Leopoldo Laborde (primera parte)
Posted by Revista Cinefagia on 9/04/03 • Categorized as Cinembargo Se Mueve
El martes 19 de agosto el director mexicano Leopoldo Laborde participó en la mesa de conferencistas de Historia sobrenaturales: el cine de horror en México, charla que tuvo lugar en la Cineteca Nacional y en la que participaron el también director Carlos González; Edna Campos, curadora del Festival de Cine Macabro 2003 y el crítico e investigador Mauricio Matamoros.
Laborde se ha distinguido por cultivar el cine fantástico en nuestro país vía trabajos como El Gato, Nathael y Utopía 7, realizados en video y siempre cobijándose a la sombra del cine independiente autoproducido, y más recientemente Angeluz, su primer experiencia en el cine industrial, con todos los problemas que eso conlleva. Justamente por haber degustado el sabor agridulce que deja la realización cinematográfica, desde sus inicios como chinchihuilla -o sea, chalán- de los estudios América y Churubusco a los 14 años, un fugaz paso por las escuelas de cine y su inserción en la cada vez más cerrada industria del cine mexicano, su visión es cuando menos enriquecedora, en tanto que es un testimonio vivencial.
A Polo Laborde se le puede considerar un cinéfago más de los que pueblan este vapuleado planeta -con sobradas dosis de imitador de Hugo Stiglitz-, pero con la ventaja de que vive de lo que más le apasiona: hacer cine… y de género, lo que es aun más meritorio. A continuación, la entrevista que amablemente concedió a la Revista Cinefagia.
Cinefagia: tenemos entendido que te inicias en el cine como chinchiuilla en los estudios América, desde muy chavito, ¿cómo surge esa pasión por el cine a tan temprana edad? ¿qué es lo que te lleva a meterte en los estudios y decir: yo quiero estar ahí?
Laborde: El deseo de hacer cine. Mis papás me llevan a ver Blanca Nieves, que me impresiona mucho, en la escena cuando la bruja muere. Yo tenía una situación medio existencial y cuando veo esa escena digo “en el cine puedo matar” y no porque tuviera ganas de matar a alguien, pero descubrí que el mal no paga y el bueno queda bien ¿no?, entonces dije “quiero hacer eso”, me preguntaba ¿Cómo lo hacen? Entonces toda mi niñez fue ¿Cómo puedo hacer una película? y mi papá, como es de esa generación de señores que decían “para que llegues a jefe tienes que empezar desde abajo”, yo dije: pues voy a tener que irme a jalar cables y fui a los Churubusco y a la América, donde me hicieron la vida imposible.
Cinefagia: ¿Desde entonces?
Laborde: ¡N’ hombre! Me bautizaron como veinticinco veces, fue en el ’84 teñía trece años. Me zapeaban, me odiaban por güero. ¡Güero yo, imagínate! Cosas muy cerradas, pero se me hizo el carácter y aprendí cómo hacer un staff, pero no aprendía a hacer una película porque no te dejan aprender mandándote por el cigarro, por el café y demás cosas. Te entretienen tanto que no puedes estar viendo como el director crea. Ahí fue donde aprendí la famosa frase de “no produzcas”, porque me tocaron directores como Arturo Martínez, como Jorge Noble, que tiraban un master shot y un cross y si les decías “oiga, si tiene un dolly por qué no…” y te gritaban “¡No produzcas!”, contestabas “sí, señor” y, ni modo, tenías que aguantarte.
Cinefagia: ¿Y ahora que tu diriges le gritas “no produzcas” a tu gente?
Laborde: No… bueno, cuando se ponen muy impertinente si.
Cinefagia: Luego empiezas a hacer trabajos en video, El Gato, y sigues con otros cortometrajes más como Nathael
Laborde: Largos, todos son largometrajes. Sólo tengo dos cortometrajes, uno que se llama El Libro de la Selva de Asfalto nombre jaladísimo, pero era para un festival.
Cinefagia: ¿Era por encargo?,
Laborde: No, lo hice solito, digo, era una estupidez. Lo vez y dices es una estupidez, pero la gente estaba muy seria porque hay un desnudo y toda la gente exclamaba ¡ah! y cuando al final sales con una tontería, pues todos carcajeándose, porque hay que hablarle a la raza como se les habla, así al chile. El primer corto se llamó La Extraña Presencia y dura ocho minutos.
Cinefagia: Después se te ocurre ingresar al CCC y al año lo botas.
Laborde: Al CUEC primero.
Cinefagia: Primero al CUEC y luego al CCC.
Laborde: Me aceptan en el CUEC y no me gustó. Me salí y en el CCC fue lo mismo, no me gustaba.
Cinefagia: No te convenció, pero ¿Qué era lo que no te gustaba de las escuelas?
