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Los Escandalosos Fando y Lis

fando-y-lisPor Rebeca Jiménez Calero

La palabra es un material que se transmite, un material precioso,
son como joyas que se transmiten, como semillas y espero que
fructifiquen y espero que sean fértiles, claro.

- Alejandro Jodorowsky.

Al final de la década de los sesenta se suscitó en México y más específicamente en el medio cinematográfico, un escándalo de grandes proporciones gracias a una película: Fando y Lis. Todo ocurrió cuando dicha cinta se presentó en la prestigiada Reseña Mundial de Acapulco, la cual año con año convocaba a los realizadores a presentar sus más recientes trabajos.

En 1968 se llevó a cabo la XI edición de la Reseña y en su sección oficial fue exhibida la opera prima del hasta entonces director teatral, mimo, actor, filósofo, dibujante, poeta y dramaturgo Alejandro Jodorowsky (Chile, 1929). Fando y Lis estaba basada en la obra teatral homónima del español Fernando Arrabal, quien junto con Jodorowsky y el dibujante Roland Topor fundaron el Movimiento Pánico en la ciudad de París unos años atrás.

Sin embargo, antes de incursionar en el cine, Alejandro se había hecho de cierta reputación como director teatral. Llegó a México en una gira que realizaba con la compañía del mimo Marcel Marceau en 1960 y es entonces cuando Salvador Novo lo invita a quedarse en nuestro país. En los años subsecuentes montó alrededor de 115 obras de teatro, las primeras fueron Acto sin Palabras y Fin de Partida de Samuel Beckett, con escenografía de Rafael Coronel y actuaciones de Carlos Ancira, Amparo Villegas, Héctor Ortega y el propio Jodorowsky.

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Fundó la compañía Teatro de Vanguardia Mexicano, la cual provocaba en el público reacciones encontradas; cada vez más frecuentemente las obras por él montadas eran clausuradas el mismo día del estreno gracias a la censura existente. Para contrarrestar este ataque, Jodorowsky creó los efímeros (obras de una sola representación), antecedente directo del happening y del performance. Su trabajo como director escénico concluye a principios de los setenta con la puesta de una obra suya que actualmente continúa representándose en teatros mexicanos: El Juego Que Todos Jugamos.

Jodorowsky tuvo la inquietud de incursionar en el cine, pero en ese entonces las condiciones dentro de la industria estipulaban que los jóvenes realizadores deberían tener la aprobación de la Sociedad de Directores para poder lleva a cabo sus proyectos de largometraje. Dicha sociedad trabajaba con el Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (STPC) dentro de los Estudios Churubusco. Como Jodorowsky había tenido ya malas experiencias con los sindicatos en su paso por los escenarios, decidió que haría su película de manera independiente.

Juan López Moctezuma, amigo de Jodorowsky dentro del medio teatral, le dijo a éste que filmar un rollo de película costaba aproximadamente 10 mil pesos, y que con siete rollos se hacía una película completa. Así que pensó en conseguir dinero rollo por rollo.

Con dinero que tenía ahorrado y las aportaciones del joven empresario Samuel Rosenberg y de su padre Moisés Rosenberg, Jodorowsky fundó la compañía Producciones Pánicas, junto con Roberto Viskin y López Moctezuma. El Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica (STIC) accedió trabajar con él, para lo cual tuvieron que emplear un truco: como dicho sindicato se dedicaba a la filmación de cortometrajes, aconsejaron al novel director dividir su película en cuatro partes, cada una con un título, haciéndola pasar como un filme de episodios. El truco funcionó.

Alejandro comenzó sin tener un guión, simplemente se basó en las experiencias de haber montado previamente la obra de Arrabal en dos ocasiones. Contrató a dos fotógrafos, Antonio Reynoso y Rafael Corkidi y a los mismos actores de su más reciente puesta en escena, Sergio Klainer y Diana Mariscal (la primera había sido con Beatriz Sheridan y Héctor Ortega, actualmente reclutados en telenovelas de Televisa en papeles de ínfima calidad).

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Fando y Lis se filmó de julio a diciembre de 1967 los fines de semana. Al año siguiente el director de Cinematografía Hiram García Borja, consideró que el filme debería incluirse en la Reseña… pero lo que no consideró fue el escándalo de grandes proporciones que provocó.

Cuando uno se pregunta de qué trata Fando y Lis no es nada fácil hablar de su argumento. Fando y Lis se dirigen a Tar, un lugar que el padre de él le describe cuando era niño, una especie de paraíso. Lis tiene que trasladarse en un carrito empujado por Fando, pues es paralítica, ambos llegan a una decadente reunión burguesa; mientras algunos se burlan de Lis por su defecto, Fando es humillado por varias mujeres que lo engañan para que bese a un hombre. Los dos continúan su camino, llegan a un panteón y juegan entre las tumbas. Posteriormente se encuentran con diversos personajes: un obispo y una mujer embarazada; hombres y mujeres revolcándose en el lodo; un trío de ancianas que juegan a las cartas apostando con duraznos en almíbar; un grupo de mujeres que atacan a Fando a latigazos y con bolas de boliche; un carnaval de travestíes que visten a Fando de mujer y a Lis de hombre; un ciego y un anciano que mendigan sangre… en fin, toda una serie de personas que representaban algo en específico: la burguesía, la iglesia, la sociedad, la tierra, la sexualidad, la monstruosidad.

