Santo contra los zombies
Por Marco González Ambriz

Tras la misteriosa desaparición del profesor Sandoval, su hija solicita la ayuda de las autoridades para encontrarlo. Ante la falta de pistas que los puedan llevar a resolver el caso y su posible relación con una serie de robos cometidos por criminales a los que creían muertos, la policía a su vez acude al Santo, el Enmascarado de Plata. ¿Podrá el luchador, que según la policía es “la encarnación de lo más hermoso”, detener a los zombies y dar con el paradero del profesor Sandoval?
Santo contra los Zombies fue la tercera incursión del Enmascarado de Plata en el cine, después de filmar Santo contra el Cerebro del Mal y Santo contra Hombres Infernales bajo las órdenes de Joselito Rodríguez en 1958. En sus primeras dos cintas era evidente que los guionistas se las veían negras para encontrar la fórmula que les permitiera meter a una estrella del cuadrilátero en aventuras de intriga internacional con organizaciones criminales, fenómenos sobrenaturales y mujeres de cascos ligeros. Por fortuna, en Santo contra los Zombies aparecen muchas de las características que le darían al Santo un lugar privilegiado en el corazón de todos los aficionados al llamado “cine de culto”, no sólo en México sino en el mundo entero.
Probablemente lo más importante fue encontrar rivales que pudiesen darle pelea al Santo y que al mismo tiempo no representaran un gasto excesivo para los productores. A los guionistas Fernando Osés y Antonio Orellana se les prendió el foco y obligaron al enmascarado a medir sus fuerzas con un grupo de zombies. En la actualidad los muertos vivientes son una parte fundamental del cine de terror gracias a la trilogía de George Romero y las imitaciones baratas que los italianos harían de su obra. Habría que recordar que cuando se filmó esta aventura del Santo todavía faltaban varios años para La Noche de los Muertos Vivientes (Night of the Living Dead, 1968), por lo que los zombies que aquí aparecen son muy diferentes a los que más tarde harían de las suyas en mil y una cintas de horror.

Se puede decir que son zombies chapados a la antigua, ya que en lugar de perseguir a los vivos para devorar su carne, se dedican a cometer crímenes en favor del genio del mal que reanimó sus cuerpos. Así se explica, más o menos, que tengan una fuerza superior a la de un hombre normal, que sean capaces de conducir un auto y de usar sopletes, además de emplear unos cinturones electrónicos tipo Batman. Como además son interpretados por luchadores, son dados a emplear llaves de lucha libre para someter a sus oponentes. Todo esto es muy bonito y entretenido, pero resulta difícil comprender por qué el villano se toma tantas molestias para reanimar cadávers pudiendo emplear delincuentes comunes y corrientes para hacer la misma labor.
No todos los elementos de la mitología (¿o sería más correcto decir hagiografía?) del Enmascarado de Plata están presentes en Santo contra los Zombies. Todavía en esta entrega el luchador es una espece de figura mítica que en casos especiales emerge de las tinieblas para ayudar a las autoridades a combatir el mal, sin que se sepa casi nada sobre su origen y los motivos que tiene para actuar de esta forma. El resultado es que no tiene mucha personalidad que digamos. En películas posteriores los guionistas le darían más diálogo, una serie interminable de sobrinos o huérfanos que proteger y una igualmente numerosa colección de piernudas que rescatar. Algo que sí aparece es la afición del Santo por la electrónica. Al parecer el luchador en sus ratos libres se dedicaba a inventar aparatos de alta tecnología que luego utilizaba en su lucha contra el crimen.
Un ejemplo de esto es el monitor empleado por el luchador para informarse de cada movimiento que hace el villano y su ejército de zombies. En efecto, para estar al tanto de los malévolos planes de su rival, el Santo sólo tiene que encender su televisor y poner atención cuando el siniestro sujeto le explica a su asistente lo que piensa hacer a continuación. En cierto momento, el malvado le pide a su colaborador que le consiga “huérfanos para hacer experimentos”, tal vez para demostrar cuán malo es. Acto seguido, se ve a los zombies irrumpiendo en el orfelinato más cercano y corretendo a los escuincles que ahí se encuentran como quien persigue gallinas para hacerlas caldo. Justo cuando todo parece perdido para los niños, aparece el Santo y procede a ahuyentar a los criminales.

Por desgracia, el villano cuenta con su propio monitor mágico que le permite espiar a sus víctimas y enterarse de lo que hace el Santo. Al parecer, los únicos que no tienen estos maravillosos aparatos son los agentes de la policía, lo que los obliga a pasar la mayor tiempo investigando la desaparición de Sandoval, con poca fortuna. Claro que para que sus pesquisas tuvieran éxito el guión tendría que ser coherente. De hecho, el argumento es tan ilógico que el espectador tiene la impresión de estar viendo una versión mal editada de una película de 2 horas.
A pesar de esto, Santo contra los Zombies es bastante entretenida. Benito Alazraki se inició como director en 1953 con Raíces, una adaptación de varios cuentos del enigmático B. Traven que le mereció el reconocimiento de los críticos, mismos que pusieron el grito en el cielo cuando el director anunció su interés por incursionar en el cine más comercial. Su trabajo en esta aventura del Santo no se puede calificar de sobresaliente pero al menos está lejos de la mediocridad de Con Quién Andan Nuestros Locos, una horrenda comedia estelarizada por el Loco Valdés que Alazraki dirigiera un año antes.
En cuanto a los actores, la mayor parte cumplen con su trabajo a pesar de que los diálogos en ocasiones son pésimos. Al ver a Lorena Velázquez diciendo frases como “¡No participaré en sus diabólicos planes!” o a Armando Silvestre y Jaime Fernández hablando de zombies sin morderse la lengua uno aprecia el profesionalismo de estos veteranos del cine nacional. La excepción que confirma la regla es Irma Serrano, que en su primera aparición frente a las cámaras actúa muy mal y está casi irreconocible con su nariz original.
Santo contra los Zombies no está tan bien hecha como Santo contra el Dr. Muerte, y tampoco es tan delirante como Santo y Blue Demon contra los Monstruos, pero para los aficionados al Enmascarado de Plata es una de las cintas más importantes en la filmografía del luchador.
SANTO CONTRA LOS ZOMBIES
Dirección: Benito Alazraki; Guión: Fernando Osés y Antonio Orellana; Fotografía: José Ortiz Ramos; Música: Raúl Lavista; Edición: José W. Bustos; Con: Santo el Enmascarado de Plata, Lorena Velázquez (Gloria Sandoval), Armando Silvestre (Sanmartín), Jaime Fernández (Rodríguez), Dagoberto Rodríguez (Almada), Irma Serrano (Isabel), Carlos Agosti (Genaro), Ramón Bugarini (Rogelio), Julien de Meriche (Dino Povetti).
México, 1961.
Fecha de estreno en México: 31 de mayo de 1962
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