Revista Cinefagia

revistacinefagia.com

En el país de los cinéfilos, el cinéfago es rey

Freddy vs. Jason

Por José Luis Ortega Torres

Para escribir o hablar de la historia del cine de terror se hace necesario incluir a las diversas formas de monstruosidad que han desfilado por sus innumerables cuadros de celuloide, incluso hoy en día cada una de las películas de este género incluyen un modelo de monstruosidad que puede ser física, demoníaca, mental, e incluso sobrenatural, surgida de la naturaleza o de la manipulación humana.

Cada uno de los títulos de terror estrenados durante el último cuarto de siglo cuenta con su propio monstruo, por decirlo así. Sin embargo, el panteón de los clásicos sigue estando compuesto por el hombre lobo, la momia, la criatura de Frankenstein –recordemos que Frankenstein es el doctor y no el monstruo– y por supuesto el vampiro. Después, si se quiere, entrarían el zombi, el Hombre Invisible y el Fantasma de la Ópera como refuerzos. Llamémosles pues a estos últimos, la “banca del equipo titular”.

La diversidad de figuras esperpénticas, muchas de ellas sin rasgos que les otorgaran cierta distinción entre unos y otros, llevó al género a la saturación. Aun así, el moderno cine de terror ha legado algunos nombres que ya forman parte del ficticio “equipo titular” que señalamos antes: Leatherface, el siniestro carnicero antropófago del desierto texano; Michael Myers, a quien el cinecrítico Rafael Aviña atinadamente equipara con el mito infantil de “El Coco”. El enanete vil llamado Chucky; o el Pinhead nacido de la retorcida imaginación de Clive Barker.

Pero de entre todos ellos surgen dos nombres que se han convertido en íconos de la cultura pop americana: Jason Voorhees, el asesino de jovenzuelos calenturientos del campamento abandonado Crystal Lake, y que enfundado en una máscara de hockey blande un machete con el cual se da el lujo de truncar coitos juveniles convirtiéndolos en baños de sangre. El otro sin lugar a dudas ocupa el primer lugar en la lista de popularidad de los nuevos monstruos –e incluso, podría rivalizar al mismo nivel de los clásicos– su nombre es Freddy Krueger, el asesino pedófilo que hizo de la calle Elm su infierno en la tierra.

Cada uno de estos personajes trajo consigo una nueva forma de ver, disfrutar y comercializar un género denostado no sólo por la crítica, sino también por el propio público, que no pasaba de tomarlo a chacota. En 1980 Sean S. Cunningham dirige Viernes 13 (Friday the 13th), donde el personaje de Jason y una sencilla trama de venganza con sangre al por mayor, la llevó a ser uno de los filmes independientes más exitosos de la temporada, creando además toda una franquicia con el personaje y el título. Similares resultados obtendría el director Wes Craven con su Pesadilla en la calle del infierno (A Nightmare on Elm Street) en 1984, donde el siniestro asesino de sombrero y garra metálica era capaz de atacar el único resquicio de tranquilidad del ser humano: sus sueños.

Veinte años después Cunningham produce un filme que responde a una de las interrogantes que más de uno de los aficionados al género y fan de ambos personajes nos hicimos por aquellos tiempos: si Freddy y Jason se enfrentaran, ¿quién ganaría? Esa es precisamente la idea central del esperado filme Freddy vs Jason (2003), dirigido por el hábil realizador hongkonés Ronny Yu, quien ya ha dado buena muestra de su trabajo en el cine de terror estadounidense con La novia de Chucky (1998), excelente filme realizado en clave de homenaje-parodia a varios de los títulos clásicos y que vino a levantar el rating del muñeco asesino, después de una tercera parte que raya lo infame.

En Freddy vs Jason la excusa es sencilla: Krueger (el insustituible actor Robert Englund) ha sido olvidado, pero aún busca venganza. Para conseguirla, hace volver a la vida a Voorhees, a quien manipula a través de sus sueños mandándolo de regreso no a Crystal Lake, sino a la mismísima calle Elm, en específico a la casa marcada con el número 1428, lugar donde se iniciara la Pesadilla… original. La misión de Jason es asesinar a mansalva, creando confusión en el pueblo y revivir así el recuerdo de Freddy Krueger, lo que le dará a éste la fuerza necesaria para volver a atacar.

La matanza no se hará esperar. Aprovechando los impresionantes avances tecnológicos que ninguna de las dos sagas pudo gozar en su momento, Ronny Yu ofrece al espectador un furioso despliegue de efectos especiales que llevan el filme a momentos de exacerbada violencia gráfica, escenas dignas de agradecimiento por parte de cualquier goremaniaco sin prejuicios. Aunque la historia marche por los caminos del body count tradicional, es decir, dada la excusa argumental, sólo resta ver como van cayendo cada una de las víctimas, que para no variar, son jóvenes ávidos de sexo, alcohol y drogas.

Por supuesto que reducir el discurso de Freddy vs. Jason a márgenes moralinos es tan simple como inútil. Es cierto que nuevamente encontramos los mismos tópicos del cine de terror que el propio Wes Craven ya se encargó de desmenuzar y reinterpretar en la sorprendente Scream (1996), principalmente aquel que justifica la misoginia que permea en ambas sagas –y demás cintas de terror gore al uso–, la chica virgen siempre es quien resulta indemne. Finalmente esa pureza, representada aquí en la joven de espíritu inquebrantable y sexualidad reprimida, es el trofeo máximo de Freddy o Jason, figuras que son la última representación corpórea de la corrupción social.

Esquemáticos son el grupo de adolescentes que caerán a manos de cualquiera de los dos asesinos, incrédulos y tontos, pero eso no importa, son únicamente carne de cañón para el lucimiento de las verdaderas estrellas de la función. El director, de manera inteligente, se encarga de iniciar el filme mostrándolos por separado, primero dando la batuta a Jason con secuencias de ritmo frenético –aquella masacre del maizal– y dosificando la presencia de Freddy, hasta que sobreviene un primer encuentro entre ambos, que se dará en los terrenos oníricos del hombre del guante, para después invertir los papeles en un brutal desenlace, ni más ni menos que en el Crystal Lake del enmascarado.

Para lograr todas estas transiciones de tiempo y espacio es que son necesarias las figuras juveniles, para nada más. Nadie del público va a ver a los adolescentes –por muy buena que esté la protagonista– como no sea para verlos caer despedazados, y es allí donde radica la fuerza de este crossover, donde Ronny Yu se esmera en balancear las presencias de ambas figuras hasta alcanzar un ritmo in crescendo con todo y el esperado “final inesperado”, en una cinta cuya mayor pretensión es divertir a los fans de ambos íconos, misión que cumple con creces y de la mejor manera.

FREDDY VS. JASON

Dirección: Ronny Yu; Guión: Damian Shannon, Mark Swift, basados en los personajes creados por Wes Craven y Victor Miller; Producción: Sean S. Cunningham; Fotografía: Fred Murphy; Música: Brad Kane, Graeme Revell, Corey Taylor; Edición: Mark Stevens; Con: Robert Englund (Freddy Krueger), Ken Kirzinger (Jason Voorhees), Monica Kenia (Lori), Jason Riter (Will), Kelly Rowland (Kia), Katharine Isabelle (Gibb), Christopher George Marquette (Linderman), Brendan Fletcher (Mark), Tom Butler (Dr. Campbell).

Estados Unidos, 2003  -  97 min.

Tagged as: , , , ,

Comments are closed.