Del Papel al Celuloide: American Psycho (primera parte)
Posted by Revista Cinefagia on 9/22/03 • Categorized as Cinembargo Se Mueve
Por: Mauricio Matamoros
Así como en la segunda mitad del siglo pasado (aquí nos referimos al siglo de la Revolución Industrial y de Jack, el destripador) Mary W. Shelley en una idea postmoderna a su tiempo dio vida, a través del ficticio doctor Victor Frankenstein, a su propuesta de moderno prometeo anunciando la decadencia de una época y el nacimiento de una abigarrada era; el síntoma resultante de esa concepto (como lo planteó Brian W. Aldiss en su libro Frankenstein Unbound (73), el cual también adaptaría años después el maestro de la explotación Roger Corman): la tecnología de este siglo que todavía padecemos, engendró a su vez una criatura contrahecha que en lugar de pedazos de distintos cadáveres, se fue formando a partir de pedacería de imágenes, fragmentacion de sentimientos, y el constante bombardeo sensorial de los mass media y su sociedad disfuncional.
Bautizado bajo el signo de serial killer, este vapuleado y comercializado especimen no sólo ha resultado que se convierte en la verdadera estrella de fin de milenio, sino que, como tal, es el símbolo vivo de la desmitificación de la nobleza tácita a la naturaleza humana; es decir, este siglo ha resumido su carrera a través de este emblema de la putrefacción de cualquier valor, conformado por fijaciones culturales y amoralidades colectivas, entre otros hijos pródigos de lo que conocemos como globalización que, en medio de sangre y sexo (como todo alumbramiento), ha arrojado su obra maestra, este fenómeno del siglo XX comonocido como asesino en serie.
En 1991, coincidiendo con la salida de la célebre película The Silence of the Lambs, de Johnatan Demme (basada en la novela de Thomas Harris), en medio de una tormentosa polémica, el sello Random House (después de que Simon & Schuster se arrepintió de publicarla) decidió editar American Psycho, tercera novela del escritor de 27 años Bret Easton Ellis, quien desde cinco años atrás ya había dado de qué hablar con su primera novela Less Than Zero, semilla de lo que ha sido una de las crónicas más pulsantes y desfachatadas de la pesadilla conocida como american way of life.
Ese año, después de décadas de acicalarse, el asesino en serie era presentado ante la sociedad; encontraba que a partir de ese momento, gracias a la popularidad de Silence of the Lambs, se convertía en una estrella taquiellera del cine y, como lo demostró American Psycho, el producto más reprobable de una sociedad que parece no ha terminado de avergonzarse de sí misma.
Aunque en el sentido estricto del término Patrick Bateman, el protagonistas de la novela de Easton Ellis, parece no mostrar las características de los asesinos en serie (pues estos responden a un patrón que calma las diversas necesidades de cada caso en particular), la arbitrariedad que parece respetar escrupulosamente en cada uno de sus asesinatos queda deshechada por un verdadero patrón, más oscuro que cualquier otro ideado meticulosamente por la dañada mente de un asesino común, y que demuestra al mismo entorno como generador de esta conducta (además de que estudió en Harvard, y seguramente ahí tuvo muy buena educación).
Ese caos que parece ser Bateman, no es más que la extrapolación del mismo caos al que él y nosotros pertenecemos.
El personaje descrito por Easton Ellis es tan triste y amargamente contemporáneo que su respiración tan cercana provocó en el mundo cultural gringo, lo que un periodista de The Village Voice sintió al ver la inclasificable película de John Waters Pink Flamingos: “es tan sorprendente como la explosión de una fosa séptica”.
Easton Ellis asumiéndose como el gran autor joven que demostró ser con Less Than Zero y Las Leyes de la Atracción, decide sin miedo alguno sumergirse en ese mar de suciedad para analizar el cuerpo putrefacto de la sociedad consumista y maniquea; sin bisturí y sin psicología, simplemente con las manos grasosas y sucias, el autor huele, observa y palpa por todos los recovecos del cadaver ofreciendo un perturbador catálogo de instantaneas obtenidas con nada más que vísceras. Esa visión provocó mucha molestia en mucho de lo que camina en dos extremidades.
En American Psycho, la cosmogonía del desencanto y la enajenación que recorre la carretera desauciada de América, es enfrascada por Easton Ellis en el discurso introspectivo de Bateman cuya paranoía lo fragmenta en las personas del singular,y de ahí tal vez es de donde surge tanto alboroto, porque todo lector lo sintió tan cerca, que tal vez hasta identificado se sintió, aún cuando el protagonista se encuentra en una muy buena posición económica.
Iniciando su carrera literaria como queja a la muerte de un amigo por sobredosis de estupefacientes, no es extraño que la bibliografía de Easton Ellis se conforme del panorama de una generación estadounindense que en lugar de buscar el matrimonio, parece buscar la extinción a través de sus excesos y una sensación de felicidad.
Sin una forma común, que presente un principio, desarrollo y final, American Psycho también desubicó y molestó en ese punto. Son cerca de 400 páginas que recuperan poco más de un año en la vida de un joven ejecutivo de Wall Street (con la misma edad que el autor), un trozo de situaciones y costumbres que podrían ser las de cualquier juppie, si no fuera porque éste es un asesino realmente sádico.
El autor no da un origen del problema, no habla de una deficiencia psicológica ni de una familia disfuncional (aunque Bateman menciona sarcásticamente a sus padres divorciados), no busca echar la culpa a una rebuscada y común razón para crear un asesino en serie; él simplemente creó a su personaje y le dio las deficiencias de cualquier ser humano en una gran ciudad y con un gran poder a la mano. Bateman es un misántropo consumado, sólo que no lo aparenta ni lo deja ver, y es eso lo que quizá lo vuelve un asesino. Quisquilloso y exagerado, Bateman es el recipiente de la psicosis americana que demarca el título de la novela.
La percepción de la maquinaria absurda y desequilibrada de la realidad ha disparado los instintos maniacodepresivos de Bateman, ha fragmentado su persona durante una carrera en la cual, tanto él como el lector, ya no saben qué es lo que pasa.
¿En realidad cuál es la realidad? ¿Cuál es la buena y cuál es la mala? ¿Bateman ha matado o no ha matado? ¿Bateman es su apellido, o todos sus colegas están tan equivocados como él? ¿Qué le preocupa más, no perderse el programa de Patty Winters, o tener el cabello en perfecto estado?
Bateman, a veces parece un cuerdo en un mundo de locos.
American Psycho fue tachada, por un lado, de ser una novela en la que se hace apóteosis al asesinato y, por el otro, de ser un discurso abiertamente misógino, entre otras cosas.
En realidad, Easton Ellis lo que hizo fue jugar un poco con las percepciones del público, pues para quejarse abiertamente de su entorno tuvo que describirlo sin oropel alguno y hablar de éste como si estuviera a su favor; pero la crítica y algunas asociaciones parece que no lo vieron así y casi le enjaretaron los asesinatos de su personaje.
Curiosamente, en México la polémica del texto no llegó más allá del repaso de los cables noticiosos en los diarios, y hasta la novela, aunque efímera, tuvo una vida en los estantes de las librerías bajo el sello conservador de la editorial Diana, con una traducción muy interesante a la mexicana (no era el refrito español), y que poco después paso a formar parte de ese terreno crepusculoso de los saldos y remates de libros, de 6 a 10 pesos.
En la segunda parte: Mary Harron lleva al cine American Psycho.
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