Fando y Lis confrontan además sus traumas infantiles; él recuerda a su padre y a su madre, ésta última, una especie de bruja castrante y sobreprotectora que trata de alimentarlo en exceso con huevos cocidos para finalmente pedirle que la mate, Fando la obedece y la estrangula con su cabello. Por su parte, Lis rememora una ocasión en que fue violada. Más adelante, Fando la ayudará a exorcizar ese recuerdo haciéndola parir cerdos, literalmente.

Y es que en eso de llevar a cabo la premisa pánica de “todo exceso es genial”, Jodorowsky no se limitó, especialmente con Diana Mariscal, quien en su personificación de Lis tuvo que comerse enterita una flor, acostarse desnuda sobre una montaña de cráneos de reses en plena putrefacción, aguantar que un médico loco le sacara sangre con un jeringón para después bebérsela y ser arrastrada infinidad de veces por caminos pedregosos, sin contar el ser manoseada y besuqueada por el productor, por Rafael Corkidi y por ¡Juan José Arreola!, quien por cierto, ya hasta se quería casar con ella.

Las reacciones no se hicieron esperar tras la proyección de la película en Acapulco. El público, indignado, comenzó a gritar insultos a la pantalla y poco a poco fue abandonando el recinto hasta quedar sólo una quinta parte al final de la proyección. Una nota publicada en Excélsior acusaba al realizador de haber encauzado la cinta con el fin de provocar escándalo, “(…)acumulando porquería y ofensas a la dignidad del propio público, que no tenía otra cosa que protestar violentamente (…)una película negativa desde que empieza hasta que termina, porque tal fue el propósito de un hombre que no puede conformarse con lo natural, con la normalidad de las cosas…”.

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Los directores Servando González y Raúl de Anda pidieron se aplicara el Artículo 33 al chileno por considerarle “indeseable, extranjero y pornógrafo”. El Indio Fernández fue más allá, declaró que en cuanto lo viera lo iba a matar. Jodorowsky cuenta que ese mismo día tras salir escoltado del lugar en donde se presentó la película, se fue a su hotel, lugar el que se llevaba a cabo una habitual celebración nocturna. Al ver al Indio, le envió dos botellas de whisky y fue invitado a beberlas con el laureado director. Ya borracho, Fernández declaró a los diarios que en la próxima realización de Jodorowsky, él fungiría como asistente de director.

Fando y Lis pudo ser exhibida comercialmente hasta cinco años después de su realización en el cine Roble, durando en cartelera sólo cuatro semanas. El escándalo provocado en la Reseña de Acapulco ya se había olvidado y el filme pasó sin pena ni gloria por la pantalla de dicho cine.

Alejandro no fue expulsado del país, al contrario, filmaría aquí otras tres películas: El Topo (1969), La Montaña Sagrada (1974) y Santa Sangre (1989) y dos más en el extranjero: Tusk (1978) y The Rainbow Thief (1990). Entre sus proyectos frustrados se encuentran la adaptación de Dunas, realización que quedaría en manos de David Lynch, así como la de El Almuerzo Desnudo, de William S. Burroughs, con quien Jodorowsky incluso había comenzado a buscar locaciones; la novela fue finalmente llevada al cine por David Cronenberg.

Actualmente Jodorowsky vive en Francia y se ha dedicado al estudio y práctica de la psicomagia, la cual define como una ciencia curativa que emplea el lenguaje del inconsciente a través de actos físicos para provocar cambios en las vidas de las personas. También prepara la segunda parte de El Topo, la cual tentativamente se titularía Los Hijos del Topo.

El paso de Alejandro Jodoroswky por el cine mexicano, aunque efímero, dejó una lección importante tanto a los realizadores como al público: el no ser conformistas. Acostumbrados a tramas burdas y estereotipadas, de repente surge una película que es capaz de hacer reaccionar a todos los que la vieron, para bien o para mal. La interacción filme-público es algo que debe existir al ser el cine un arte y un lenguaje a la vez; por más que el establishment norteamericano nos quiera hacer creer que sólo se trata “de pasar un buen rato”.

FANDO Y LIS
Director y Productor: Alejandro Jodorowsky; Guión: Alejandro Jodorowsky, basado en la pieza teatral de Fernando Arrabal; Fotografía: Antonio Reynoso, Rafael Corkidi; Música: Pepe Ávila, Héctor Morelli, Mario Losúa; Edición: Fernando Suárez; Elenco: Sergio Klainer (Fando), Diana Mariscal (Lis), María Teresa Rivas (la madre), Antonio Reynoso, René Rebetez, Juan José Arreola, Rafael Corkidi, Alejandro Jodorowsky.
México, 1967, 95 min.

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