Alas de Sobrevivencia
Por: Montgomery Guillaume Frankenheimer van der Beck
Cuando a las pantallas comerciales de nuestro país llega una propuesta como Alas de Sobrevivencia (Le Peuple Migrateur), su tiempo de permanencia en la cartelera es, tristemente, demasiado corto. De entrada, el tratarse de un documental, ya le implica una desventaja de frente a un público que aun tiene en mente la palabra “documental” como sinónimo de “película aburrida”.
Como antecedente para presentar esta película, debemos precisar que se trata de una obra dirigida por el documentalista francés Jacques Perrin, recordado en México por ser el director de Microcosmos, una soberbia muestra del grado de refinamiento que un filme documental puede llegar a alcanzar.
En aquel filme se adentraba con una mirada renovadora al mundo de los insectos, cuando hizo de su filme no un trabajo de pretensiones científicas, sino todo lo contrario, buscó -y logró, cabe decir- presentar la cotidianidad de un mundo desconocido por los seres humanos, pero que sin embargo forma parte de un todo que es la naturaleza del planeta Tierra.
Para está nueva incursión en el mundo animal por medio del documental fílmico, Perrín no pierde esa capacidad de asombro que como director se esfuerza en hacer extensivo hacia su público, y esta vez sitúa su objeto de estudio en la cara opuesta del planeta que presentó en Microcosmos, centrándose ahora en el cielo y las distintas aves que lo surcan año tras año en la temporada de éxodo hacia el ártico.
Alas de Sobrevivencia da cuenta de cómo cada especie de ave debe de encontrar el punto exacto del planeta para preservar a su especie y el esfuerzo que significa cruzar el planeta volando miles de kilómetros para llegar a él, enfrentando desde contratiempos climatológicos hasta las balas de cazadores humanos, sin contar a los demás depredadores naturales.
Perrin y su gigantesca tropa de filmación (más de 450 personas incluidos camarógrafos y pilotos) se pasearon por distintas partes del mundo por un periodo cercano a los tres años para capturar un material de belleza inaudita, que eleva a este filme por encima de un simple documento ornitológico.
Realizada mayormente a través de majestuosas tomas aéreas, la película cumple con una de las más grandes fantasías del hombre: volar. Las cámaras siguen a las especies en sus vuelos migratorios justo a su lado, por lo que el punto de vista del espectador es casi el propio del ave. El público, podría decirse, está viendo lo mismo que cada una de ellas, fantasía que se acrecienta con una banda sonora que realza la majestuosidad del horizonte, la sabiduría de la naturaleza y la lucha épica por sobrevivir.
Es justamente esa banda sonora la que se mezcla con un sorprendente trabajo de edición de material en el que se observan rituales propios de cada pájaro, movimientos que debidamente musicalizados dan la sensación de ballets con coreografías de sincronización perfecta.
Durante todo el tiempo de duración, las participaciones de la voz narradora son mínimas, sirviendo para hacer hincapié en detalles o eventos propios de la migración, que redondean la información técnica del ave que aparece a cuadro y que indica su nombre científico, la distancia y la ruta de su viaje.
El minimizar las apariciones de un guía sirve para distanciar este trabajo de muchos otros documentales didácticos de, por ejemplo, National Geographic, pues a diferencia de éstos, donde la estrella es el conductor o el zootecnista, en Alas de Sobrevivencia, son las propias aves las encargadas de presentarse a sí mismas y contarnos su lucha cíclica por pertenecer a este mundo que los humanos se empeñan en materializar, olvidando levantar la mirada de vez en cuando para deleitarse con la belleza de las criaturas que surcan los cielos.
ALAS DE SOBREVIVENCIA
(Le Peuple Migrateur)
Dirección: Jacques Perrin; Guión: Stéphane Durand y Jacques Perrin; Producción: Christophe Barratier y Jacques Perrin; Fotografía: Michael Benjamin, Sylvie Carcedo-Dréjou, Laurent Charbonnier Gentil, Bernard Lutic, Thierre Machado, Stéphane Martin, Fabrice Moindrot, Ernst Sasse, Michael Terrasse y Thierre Thomas; Música: Bruno Coulais; Edición: Marie-Josèphe Yoyotte.
Francia-Alemania-Italia-España-Suiza, 2001, 89 mins
Participaciones: Premio César 2002 por Mejor Edición, Francia; Nominación al Premio Oscar 2003 por Mejor Documental, Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas, Hollywood, Estados Unidos.
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