Laborde: Mucha pose, de todos. Van diciendo: “yo soy cineasta” “oh sí, mi corto” y eso viene de todos, desde los docentes… aunque Ayala Blanco es aparte, es punto y aparte, y no porque haya hablado bien de mi dos veces, pero neta, te dice “pendejo” por esto, por esto y por esto. Te explica por qué eres un pendejo.
A un profesor, del que no voy a decir su nombre, le digo: “oiga, maestro, ¿cuándo vamos a entrarle a las cámaras?” Y me dijo “no, no, no”, pero ya llevábamos un año y dos meses, estábamos empezando el tercer semestre, y me dice, “no, jovencito, está usted equivocado, esta es una escuela de filosofía, usted lo que quiere es estar en comunicación, vaya usted a las cámaras a comunicación” ¡Puta! Dije, “¡Qué estoy haciendo aquí! Aquí nada más te envenenan la cabeza con Kieslowsky, Tarkovsky, Zabludovsky, Memelovsky, y todos los oskys”.
Pero ¿qué pasa cuando uno trae ganas de hacer Indiana Jones o Terminator? En ese entonces no había esa apertura, no sé ahora.
Cinefagia: Creo que no han cambiado mucho. A los alumnos ¿Cómo los veías? ¿Tus compañeros tenían las mismas inquietudes que tú o estaban muy clavados en ese rollo de la escuela?
Laborde: Mira, de mis compañeros uno era sobrino de José Luis Cuevas; otro, por el estilo; yo soy pariente de José Vasconcelos, y llegué a la conclusión de que por eso me aceptaron, no por otra cosa. Hay esnobismo por el nivel que tienen. Yo me acuerdo que llegó un chavo conmigo cuando estaba haciendo el examen del CCC que me digo “oye ¿hay otra escuela de cine? porque, ¿qué tal si no me pelan aquí?”. El chavo era, haz de cuenta, un chinchihuilla. Por dentro piensas “no te van a aceptar” pero terminas diciéndole “tu hazle la lucha, inténtalo, vete al CUEC”, pues que le dices. Te estoy hablando del ’88 u ’89, pero caray, ¡Qué diablos le dices!
Cinefagia: ¿Trafico de influencias?
Laborde: Pues sí, de influencias, de pose. Cosas que no tienen nada que ver con hacer cine, ¿y qué pasa? Que te sientas a ver el cine que ellos hacen, y pues no te ves reflejado; no te interesa, no quieres ir ver esas películas. No funcionan porque la gente no se ve reflejada y se acabó.
No estoy diciendo que hagamos Los Plomeros y las Ficheras, pero al menos respeto ese cine porque tenia un target muy especifico. Yo no aspiro a hacer un cine así, pero me encanta porque soy mexicano, porque he viajado en micro y porque así habla la gente. Te ponen la jalada de que Lina Santos se muere por Inclán, pero es cierto. Es cierto porque es el sueño de todo mexicano ¿y qué? ¿acaso Kieslovski no filmó sus sueños?
Cinefagia: Entonces, toda esa nueva camada de jóvenes que están haciendo Japón, Seres Humanos, un cine enfocado a los festivales, buscando el cine trascendental y que han olvidado el cine eminentemente popular ¿Crees que lo hacen a propósito, en busca del esnobismo, de decirse cineastas a la primer película?
Laborde: En mi punto de vista y sin atacar a nadie, no. Pero mira, ni les importa, ellos quieren hacer su película. Su película, y no les importa si su mamá la vio y no le gustó, si sólo sus cuates le van a aplaudir. No les importa realmente, y es muy respetable. Pero a mi no me interesaría verla como espectador, como conocimiento general tengo que hacerlo, pero no se me hacen asuntos interesantes. Puedes hacer lo que quieras, pero que sean asuntos interesantes. Están en una torre de marfil.
Cinefagia: Dinos cuales son los problemas de un rebelde en el cine mexicano. Porque todo lo que dijiste, lo que hiciste, ir en contra de los cánones -que es parte de lo que queremos hacer con Revista Cinefagia, ir en contra de los cánones de critica, hacer algo más chabacano- está difícil. Tú, como realizador ¿Cuáles crees que son los problemas de alguien que no quiere estar dentro del erario ni dentro de los esquemas teórico-prácticos?
Laborde: Repito, sin afán de atacar a nadie, yo a los problemas ya los aprendí a ver como situaciones, como retos, porque problemas son todos. Todos te van a tratar de meter el pie. Tiene que ver también con el carácter, como cuando subes a un microbús y te das cuenta que van a asaltarlo y te bajas enseguida, es un poco intuitivo. Darte cuenta y decir “cuidado con éste, porque me va a chingar y este otro me va a comer el mandado”. Te enfrentas a todo eso. Evidentemente al cine no se le apoya, pero a quien logra hacerlo se le apoya menos y a ese más le van a meter el pie. Eso lo ves desde el gafer hasta con un productor que no te entiende. Lo vas a ver con todo el mundo, pero cuando te concentras en lo que estas haciendo te vale gorro lo demás.
