Veneno para las hadas. Imaginar mata
Por Rodrigo Vidal Tamayo R.
Si existe un grupo de personas que deba de quejarse por la forma en que los abordan en el cine mexicano, ese es el de los niños. Cuando no son la causa del conflicto son las víctimas -y eso cuando les va bien-, porque la mayoría de las veces se les retrata como si fueran unos verdaderos idiotas, incapacitados para todo o, más bien, capacitados únicamente para lo que los adultos creen que deben saber.
Por lo mismo, es raro ver películas con personajes infantiles que se salgan de la típica historia pseudo heroica (Atlético San Pancho), que casi siempre llega a caer en la estupidez total (no por culpa de los niños, sino de los realizadores) y tiene como trasfondo inculcar ciertos valores morales, o de la historia de travesuras (La guerra de los niños), que siempre cae en el lado cómico y totalmente escapista, por no mencionar lo inverosímiles que pueden llegar a ser.
Es innegable que lo anterior se debe a un miedo inconsciente a lo que los niños puedan o quieran saber, además de que al igual que los borrachos siempre dicen la verdad (o eso queremos creer) o a lo que puedan demostrarnos en cuestiones de sexualidad, moral, educación y diversión.
Por eso, Veneno para las hadas es una película única, además de que está escrita expresamente para personajes infantiles, es de los pocos ejemplos donde se deja que sean las pasiones y sentimientos netamente infantiles (y no por eso tontos) los que hablen, y si este tratamiento se presta para crear una de las mejores películas de terror hechas en México, mejor que mejor.

Carlos Enrique Taboada es uno de los desconocidos más famosos de la tele mexicana. Sus películas Hasta el viento tiene miedo, El libro de piedra y la misma Veneno para las hadas gozan del prestigio de ser aquellas de las que todo el mundo debajo de 30 años ha oído hablar pero nunca ha visto, o las vio de niño y quedó tan espantado que juró no volver a verlas (además de que no las volvieron a pasar en un ratote). Es considerado el único director mexicano que hizo cine de terror por gusto e iniciativa propia y no por encargo como el caso de Chano Urueta o Alfonso Corona Blake (que no dudo que también les gustara), esto se nota tanto en el trabajo de guión como en las atmósferas que llega a lograr.
Veneno para las hadas es algo así como un cuento de hadas -valga la redundancia- muy en el estilo de las historias de los hermanos Grimm (pero las historias originales no las versiones aligeradas modernas estilo Disney) llenas de sangre, violencia y perversión, donde el objetivo era que los niños aprendieran a cuidarse de los horrores que acechan en el bosque, en la gente extraña o en familiares con tendencias maniáticas y, si es verdad que la letra con sangre entra, dichos cuentos no pudieron ejemplificarlo mejor.
La película se centra en dos niñas con caracteres diametralmente opuestos. Por un lado está Verónica (Ana Patricia Rojo), una solitaria niña aburrida de los convencionalismos en los que vive. Es huérfana y esta bajo los cuidados de una abuela que no tiene ni el tiempo ni la energía para convivir con ella, así que es criada por una nana que de igual manera no tiene la obligación de educarla “bien”. Como ha tenido que madurar a la fuerza, Verónica ha desarrollado una personalidad dominante disfrazada de independencia, pues en el fondo lo único que desea es compañía, además, ha suplido la falta de atención con una imaginación extremadamente vívida.

Por el otro lado tenemos a Flavia (Elsa María), una niña modosa, inocente y bastante ingenua, que no ha tenido complicaciones en su corta vida. Posee a sus dos padres, los cuales la llenan de mimos y le cumplen todos sus deseos, por lo que piensa que todo el mundo es feliz, pero no se da cuenta que tales mimos reemplazan a otros aspectos más importantes del cuidado paternal.
Como puede suponerse, la interacción que se da entre estas dos personas no puede ser muy sana, pues Verónica envidia todo lo que Flavia posee llegando al extremo de obligarla a que le regale sus objetos mediante la amenaza de hechizarla, pues en su mente ella se cree una bruja cuyo objetivo es crear una pócima que sea un veneno para las hadas. De hecho, toda la historia gira en torno a esta dominación y es la causante del clímax, el cual, llega cuando Flavia, harta del acoso de Verónica, decide rebelarse y acabar con la tiranía de ésta (¡y en qué forma!).
La película plantea una metáfora sobre la falta de atención de los adultos hacia los niños y también sobre el poco cuidado que tienen lo padres en su educación, pues al creerlos puros e inocentes o peor aún, incapaces de entender lo que les rodea, no se dan cuenta de la necesidad de conocimiento que estos tienen, por lo que no se molestan en explicar o corroborar nada. De hecho los personajes adultos no tienen rostro, lo cual me parece una forma de mostrar la poca confianza que generan en los infantes. También se nos habla de lo incorrecto que es un sistema educativo basado en el premio y el castigo, donde siempre el premiado es el más dócil y el que se cuestiona o no sigue la reglas es el castigado.

Pero como dije, Veneno para las hadas es una película de terror y totalmente psicológica, pues todo el miedo que se va creando en la mente de Flavia proviene de las ideas que Verónica le ha ido metiendo en la cabeza, además del cansancio emocional que sufre, pues tiene que vivir para complacer a ésta.
La atmósfera lúgubre y llena de ansia que Taboada crea es muy acertada. Todo aquel que haya sido abusado por otros niños así lo reconocerá, pues se llega al extremo de simpatizar con la víctima y justificar su última acción. Además el guión es bastante coherente y deja que los personajes hablen de manera verosímil.
El modelo de bruja que utiliza Taboada embona muy bien con la idiosincrasia mexicana, pues aunque se basa en el estilo clásico europeo (con todo y risas macabras), en algunos momentos tiende a parecer una yerbera, lo que está muy acorde con el escenario provinciano en que se desarrolla la última parte de la película.
Veneno para las hadas representa lo inteligente y creativo que puede llegar a ser el cine mexicano de terror cuando se quiere hacer bien y sin pretender nada más que contar una historia, adecuándola a un entorno totalmente mexicano sin querer copiar fórmulas o ideas extranjeras. Ojalá hubiera más gente como Carlos Enrique Taboada.
VENENO PARA LAS HADAS
Dirección y Guión: Carlos Enrique Taboada; Producción: IMCINE, STPC, Estudios Churubusco Azteca; Fotografía: Guadalupe García; Música: Carlos Jiménez Mabarak; Edición: Carlos Savage; Con: Ana Patricia Rojo (Verónica), Elsa María (Flavia), Enriqueta Carrasco, Leonor Llausas, Carmela Stein, María Santander.
México, 1984 - 100 min.
Fecha de estreno en México: 2 de octubre de 1986
Participaciones: Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas 1986 (Ariel a la Mejor Película, Mejor Dirección, Mejor Fotografía, Mejor Edición, Mejor Música de Fondo)
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