Por José Antonio Valdés Peña

sualteza01Hace casi una década, Felipe Cazals anunciaba al crítico Leonardo García Tsao -para finalizar el libro donde habla de su obra cinematográfica- que decidía no volver a filmar, puesto que levantar un proyecto personal era cada vez más difícil en un país donde siempre se tiene que empezar de cero. Por fortuna, el autor de clásicos del cine mexicano, como Canoa (1975), El Apando (1975), Bajo la Metralla (1982) y Los Motivos de Luz (1985), regresa al campo de batalla con Su Alteza Serenísima (2000), película en la que sostiene un tema y un estilo que él hizo propios película a película.

En la forma, Cazals es seguro, sobrio, de una factura impecable, que sabe dirigir a actores magistrales con mano maestra. Por otro lado, revisando su carrera, podemos observar que él es de los pocos realizadores mexicanos que ya había jugado en el terreno del cine histórico, de época, teniendo personajes como Benito Juárez y Maximiliano de Habsburgo en Aquellos Años (1972), mientras la seductora Fanny Cano daba vida a La Güera Rodríguez (1977).

Tras los breves créditos iniciales, la primera imagen que vemos en su más reciente filme es la del desorden. Restos de objetos destrozados se encuentran esparcidos por el piso de lo que parece ser una casa elegante. Una mujer, vestida con ropaje oscuro, mira los pedazos inservibles de lámparas, ornamentos, objetos de arte, y su voz en off, tan vencida como furiosa, dice que es hora de ajustar cuentas con la historia: es hora de que su esposo, el general Antonio López de Santa Anna, muerto la noche anterior, por medio de la palabra de ella tome el lugar que la historia debe darle. Mientras tanto, tres ancianas untan esencias en ese cuerpo inanimado, pálido, que terminan por vestir elegantemente, con su mejor uniforme militar y con la siniestra pata de palo que el hombre se resistió a cambiar por una extremidad falsa más dinámica. No hay medallas ni distinción alguna que haga de Santa Anna un difunto especial: la Historia se encargará de que Su Alteza Serenísima, no descanse en paz.

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En la cinta, el realizador toma en sus manos la personalidad de Antonio López de Santa Anna, once veces presidente de México y lo sitúa en los últimos tres días de su vida, encerrado en la opulenta miseria de una casa donde espera la llegada de la muerte. Varios personajes llegan a visitarlo durante esos días, y por medio de ellos conocemos distintos aspectos de su forma de pensar: Rosa Otilia, una distinguida señora que le recuerda a Santa Anna antiguos romances con damas de la corte. La Salamandra, anciana con poderes sobrenaturales que le anuncia al hombre su próximo deceso; Máximo Huerta, un religioso que invita a Santa Anna a continuar en el poder.

El desfile de personajes ante el moribundo se extiende a las figuras del codicioso Ezequiel Rivera, guardián de los bienes de Su Alteza, que acude para terminar los trámites del testamento; las hermanas Tallabas, frondosas y promiscuas damas de sociedad que hacen las delicias del general, sin olvidar al padre Anfosi, religioso que nunca obtendrá de López de Santa Anna una confesión ni asomo alguno de arrepentimiento.

Cazals retrata un personaje polémico al que el cine mexicano parecía mantenerse ajeno, y que sin embargo tiene su conciencia muy tranquila: todo lo que hizo -niega haber “vendido” la Mesilla a los norteamericanos- fue por amor a su patria, porque el deber se lo indicaba. La enfermedad del poder lo corroe, lo posee como un demonio: Santa Anna cree ser lo que nunca ha sido. Su mujer, Dolores Tosta, contrata mendigos en las calles que a cambio de un plato de frijoles con tortillas azules, memorizan batallas y se convierten en súbditos de Su Alteza, lo que éste agradece emocionado. En esas últimas horas de vida, Antonio López de Santa Anna comprende que la Historia lo ha difamado, lo considera un traidor, un vendepatrias, y no le hace justicia a tantas batallas y sangre derramada por su país, luchas que lo llevaron a perder una pierna, que cedió su lugar a una rígida extremidad de madera, tan anacrónica y falsa como su propio dueño.

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El espectador encontrará en Su Alteza Serenísima con una película sobria, feroz, claustrofóbica, que no se tienta el corazón para mostrar la degradación física y emocional del personaje. Cazals se reúne de nuevo con su familia fílmica que tan buenos resultados le dio en sus mejores cintas: están las breves pero magistrales apariciones de Blanca Guerra, Ana Ofelia Murguía, Salvador Sánchez, José Carlos Ruíz, Pedro Armendáriz, Isaura Espinoza, además de una gran creación de Alejandro Parodi como Antonio López de Santa Anna, tan vulnerable y terrible, tan explosivo como atormentado, sin olvidar por supuesto a Ana Bertha Espín como Dolores Tosta, la mujer que en su amor infinito hacia su hombre, es capaz de pagar unas monedas con tal de mantener la falsa majestad en la cabeza de Santa Anna. Destacable es también la labor soberbia del cinefotógrafo Ángel Goded, retratista y pintor de ese encierro utópico del personaje, en tonos dorados, azules y verdosos.

Felipe Cazals demuestra ser como su personaje, un gallo de estaca que no se raja nunca. Su Alteza Serenísima es sin lugar a dudas el celebrado retorno de un realizador entrañable, que no perdió una pizca de su fuerza con su retiro momentáneo del cine. Al contrario, su propuesta es agresiva, arriesgada y seguramente insoportable para espectadores que busquen ir al cine para pasar tan sólo “un buen rato”. Felicidades, maestro Cazals, por faltar a su palabra.

SU ALTEZA SERENÍSIMA

Dirección y Guión: Felipe Cazals; Producción: Hugo Scherer; Fotografía: Ángel Goded; Música: Zbigniew Paleta; Edición: Javier Bourges, Carlos Puente; Con: Alejandro Parodi (Antonio López de Santa Anna), Ana Bertha Espín (Dolores Tosta), Rodolfo Arias (padre Anfosi), Blanca Guerra (Rosa Otilia), José Carlos Ruiz (Máximo Huerta), Pedro Armendáriz (Coronel Lavín), Ana Ofelia Murguía (La Salamandra), Isaura Espinoza (Venus Tallabas).

México, 2000  -  112 min.

Participaciones: Premio Ariel ex aequo a Mejor Actriz (Ana Bertha Espín). Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas. México 2001