Cinefagia: ¿Te consideras afortunado? Porque con toda esta problemática ya has hecho un buen número de largos. Varios estudiantes de los que se dicen serios ya quisieran tener tu filmografía, y no sólo los ellos, cineastas de los que filman cada diez años también la quisieran…
Laborde: Es una buena pregunta ¿afortunado? Me siento feliz. Nada mas me siento muy feliz haciéndolo y necesito seguir haciéndolo.
Cinefagia: Además, has tenido la libertad creativa de hacer lo que te viene en gana
Laborde: ¡A huevo! Si, eso es lo que paso con Angeluz, que para mí fue un gran aprendizaje porque creo que lo último que he hecho es retomar lo que inicié haciendo y que en su momento me permitió llegar a donde estoy. Es lo mismo, aprendes que debes de salirte con la tuya y clavarte, lo demás ya no importa, tú nada mas hazlo, sácalo como puedas y se acabó.
Hay gente que estudia cine, pero la verdad es que muy pocos se avientan. Es también por cuestiones sociales, de la educación de la familia. A mí mis jefes igual me chingaron mucho diciendo “oye no estás haciendo nada” y les respondía “¡Cómo no! Estoy creando”. Igual ahorita, no trabajo, no tengo chamba. Bueno, tengo que hacer cinco guiones, estamos levantando otras películas. Estamos haciendo cosas, pero desde el punto de vista “normal”, pues no llevas una vida normal. Yo más que afortunado me siento feliz, y los demás, pues cada cual en su lugar.
Cinefagia: Volviendo al tema Angeluz ya que lo mencionas, sabemos que lo que se presentó en la Muestra de Cine Mexicano de Guadalajara en 1998 y lo circula en video es la versión de Hugo Stiglitz, tu actor y productor. ¿Podemos esperar un director’s cut, una versión de Polo Laborde? porque es casi media hora la que cortaron.
Laborde: Casi, son como 25 minutos
Cinefagia: La caja del video -Videomax- anuncia que dura 90 minutos
Laborde: No, dura menos. Dura como 84 u 85 minutos, aquí viene mal. Originalmente duraba una hora 50 minutos con todo y los créditos, pero según Hugo decía que no avanzaba la historia, que estaba atorada. Pero cómo le explicas a él que es un homenaje a [John] Carpenter y que por eso requería un suspense con cámara en mano.
Cinefagia: Te iba a preguntar quién diáblos es John Carpenter.
Laborde: Iba a preguntar por el carpintero, o que si era el grupo de los Carpenters ¿Cómo se llamaba la chava esa que cantaba, la que se mató?.
Cinefagia: ¿Karen Carpenter?
Laborde: Karen, cierto. Pero bueno, un director’s no creo. Mira, el negativo se maltrató en el laboratorio original donde estaba, en los Churubusco. Fíjate, primero se supone que no cortas el negativo, sino un inter-negativo y de ese sacas dos, uno que es la versión original y otro que es el que mochas para las copias de distribución. Aquí tengo entendido que mocharon el negativo original.
Además no creo que valga la pena. Alguien que dentro de treinta años quiera ver como habrá sido, pues realmente no se va a topar con una versión más valiosa, pero artísticamente hablando, a lo mejor como curiosidad, pues sí. Pero habría atrás mucho trabajo para rescatarla porque aparte los ques de música están mal, el sonido no fue el que yo dejé, voltearon algunas escenas…
…tenía pesadillas, soñaba que iba a la premiere en el Auditorio Nacional y que había escenas que no estaban originalmente, que Hugo había filmado escenas que no eran y se lo pregunte un día “oye, ¿no filmaron de más?” y me contestó “no, no, no, es tu versión, pero hecha por mí, ¿ok?”
Fíjate, ahí les va uno de los problemas a los que te afrontas: Él no me dejaba copiar la película, a VHS, que por los derechos. Así que un día me piratee mi propia película para poder rescatar lo que yo dejé, pensando en que a lo mejor un día alguien me la reducía, o por si pasaba algo y lo tuve que hacer de un video formato ¾ porque nunca se hizo un rank de la copia final. No existe un rank de la copia final.
Entonces ese video lo dejé grabando en un VHS y me fui con Hugo, él estaba bebiendo y nos pusimos a platicar. Jamás se dio cuenta de que estaba yo bajando mi película. Pero cuando llegué a casa me di cuenta que le faltaban como 45 minutos a la copia, o sea que se perdió definitivamente. Hugo utilizó esa primer copia presentada en Guadalajara para ahorrarse una lana, la metió en la moviola, y a esa copia es a la que le mutilaron todo. No sé si por ahí quedó aventado el material en 35mm., pero seguramente ya se perdió. Fue un tal Jesús Paredes a quien estúpidamente le dieron créditos de editor, pero fíjate, al inicio aparece “escrita, dirigida y editada por Leopoldo Laborde” y después dice “editada por Jesús Paredes”, o sea ¡Ojo, este señor nada mas vino a trimear¡
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