Pina Pellicer. Una vida frágil.
Escrito por Revista Cinefagia el 9/04/03 • En la Categoría Cinembargo Se Mueve
Texto y Entrevista: Reynol Pérez Vázquez
Pocas actrices mexicanas han pasado por el mundo del cine con una filmografía tan corta y dejado huella como es el caso de Pina Pellicer. De una sensibilidad exacerbada, con apenas 29 años, dio la espalda a un mundo cuya mezquindad jamás logró entender, y dejó abiertas dolorosas interrogantes con la decisión de poner fin a su existencia el 4 de diciembre de 1964.
Macario (1959), El Rostro Impenetrable (One-Eyed Jacks, 1961), Rogelia (1962), Días de Otoño (1962) y El Pecador (1964) integran los títulos de su trayectoria cinematográfica, algunos de los cuales aún continúan llegando a las nuevas generaciones a través de la televisión.
La actuación de Pina Pellicer en El Rostro Impenetrable (la única película dirigida por Marlon Brando) bastó para que su singular rostro quedara impreso en la historia del cine mundial.
One-Eyed Jacks, el título original del filme, posee a su vez una historia que podría dar pie a otra película. Dirigida en un principio por Stanley Kubrick, quien abandonó el proyecto junto con Sam Peckinpah -el guionista original-, Marlon Brando debió tomar la responsabilidad de concluir la filmación.
La selección de Pina Pellicer para encarnar a Louisa no resultó sencilla, pero tanto Kubrick como Brando, quedaron impactados por el aire de la actriz mexicana que evocaba el carisma de Audrey Hepburn.
En entrevista telefónica la escultora Ana Pellicer, hermana menor de Pina, evoca aquellos momentos. Su voz es de un insólito tono entrañable: “Mi hermana tenía una enorme disciplina. Dedicó horas enteras a estudiar el guión y logró convertirse en el personaje que los productores buscaban. Marlon Brando estaba encantado con ella. Ambos lograron una identificación plena. Pina aprendió mucho trabajando a su lado. El Rostro Impenetrable es sin duda una obra maestra. Todo México debería de conocerla. Siempre que la veo descubro en ella cosas nuevas. Puedo también sentir viva a Pina y muy cerca de mí”.
Katy Jurado figura también en el reparto y personifica a la madre de Louisa. Más allá del consabido cartabón que Hollywood ha adjudicado a los actores de origen latino en sus producciones, tanto Jurado como Pellicer logran crear verdaderos caracteres y no simples prototipos que cualquier otra actriz hubiera podido interpretar.
Respecto a la experiencia de Pina en este filme, Ana relata: “Con su forma de ser, su trabajo, Pina se ganó el afecto de sus compañeros. Yo era casi una niña pero siempre me pedía que la acompañara en sus viajes y recuerdo que cuando fue a un festival en Argentina a recibir un premio, se encontró con Karl Malden (su padrastro en la película y famoso por la serie de televisión “Las calles de San Francisco”) y él estuvo siempre a su lado, tratándola con un afecto enorme”.
En su momento El Rostro Impenetrable no tuvo buen recibimiento por parte de la crítica que la calificó de “…un experimento largo y pretencioso, un fallido ejercicio ególatra de Brando”. La fotografía de Charles Lang sólo recibió una nominación al Óscar. Sin embargo, con los años ha ganado su lugar y se le considera como uno de los mejores western de la historia del cine norteamericano. En él, Marlon Brando creó todo un antihéroe. El romance de Río (Brando) y Louisa (Pellicer), asentado en un sentimiento de venganza que finalmente se descubre como amor verdadero, aunque deba postergarse, ha sido motivo de un buen número de análisis.
El Festival de San Sebastián en su edición de 1961 otorgó la Concha de Oro a El Rostro Impenetrable y la presencia de Pina, quien impactó al jurado, le mereció el Premio a la Mejor Interpretación Femenina. Un año antes no había pasado desapercibida en el mismo festival donde Macario, de Roberto Gavaldón, se adjudicó un premio.
“Creo que el nombre de Pina Pellicer ha dado honor a México. En la proyección de Macario en el Festival de San Sebastián y a la que asistió Giulietta Massina (esposa de Federico Fellini y conocida por las célebres películas La Strada y Las Noches de Cabiria), ella exclamó admirada: ‘Esta es una gran actriz’, recuerda conmovida Ana.
Su participación en la película de Marlon Brando abrió posibilidades a Pellicer en Hollywood y obtuvo dos participaciones en series de televisión: “La Hora de Alfred Hitchcock” y “El fugitivo”. Aunque realizaba frecuentes viajes a los Estados Unidos, decidió establecerse en México donde, a pesar de los reconocimientos, la aguardaban las inevitables envidias propias de un medio que agonizaba ante los embates de un mercado que a la larga no conseguiría enfrentar.
“En aquel entonces -señala Ana Pellicer- los actores de origen latino e incluso los chicanos mismos, no tenían ni el poder ni el reconocimiento que hoy se han ganado en Hollywood. Para Pina resultó muy difícil sobrevivir en un medio donde existía un fuerte racismo e intolerancia hacia nuestra cultura.”
