Demonios y Maravillas. El Extraño Mundo de José Mojica Marins. (primera parte)
Posted by Revista Cinefagia on 9/18/03 • Categorized as Cinembargo Se Mueve
Por: Jorge A. Grajales
Si existe, es porque hay una razón para que exista.
Finis Hominis.
Brasil, 1964. Un golpe militar derroca al gobierno volviendo el clima cultural de la región en peligroso y gélido gracias a la censura y la represión. Entre tanto, en las calles de Sao Paulo se gestaba un movimiento cinematográfico underground que, tomando su nombre de un distrito de clase obrera llamado Boca de Lixo (Boca de Basura), se conocería como cinema do lixo. Conformada por intelectuales de izquierda y cineastas pertenecientes al post cinema novo, la propuesta del cinema do lixo era el ir en contra de las crecientes producciones refinadas del cinema novo, envisionando en su lugar una forma de hacer cine que fuese barata, cruda y provocativa.
Sin embargo, algunos años antes, un cineasta brasileño ya venía realizando este tipo de películas: José Mojica Marins, el hombre que prácticamente fue el creador del cine de horror en Brasil, artífice del personaje cinematográfico más famoso de esa región, un enterrador ateísta llamado Zé do Caixao, que se convertiría en todo un icono de la cultura popular brasileña. Descrito como una mezcla de Russ Meyer, Luis Buñuel y Mario Bava, el cine de José Mojica Marins es un cine extremadamente extraño, mezcla de surrealismo y expresionismo, nihilismo nietzcheano y culpa cristiana, horror gótico y primitivismo tercermundista. Pero si su cine rebasa los límites de lo extraño su vida lo es aún más.
Cuando tenía tres años fue secuestrado por un grupo de gitanos. A los 10 fue expulsado de la escuela católica por filmar una corto en 8 mm. en donde los buenos son llevados a el cielo en un ataúd volador y los malos se convertían en gusanos. Antes de cumplir 15 años Marins había filmado ya 20 cortos y fundado su propio “estudio” en un gallinero. A los 17 tuvo que interrumpir su primer largometraje debido a las trágicas muertes de tres actrices emplazadas a interpretar el papel principal.
Durante la década de los 60´s dirigió 5 de los más grandes taquillazos de Brasil (y de los cuáles no vio ningún centavo) tuvo sus propios programas de TV, cómics y grabó algunos discos relacionados con el personaje de Zé do Caixao, del cuál hubo también varios productos que iban desde aguardiente hasta desodorantes (“Desodorantes Misterio: Espanta Cualquier Olor”). Dirigió westerns, comedias musicales y pornochanchadas, género en el cuál tuvo la distinción de filmar la primera escena de sexo entre un perro y una mujer en Brasil. Estuvo en la cárcel, se postuló al congreso como diputado, fundó su propia iglesia y su escuela de cine, y tuvo 23 hijos con siete mujeres distintas. José Mojica Marins ha sido también el cineasta más censurado y perseguido en la historia del Brasil y el único realmente independiente de su país.
Hijo de padres españoles, José Mojica Marins nació en 1936 tras una gestación de 11 meses, retraso debido a una condición irregular del vientre de su madre. Siendo su padre torero y su madre cantante de tangos, vivían recorriendo varias localidades del Brasil hasta que después del robo de su hijo por parte de unos gitanos, decidieron abandonar la vida errante y asentarse definitivamente en el barrio de Vila Anastasio, en Sao Paulo. Ahí, después que la Sociedad en contra de la Crueldad hacia los Animales lograra que la fiesta brava se prohibiera en el Brasil, se dedicaron de tiempo completo al cuidado y manejo del cine de Vila Anastasio llamado Santo Estevao, propiedad de un primo del Sr. Mojica y para lo cual tuvieron que irse a vivir en él, justo detrás de la pantalla. Fue allí donde a temprana edad Mojica Marins se interesaría por las imágenes en movimiento.
