weatherley; Elenco: Tom Skerritt (Dallas), Sigourney Weaver (Ripley), Veronica Cartwright (Lambert), Harry Dean Stanton (Brett), John Hurt (Kane), Ian Holm (Ash), Yaphet Kotto (Parker), Helen Horton (Voz de Madre)
Gran Bretaña, 1979 117 min.
Participaciones: Festival Internacional de Cine de San Sebastián (Premios Concha de Palta a Mejor Fotografía y Mejores Efectos Especiales), España 1979; Premio Hugo a Mejor Presentación Dramática, Inglaterra 1980; Premios BAFTA a Mejor Diseño de Producción y Mejor Soundtrack, Academia Británica de Cine y Televisión, Gran Bretaña 1980; Premios a Mejor Dirección, Mejor Película de Ciencia Ficción y Mejor Actriz de Soporte (V. Cartwright), Academia de Cine de Ciencia Ficción, Fantasía y Horror de los Estados Unidos, 1980; Premio Óscar a Mejores Efectos Visuales, Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, California, Estados Unidos, 1980

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