Lara Croft Tomb Raider: La Cuna de la Vida
Por: Marco González Ambriz
Hay mucha gente que se deja impresionar por la maquinaria publicitaria de Hollywood. Un gran sector del público no se cansa de repetir que el estreno más reciente “rompió todos los récords de taquilla en su primer fin de semana” o que “es la comedia más exitosa de esta temporada” como un niño de primaria memorizando la lista de los estados de la República. Esto contribuye a crear la imagen de Hollywood como una fábrica de éxitos monolítica y eterna.
Las frases antes mencionadas, que se incluyen en todos los anuncios que vemos en la tele y en las revistas, me hacen recordar algo muy diferente. Me traen a la mente a Lalo El Mimo en una sexycomedia llamada Las Computadoras, donde interpreta a un pretencioso actor de cine, en el momento en que su personaje le pide a un mesero “el champagne más caro y exclusivo de Huejotzingo”.
Esto lo digo porque si los publicistas al servicio de Hollywood dijeran toda la verdad tendrían que modificar los anuncios para que dijeran lo siguiente: “rompió todos los records de taquilla en su primer fin de semana pero en el segundo la venta de boletos bajó en un 60%” o tal vez “es la comedia más exitosa de esta temporada tomando en cuenta que en febrero se estrenan sólo las películas que los grandes estudios consideran un fracaso seguro”.
Dudo que esto llegue a suceder por dos razones: la primera es que los anuncios serían demasiado largos si se incluyera toda esa información y la segunda, y más importante, es que las compañías productoras de Hollywood son empresas públicas que deben hacer negocio para que sus accionistas no corran a patadas a los directivos.
Seguramente se preguntarán que tiene que ver todo eso con Tomb Raider 2 (la llamaré así para no repetir “Lara-Croft-Tomb-Raider-blabla”). La respuesta es muy sencilla. La primera parte no fue muy bien recibida por la crítica ni por el público, no obstante generó ganancias suficientes para orillar a la productora a filmar la secuela, aunque a ésta tampoco le fue muy bien al ser estrenada en Estados Unidos. Por su parte, Angelina Jolie tampoco ha demostrado ser un imán de taquilla, pero aparece en todas las revistas y programas de espectáculos como si lo fuera. La moraleja es que en Hollywood es más importante aparentar el éxito que conseguirlo.
La película inicia con Lara Croft, acompañada por su equipo de arqueólogos, mientras explora la tumba de Alejandro Magno, que ha sido descubierta en el Mediterráneo gracias a un terremoto. Tras encontrar una misteriosa esfera brillante son sorprendidos por miembros de la Mafia china, que eliminan a casi todos los integrantes del equipo (adivinen quién se salva) y se roban el objeto. Pronto descubrimos que se trata de la llave para abrir la Caja de Pandora, que es buscada por un traficante de armas llamado Jonathan Reis (Ciaran Hinds). Al parecer, la Caja de Pandora contiene una plaga que podría convertirse en el arma biológica más poderosa del mundo. Tal vez el plan de Reis era vendérsela a George W. Bush, por aquello de que le urge encontrar ese tipo de armas.
Acto seguido, el servicio secreto británico se presenta en la mansión de Croft para pedirle que encuentre la Caja de Pandora antes que Reis lo haga. Para conseguirlo, Croft recluta a uno de sus ex-novios, el famoso criminal Terry Sheridan (Gerard Butler), quien es la única persona capaz de infiltrarse en las organizaciones criminales chinas. Todo esto conduce a los protagonistas a una zona conocida como la Cuna de la Vida, una región africana donde está oculta la Caja de Pandora.
Como pueden ver, la narración es muy parecida a la del juego original, ya que está dividida en etapas en las que la heroína debe evadir trampas, derrotar a los malvados y encontrar objetos escondidos. Si a esto le añadimos las criaturas y la escenografía hechas con CGI, que parecen más falsas que una moneda de tres pesos, el espectador casi podría jurar que está en su casa jugando con el PlayStation y no en el cine. Lo malo de esto es que sólo sirve para recordarle al público que el juego es mucho más divertido que la película.
Enumerar todos los defectos de Tomb Raider 2 sería muy tardado por lo que sólo mencionaré algunos: las escenas de acción son aburridas y están mal hechas, con un uso constante de la cámara lenta, los diálogos son pésimos y la actuación de Angelina Jolie también deja mucho que desear. Es notable la falta de entusiasmo de la actriz. Los villanos no tienen personalidad, algo que James Bond jamás se hubiera permitido.
Para ser honesto, me da pereza seguir hablando de una película tan tediosa y mediocre, por lo que sólo mencionaré el defecto más grande de la cinta y que seguramente hará que los fans de Lara Croft le den la espalda: Angelina Jolie se pasa una buena parte de la película con una prenda que impide apreciar sus encantos, lo que significa que las dos poderosas razones que le dieron fama mundial al personaje quedan ocultas.
La recomendación es que en lugar de ir al cine a ver Lara Croft Tomb Raider: La Cuna de la Vida renten alguna del 007 o de Indiana Jones. Harrison Ford y Sean Connery no tienen los atributos de la Jolie, pero sus películas son más entretenidas.
LARA CROFT TOMB RAIDER: LA CUNA DE LA VIDA
(Lara Croft Tom Raider: The Cradle of Life)
Dirección: Jan De Bont; Guión: Dean Georgaris; Producción: Lawrence Gordon, Lloyd Levin; Fotografía: David Tattersall; Música: Alan Silvestri; Edición: Michael Kahn; Con: Angelina Jolie (Lara Croft), Gerard Butler (Terry Sheridan), Ciaran Hinds (Jonathan Reiss), Chris Barrie (Hillary), Noah Taylor (Bryce), Djimon Hounsou (Kosa)
Estados Unidos – Japón – Alemania – Reino Unido – Países Bajos, 2003, 130 min.
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