Por Marco González Ambriz

 

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Una de las mañas más comunes en el mundo del videohome es contratar actores de cierto renombre (Alfonso Zayas, Mario Almada) por dos o tres días de rodaje, desempeñando un papel secundario, y luego anunciarlos como si fueran la estre

lla de la película. La mayoría de las veces esto tiene como consecuencia que el espectador se sienta engañado al rentar o adquirir una película supuestamente protagonizada por Lalo El Mimo o Valentín Trujillo sólo para encontrarse con que la participación del actor es mínima.

También hay veces en que estas mismas limitaciones y marrullerías obligan a los realizadores de videohomes a encontrar formas ingeniosas de suplir las carencias de producción, lo que en ocasiones produce resultados inesperadamente buenos.

No sé si este sea el caso de Chavos de la Calle, pero la aparición de Miguel Angel Rodríguez hace pensar que la película difícilmente se va a apartar de la típica historia del heroico policía que arriesga su vida para proteger a los desamparados, en este caso niños de la calle, y cuando la trama se aleja de este camino el resultado es una agradable sorpresa.

La historia es la siguiente: Rosendo (Miguel Angel Rodríguez) se parte el lomo trabajando como machetero para ayudar a su hermana Carmen (Gabrielle Baez) y a sus sobrinos Jorge (Gibran González) y Lucía (Yesenia Spezzia). Carmen, que es viuda, cohabita con el briago y desobligado Pedro (Gerardo Zepeda), que además de maltratar a su mujer anda queriendo desquintar a Lucía. La situación se vuelve insostenible cuando Rosendo encara a Pedro y lo corre de la casa, harto del cinismo del tipo. Todo parece indicar que Rosendo será el héroe que salvará a todos de la desgracia, pero no, lo que sucede es que Pedro ataca a Chendo con un palo cuando éste duerme, con lo que le amuela la espalda y lo deja inutilizado durante el resto de la cinta. Lo primero que se le ocurre a su atribulada familia es llevarlo con un huesero, que lo deja peor, hasta que no les queda más remedio que llevarlo a un sanatorio, a pesar de su falta de recursos.

Esto deja a los otros integrantes de la familia inermes ante la tragedia que se avecina. Aquí la historia se bifurca: por una parte cuenta los esfuerzos de Lucía por evitar ser violada por su padrastro y también narra la descarnada historia de amor de Jorge y la prostituta María (Irene Arcila). Los diferentes personajes se presentan en los primeros diez minutos de la cinta, tras un montaje con perros entre basura, niños lombricientos y cascajo por todas partes, sin pavimento ni servicios públicos. Chavos de la Calle fue filmada en su totalidad en el Bordo de Xochiaca, con lo que la autenticidad de las locaciones está garantizada.

En cierto modo, Chavos de la Calle retoma una de las tradiciones del cine mexicano, que es retratar la vida del arrabal. Desde la Época de Oro con Nosotros los Pobres o Los Olvidados hasta la injustamente despreciada década de los 80 con Ratas de la Ciudad y La Banda de los Panchitos, el cine popular hecho en México siempre se ha encargado de reflejar las condiciones de vida de los más pobres, de una manera que los risibles esfuerzos del “nuevo cine mexicano” no han podido igualar, llámese Perfume de Violadas o ¿Cómo Ves?.

Cabe señalar que uno de los mayores aciertos de la película, y de la fotografía de Eugenio Cañas en particular, es no maquillar la miseria, como sucedia en varias producciones mexicanas de antaño, donde todo era tan bonito y tan folclórico que hasta daban ganas de vivir en una casa de lámina. Aparte de esto, la fotografía también es notable por su calidad. Ni parece videohome.

Tampoco se intenta ofrecer un mensaje positivo, dando a entender que trabajando mucho y echándole ganas a la escuela los personajes pueden salir adelante. Esto es algo que el mismo Buñuel tuvo que incluir en Los Olvidados para apaciguar a las buenas conciencias de aquella época. Aquí parece no haber salida, en la película se incluyen varios tiempos muertos que sirven para reforzar esta sensación de claustrofobia. En ningún momento aparece una trabajadora social o un funcionario del gobierno local para redimir a los jodidos y ayudarlos a escapar de su triste situación. De hecho, las autoridades brillan por su ausencia. La justicia se administra por propia mano, con tubos y cuchillos, y es tan brutal como podría imaginarse, hasta desembocar en una muerte que también recuerda a la obra de Buñuel.

En general las actuaciones son buenas pero hay una interpretación que resulta realmente memorable. Me refiero a la actuación de Gerardo Zepeda, el mismo que le hiciera la vida de cuadritos al Santo en más de una ocasión, en el papel del alcohólico Pedro. En el mejor papel de su carrera, el actor le da vida a un villano realmente despreciable, pero no por eso menos patético, y hasta gracioso cuando tiene que echarle mentiras a su esposa, inventando que Laura fue la que trató de seducirlo y que él hasta tuvo que salir corriendo.

Por supuesto que la historia se presta para las escenas dramáticas y se incluyen muchas escenas de llanto y confrontaciones entre los diferentes miembros de la familia, lo que puede llegar a ser cansado. El mismo director ha dicho que quiso hacer una versión moderna de Nosotros los Pobres y se la creyó. Sirva esto como advertencia para los que no soportan el melodrama. De cualquier manera, Chavos de la Calle es un ejemplo muy rescatable de lo que se está haciendo en videohome, donde no todo son narcos vengativos.

CHAVOS DE LA CALLE
Dirección: Christian González; Argumento: Javier Durán Escalona; Producción: Felipe Pérez Arroyo; Fotografía: Eugenio Cañas; Música: Víctor Peña; Edición: Bernardo Larraguivel; Con: Miguel Angel Rodríguez (Rosendo), Gerardo Zepeda El Chiquilín (Pedro), Yesenia Spezzia (Lucía), Gibran González (Jorge), Gabrielle Baez (Carmen), Irene Arcila (María), Carlos Pérez (El Pollo), Conrado Mercado (padrote), Gerardo Vigil (Febronio), Mariano Zayas (Roñas).
México, 2001, 93 min.