En 1962 tiene una intervención en la producción española Rogelia, dirigida por Rafael Gil. No obstante, es con Días de Otoño que se rueda el mismo año, donde protagoniza su papel más entrañable en el cine mexicano. Esta vez es Luisa, una joven mesera que ante un amor fallido se inventa un esposo, un hijo, un hogar feliz. En suma, una vida.
Días de Otoño tampoco obtuvo la aprobación de los críticos mexicanos, donde la sutileza de la trama con su delicado entramado poético resultó chocante frente a un cine realista y casi literal, concentrado en la crónica de una sociedad cambiante que combatía contra su propia tradición al tratar de incorporarse a la modernidad.
Con el transcurso de los años, Días de Otoño ha alcanzado también su propia primavera. Muchos televidentes recuerdan a la muchacha de Días de Otoño aunque no puedan distinguirla del cúmulo de actrices de su generación que han envejecido en las pantallas caseras -unas con menos dignidad que otras- en un sistema copiado de los cánones de Hollywood donde la madurez, salvo contadísimas excepciones, no vende ni es sinónimo de éxito.
Tanto Macario como Días de Otoño están basadas en cuentos de Bruno Traven y dirigidas por Roberto Gavaldón. En los dos casos los guiones corresponden al dramaturgo Emilio Carballido, aunque en la primera colaboró el propio Gavaldón, en tanto que para Días de Otoño se contó con la participación de Julio Alejandro. La fotografía de ambos títulos la realizó Gabriel Figueroa. En Macario, éste retrata para la posteridad a una Pina Pellicer con parlamentos cortos, pero con encuadres que nos revelan un alma frágil, una belleza que fluye desde adentro y que no es para carteles.
Si la joven actriz encontró en Gavaldón al director que aprovechó sus dotes histriónicas, fue Ignacio López Tarso quien habría de forjar sus dos papeles más perfectos junto a Pina. Un actor condenado al cliché de hombre duro pudo así empatar sensibilidad y sugerencia en los personajes de Macario, el indio hambriento y torturado, y de Albino, el panadero de existencia anodina y solitaria.
El Pecador, un filme totalmente prescindible del cine mexicano y estrenado en 1965, fue la última aparición de Pina Pellicer en la pantalla grande.
Es precisamente la sutileza de su trabajo actoral lo que hace diferente a Pina Pellicer de sus colegas de la época, en especial en una escuela de actuación amante de los desgarramientos verbales, de una gestualidad inequívocamente melodramática. En este sentido Pina se hallaba más cerca de las actrices europeas, casi un ideal de Stanislavski para las obras de Chéjov.
Por su carácter efímero, el teatro nos deja otra forma de memoria. En la más vieja de las artes, Pina Pellicer trazó también una rica trayectoria, paralela a la del cine, y así lo narra su hermana menor: “En el teatro su primer gran triunfo fue ‘Ana Frank’. Después vino ‘Electra’, con Ofelia Guilmáin y escenografía de Juan Soriano; ‘La Dama de las Camelias’ -que ella produjo- y que por cierto fue boicoteada por un grupo de gente que gritaba y se reía cuando ella entraba en el escenario. Otro punto que considero muy importante es que Pina, antes de morir, ya había formado una fundación respaldada por muchos intelectuales, escritores y poetas para formar El Teatro Mexicano, inspirada en la Comédie Française”.
Sin la vida escandalosa de Lupe Vélez, ni la truculencia de Lucha Reyes y sin pretender el glamour de Miroslava, Pina Pellicer tiene un lugar entre los personajes femeninos trágicos del mundo artístico mexicano. Una pasión equívoca, una neurosis progresiva y la depresión crónica son parte de los rumores que intentan explicar su temprana muerte.
“A casi cuarenta años de su desaparición, Pina sigue viva entre nosotros. Fue una mujer muy generosa que nunca hizo mal a nadie. Aunque parezca paradójico, me dio una lección de vida. La disciplina y entrega que ella me enseñara han guiado mi vida. Por más doloroso que aún me resulte su suicidio, respeto su decisión”, concluye Ana Pellicer. Sus palabras llegan por la bocina del teléfono como a través de un confesionario y hay en ellas la sabiduría de un dolor incurable y viejísimo.
FILMOGRAFÍA:
1959 – Macario (Roberto Gavaldón, México) -Menorah de Oro a la Actriz Revelación, México, 1960-
1961 – One-Eyed Jacks / El Rostro Impenetrable (Marlon Brando, Estados Unidos) -Mejor Interpretación Femenina, Festival Internacional de Cine de San Sebastián, España, 1961-
1962 – Rogelia (Rafael Gil, España)
1962 – Días de Otoño (Roberto Gavaldón, México) -Diosa de Plata a Mejor Actriz, México, 1964; Premio a Mejor Actriz, Festival Internacional de Cine del Mar del Plata, Argentina, 1964-
1964 – El Pecador (Rafael Baledón, México)
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¿A dónde puedo escribirle al señor Reynol Pérez Vázquez ? Quiero felicitarlo por tan buen libro, para mi que soy admirador de Pina Pellicer es infaltable dentro de lo que rodea a tan excelente actriz y para preguntarle si alguna vez lo presentarán en Zacatecas?
Gracias
Gracias por haber leído mi comentario, un amigo me comentó. saintwoolf@gmail.com
Saludos y feliz año nuevo a todos.