A la edad de 7 años, Mojica desarrollaría un fuerte interés en los cuadrinhos (nombre con el que se conocen a las historietas en Brasil y de las cuáles llegó a tener una de las colecciones más grandes de esa región) y en los fenómenos sobrenaturales, especialmente en el tema de la muerte, gracias a un acontecimiento que le marcó de por vida. Cuenta Marins que cerca de donde vivía había un expendio de papas cuyo dueño solía contarles relatos acerca de la muerte, sobre cómo la gente después de morir iba al cielo en donde había muchos animales y las personas podían comunicarse con ellos. Un día, este señor murió y todo el pueblo asistió a su funeral. Inconsolable, su esposa lloraba y gemía diciendo que solo los buenos morían mientras que los malos permanecían vivos. Sus hijos sugirieron que todos rezasen para que regresara su padre, cosa que todos hicieron incluyendo el propio Marins y tres de sus amiguitos. Grande sería la sorpresa para todos cuando durante sus oraciones, ¡el cuerpo dentro del ataúd comenzó a moverse! Como si nada hubiese ocurrido, el hombre se incorporó de su féretro, todavía con algodón dentro de su boca y fosas nasales, al tiempo que toda la gente reunida huía despavorida, incluyendo a su esposa, su madre, sus hijos y el sacerdote. En el lugar sólo permanecieron Mojica y sus tres amigos curiosos por saber lo que había pasado. Obviamente el hombre no estaba muerto sino que sufría de catalepsia, algo que en esa época era totalmente desconocido en la región. Al final, la esposa dejó al desafortunado hombre, alegando que ése no era su marido, sino que era el mismo demonio que se había posesionado de él. Nadie más volvió a su tienda a comprarle papas y entonces trató de asentarse en otro poblado, pero los rumores le acompañaron y fue mandado a un manicomio, en donde murió dos años después. Tales eventos marcarían a Mojica de por vida.
Pero no sería la única vez que Marins tendría aproximaciones con el mundo de los muertos. Años más tarde, a los 15 años de edad, cuando paseaba con un amigo suyo, su bicicleta se descompuso frente al cementerio y con horror vieron cómo varias luces resplandecientes se alzaban sobre las tumbas de los muertos. Este es un fenómeno conocido como fuegos fatuos, pero para los impresionables chicos eran las almas de los muertos que estaban dispuestos a invadir el mundo. Dadas esta experiencias y viviendo en un país impregnado con magia y misticismo, resultado de la mezcla de grupos raciales y religiosos, no es de extrañar que las películas de José Mojica Marins, en especial sus cintas de horror, reflejen un singular y rico folklore que no se parece a nada que se haya filmado antes en ese país.
Al cumplir los diez años de edad, Mojica Marins pidió de regalo una cámara de 8 mm y con ella se aprestó a dirigir su primera película llamada O Juizo Final. Influido por los cuadrinhos de Buck Rogers, Flash Gordon y otros títulos de ciencia ficción, así como por los sermones acerca del juicio final que escuchaba en la iglesia, esta película narraba como unos seres de otros planetas llegaban a la tierra en unos féretros voladores para llevarse a aquellos que eran buenos, mientras que las personas malas eran paralizadas y convertidas en gusanos.
Asombrado por las ideas de su hijo, el padre de Mojica Marins invitó a varios de sus amigos, incluyendo al sacerdote local, a la exhibición de esta película. Terminada la función, el cura recomendó tratamiento psiquiátrico para el chico y decidió expulsarlo de las clases dramáticas de la iglesia. Este sería el primero de varios incidentes que enfrentaría Marins con la Iglesia. Más el pequeño Mojica no se dejaría amilanar por esto. Todo lo contrario, ya que siguió filmando una gran cantidad de cortos en 16 mm, la mayoría de ellos con temáticas horroríficas (algunos de los cuáles volvería a filmar para la serie de televisión Além, Muito Além do Além) y algunos otros que en cierta medida retrataban la cotidianeidad y realidad de su pueblo de clase obrera como Os Lugares Por Onde Eu Passei (su segunda aventura fílmica con duración de 20 minutos que capturaba en celuloide sitios y amigos de Vila Anastasio), Fantasia Cinematográfica (un breve documental de 15 min que explora la magia del cine a través de las salas de exhibición en Boca do Lixo) o Greve dos Vagabundos (sobre dos mendigos que van a parar a un palco de un importante evento cultural y que aprovechan la ocasión para pedirle al pueblo que les den oportunidades de trabajo a los mendigos, afirmando que la falta de cultura no es un defecto).
Estas aventuras fílmicas habían preparado ya al joven Mojica para lanzarse a dirigir su primer largometraje en 35 mm. Titulado Sentenca de Deus el proyecto se vio inacabado al darse una serie de desgracias: La actriz principal se ahogó en una piscina, su reemplazo murió de tuberculosis durante la filmación, y una tercera fue atropellada y perdió una pierna. Mojica decidió cancelar la filmación definitivamente. Años más tarde conoció a una escritora, Aldenoura de Sa Porto y convirtieron el guión en una novela, la cuál se vendía en espectáculos circenses en donde se proyectaban las escenas que se llegaron a filmar.
En la segunda parte de esta biografía, más intentos frustrados por filmar un largometraje y la creación del personaje que consagraría a Mojica Marins: Zé do Caixao.
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